La prostitución, el debate pendiente

“Nos preocupa el coronavirus, pero estamos encerradas y no podemos comer”. Leí hace unos días esta frase en una noticia publicada en prensa. La pronunciaba María José Barrera, miembro del Colectivo Prostitutas de Sevilla, que narraba una de tantas historias desgarradoras que lamentablemente conocemos a causa de la crisis sin precedentes que nos está golpeando. Las redes de trata de mujeres y niñas y las personas que ejercen la prostitución existen y requerían y demandaban también el apoyo de las administraciones para afrontar y superar la pandemia. No podíamos olvidarlas.

María José es el rostro de tantas mujeres que, como ella, luchan por sobrevivir. Como tantas otras permanece en un intrincado limbo, circunstancias irregulares que no podían acceder a las ayudas y prestaciones que se están habilitando. Según explica ella misma “el colectivo vive dos situaciones: o son expulsadas de los clubes donde ejercen o son encerradas en ellos, donde su deuda crece cada día que pasa”. En los casos de mujeres inmigrantes sin papeles la situación se agrava aún más. Con síntomas o no viven con el miedo de acudir a los servicios sanitarios por temor a ser deportadas. Ahora, cada una de ellas intenta subsistir en un complejo entramado salpicado por el contexto de aislamiento social y miedo al contagio. La falta de ingresos desde el inicio del brote en España ha convertido su día a día en una batalla por sobrevivir.

Puede que llegados a este punto de la historia, usted piense que esta crisis está afectando a todos los colectivos, sin excepción. Y tiene razón. Nadie se escapa a la emergencia que ha frenado el mundo de golpe, al cierre de empresas de sectores no esenciales, a la caída de ingresos –si es que es autónomo o su empresa ha hecho un ERTE- y al temor humano a que este episodio se prolongue más allá de lo esperado. Pero la condición de víctimas de la trata y las prostitutas las ha convertido además en heridas invisibles de la crisis sanitaria.

Por desgracia esa sensibilidad social de la que muchos presumen y más si cabe en situaciones extremas como la actual sigue sin querer reconocer una realidad que no vive en las redes sociales pero existe, seguramente por la defensa callada de muchos interés económicos y desalmados personajillos que curiosamente mantienen impoluta su imagen. 

No es fácil abordar con sinceridad una situación que continúa siendo tabú, pero una muestra más del compromiso del Gobierno de Pedro Sánchez con las personas es que el plan de contingencia contra la violencia de género ante la Covid-19 se amplió  hace unos días para acoger la protección a las víctimas de trata y la explotación sexual.

El Consejo de Ministros del martes 21 incluyó en sus ayudas a esas mujeres que viven situaciones de extrema vulnerabilidad para que puedan acceder al ingreso mínimo vital. La garantía para garantizarles las condiciones mínimas de subsistencia a aquellas personas que viven en contextos de aislamiento social y sin apenas redes de apoyo, refuerzo de asistencia, soluciones habitacionales y medidas adicionales de protección social, son algunas de las medidas contempladas.

El drama de la prostitución aflora ahora con mayor fuerza en un contexto que, como digo, ha golpeado con dureza a los colectivos más vulnerables y vuelve a poner sobre la mesa la extrema precariedad en la que se encuentran estas mujeres que, en demasiados casos, viven a merced de sus explotadores. La consecuencia de esta situación es que, si en condiciones de normalidad las prostitutas viven al margen del sistema, ahora también puede ser obligadas a ejercer burlando las medidas que impone la excepcionalidad. Desde el pasado martes las mujeres víctimas de trata y las prostitutas están un poco más protegidas gracias a un gobierno para el que “no vamos a dejar a nadie atrás” es mucho más que una frase, es un compromiso.

Las situaciones a las que se enfrentan estas mujeres nos describen hasta qué punto sufren la vulnerabilidad y el desamparo. No debemos olvidar que la explotación sexual y la prostitución son parte de una misma estructura de violencia y dominación, que tiene sus raíces en la desigualdad estructural entre hombres y mujeres. Desde el PSOE siempre hemos defendido que la explotación de mujeres es una forma extrema de violencia y la demanda de prostitución como la causa que genera la trata. Es decir, no se puede desligar la trata de la prostitución. La explotación de mujeres es incompatible con una sociedad igualitaria. Por ello, es nuestro deber seguir trabajandopara poner en marcha políticas públicas orientadas a combatir la trata, perseguir a los proxenetas, eliminar la demanda y facilitar la recuperación integral de las víctimas.

Nuestra única posición posible ante la prostitución es su abolición, y lo es por compromiso con los Derechos Humanos. Situaciones como la que vivimos actualmente pone aún más de manifiesto que es una de las cuestiones que debemos resolver sin demora. Que debemos superar los tabúes y abordar esta como otra de esas realidades de las que nadie quiere hablar. Debemos acabar con un negocio que es tan nocivo como el tráfico de drogas, por ponerles un ejemplo.

En definitiva, los poderes públicos debemos seguir luchando por lograr una sociedad más justa, que no deje a nadie descolgado del estado de bienestar, que corrija desigualdades y que aproveche este momento de crisis para poner en el foco la acuciante necesidad de resolver la situación de colectivos que no pueden ser invisibles y que merecen una respuesta coordinada de las instituciones y de la sociedad. Erradicar la prostitución y la trata de mujeres y niñas sigue siendo uno de nuestros objetivos para lograr la plena igualdad. Nadie dice que sea una tarea fácil, pero estoy convencida de que la política es el mejor instrumento para alcanzar una sociedad más justa para todas y todos, sin excepción.

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