Salud Sexual en tiempos de amor líquido

Que la sexualidad es inherente a todo ser humano es una afirmación que difícilmente puede ser negada. La ciencia así lo avala y esta afirmación se ha mantenido a lo largo del tiempo. Sin embargo, son escasos los aspectos vinculados a la sexualidad que se mantienen intactos y esto se debe a múltiples razones relacionadas con la cultura, economía, sociología o el contexto en el que vivimos. Una de estas cuestiones es precisamente la salud sexual. 

La salud sexual y reproductiva, tal como se define actualmente, tuvo su origen en la “Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de Naciones Unidas” (CIPD), que se celebró en El Cairo el año 1994. Sus primeros estudios vienen derivados de un parto primerizo, largo y doloroso que llevó a las autoridades internacionales a reflexionar sobre este aspecto. Este logro fue el fruto del trabajo de los movimientos feministas que reivindicaron durante décadas los derechos sexuales, constantemente olvidados.

El concepto de Salud Sexual y Reproductiva es definido por el Fondo de Población de Naciones Unidas como un “enfoque integral para analizar y responder a las necesidades de hombres y mujeres respecto a la sexualidad y la reproducción”. Hombres y mujeres con total independencia de su sexo, edad, raza o capacidades intelectuales, porque lo único que les diferencia es su forma de vivirla. A priori esta idea puede parecer de lo más sencilla, pero lo cierto es que todavía hay un trabajo colectivo por romper estereotipos vinculados al sexo y también a la salud sexual.

En un contexto de amor líquido como decía el sociólogo Zygmunt Bauman, (marcado por la rapidez e inmediatez,) en el que han surgido nuevos esquemas de las relaciones afectivo-amorosas,  la transmisión de valores vinculados a la sexualidad adquiere mayor grado de importancia. La toma individual de decisiones o la capacidad de las personas para detectar contextos referidos a la violencia sexual, discriminación o coerciones debe ser un síntoma inequívoco de una sociedad avanzada.

En este mismo contexto, en el que la sexualidad ha dejado de ser un tabú y se ha visibilizado, debemos detectar también posibles consecuencias negativas como la proyección de esquemas de relaciones, muy alejadas de la realidad y que pueden generan falsas expectativas, frustración o incluso escenificación de la violencia.

Es cierto que hemos alcanzado importantes metas en este campo, pero no debemos olvidar que la educación es clave, como también lo son el desarrollo de políticas públicas o las campañas de sensibilización.  La intervención educativa y social tiene un papel fundamental para derribar estereotipos o comportamientos que pueden derivar en violencia machista. En este sentido, la educación afectivosexual en la adolescencia, período en el que comienzan estas experiencias, es crucial para promover relaciones sanas basadas en apegos saludables.

Debemos cambiar nuestra óptica y desterrar el enfoque único de educar sobre los riesgos de las enfermedades de transmisión sexual o los embarazos no deseados. Estas son, sin ningún género de duda, cuestiones importantes. Pero también lo es la salud integral de nuestras futuras generaciones. Esa salud, la que implica aspectos conductuales y cognitivos sobre relaciones afectivas saludables, es el complemento necesario a las prácticas responsables.

Hemos avanzado mucho y todo ello gracias a la consecución de derechos, casi todos alcanzados con la ayuda de gobiernos socialistas. Hace no tanto tiempo, la sexualidad se consideraba una práctica heteronormativa. Ahora ya no lo es, si bien la sexualidad cada vez está más aceptada entre personas del mismo sexo, no lo está entre otros colectivos como transexuales, intrasexuales etc.

Desde el PSOE somos conscientes de estas realidades. Pero también sabemos que debemos avanzar en una democracia que nos dé respuestas a las nuevas necesidades de nuestra sociedad. En una auténtica democracia, hombres y mujeres deben contar con derechos iguales y además, poder ejercerlos y hacerlos efectivos de igual modo. Para ello, la seguridad y la libertad, para la que es indispensable la autonomía, son los ejes fundamentales del ejercicio de la ciudadanía plena.

Una sociedad moderna y avanzada demanda que los derechos sexuales y reproductivos, aquellos que garantizan la salud sexual, sean una prioridad para conseguir una mayor igualdad y contribuyan a paliar enfermedades, casos de violencia de género, embarazos no deseados, bullying o acoso, LGTBIfobia y, en definitiva, todo tipo de discriminaciòn. Protegiendo los derechos de salud sexual y reproductiva, con énfasis en la seguridad y dignidad, y, evitando perpetuar normas de género dañinas, discriminatorias y desiguales con las mujeres.

Como hoy recuerda nuestro manifiesto, los y las socialistas estamos comprometidos con el desarrollo de las políticas de Salud Sexual y los Derechos Sexuales por la dimensión activa para el bienestar de las personas que supone. Con la aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y con la elaboración de la Estrategia Nacional de Salud Sexual en el marco de la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del SNS.

Por ello, es nuestro deber difundir en este día el modelo integrador de promoción de la salud integral en general y salud sexual en particular, entendiendo ambas como indispensables para la consecución del bienestar y la calidad de vida de todas las personas.

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