Prestar atención para avanzar

La actividad diaria nos da poco margen para reflexionar y analizar los escenarios con frialdad. Cada día practicamos menos las puestas en común, la confrontación pausada de criterios dispares, incluso casi están desaparecidas de nuestra rutina las largas sobremesas. Nos hemos convertido en una especie de contenedor en el que acumulamos ideas y proyectos que unas veces desarrollamos y otras no, pero de las que no sabemos si son bien recibidas o rechazadas por la sociedad a la que gobernamos.

Esto supone una rémora que debemos atajar, más si cabe en campaña (o pre campaña) electoral. Los que de una forma u otra participamos directamente en la vida política tenemos muy claros los avances, medidas y acciones que hemos desarrollado desde los respectivos ámbitos, pero ese conocimiento de la labor realizada no se extiende a la generalidad de las personas. Es más, desde nuestra visión totalmente subjetiva tendemos a defender nuestro trabajo como si la firmeza en realizarlo de la forma más satisfactoria posible fuera no una voluntad, si no más bien el resultado y en algunas ocasiones no lo es.

Pero ¿cómo saberlo si no cotejamos y enfrentamos opiniones? Obviamente seria inasumible una gestión en la que a cada paso tuviéramos que consensuar con por ejemplo un referéndum cualquier medida a desarrollar, pero además del diálogo con otras fuerzas políticas, referentes sindicales, empresariales, asociaciones, etc.. yo quiero hoy reivindicar desde estas líneas la conversación y/o reflexión con allegados (o no) de cada uno de los que formamos parte del enjambre institucional.

Uno puede desgañitarse a explicar a través de los nuevos y “viejos” medios de comunicación todo cuanto ha hecho o está dispuesto a hacer en pro de los avances y por la ciudadanía, pero  como se siente a reflexionar un rato en cualquier tertulia espontanea en la parada del bus o tomando el café por la mañana, se puede encontrar con más de una sorpresa. ¿Porqué? Pues simplemente porque la ciudadanía asume como obligación del político todo cuanto este hace y que personalmente le beneficia y como una falta imperdonable aquello que vaya en detrimento de su status o le cause alguna distorsión. Y es en esa reflexión pausada, puesta en común o confrontación de criterios dispares, donde podemos y debemos insistir para tener un dibujo de la situación que se acerque más a la realidad.

Lo contrario en mi opinión es un tremendo error porque en demasiadas ocasiones no somos capaces que ver más allá de lo que nuestro entorno más cercano nos dibuja. Esa es solo nuestra realidad y para que la ciudadanía valore si darnos o no su confianza con el voto debemos acercarnos lo máximo posible a todas las realidades, que son muchas y diversas.

Esta campaña electoral tiene que ser diferente. Su prolongada duración nos tiene que permitir no solo “vender” la buena gestión del PSPV- PSOE en Consell y Ayuntamientos y los grandes avances que ha supuesto el Gobierno Central para la ciudadanía, esta campaña nos debe acercar más a las realidades individuales de las personas. Un voto no siempre persigue obtener un rédito personal, un voto es un gesto de confianza que bien vale una conversación que contenga críticas, estas siempre mejoran las decisiones y enriquecen los proyectos.

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