Feminismo de tod@s para reivindicar que somos imprescindibles e imparables

En pleno siglo XXI sigue pesando en la sociedad un viejo poso que relaciona el feminismo con un movimiento exclusivamente de mujeres, pero cada vez más hombres se suman a la lucha por trasladar la igualdad legal conseguida a la realidad del mundo. Este 8 de marzo quisiera incidir en la complicidad cada día más extendida de la suma de los hombres al movimiento feminista. ONU Mujeres ha anunciado que el lema para el Día Internacional de las Mujeres es Mujeres líderes: Por un futuro igualitario en el mundo de la Covid-19”. El objetivo de esta jornada es reivindicar los enormes esfuerzos que realizan mujeres y niñas en todo el mundo para forjar un futuro más igualitario y recuperarse de la pandemia de la COVID-19. Y para ello queremos contar también con la otra mitad de la población que son los hombres.

Un año después del inicio de la pandemia, se ha corroborado que las mujeres somos las más afectadas por esta crisis sanitaria. La corresponsabilidad, el teletrabajo, los números de los ERTE o las cifras del paro han sido solo algunas de las consecuencias. Nuestra manera de vivir y trabajar también ha cambiado de manera drástica. Según una investigación de la consultora Deloitte Global realizada 400 mujeres profesionales a nivel mundial, la COVID-19 ha impactado con fuerza en la vida laboral y personal de las mujeres. De hecho, el 70% de las encuestadas se preocupa por el futuro de sus carreras.javascript:false

Pero lejos del sobreesfuerzo que están realizando las mujeres como consecuencia de la pandemia, también sigue existiendo la prostitución o la trata con fines de explotación sexual y la violencia machista. Según expertos del Consejo de Derechos Humanos, las cuarentenas, el cierre de centros escolares y las diferentes medidas que han restringido el movimiento para frenar la propagación de la COVID-19 han contribuido al acusado aumento de la violencia machista.

Como ejemplo, recientemente hemos conocido que Valencia sigue viendo crecer sus datos sobre violencia de género desde el inicio de la pandemia. Esta representa el 65% de las detenciones que ha realizado la Policía Local de la ciudad en el último año. Un porcentaje que en 2020 se situaba en el 45%, según la última memoria elaborada por el grupo GAMA, que protege actualmente a 600 mujeres. Mientras, la Comunitat Valenciana fue segunda en víctimas de violencia de género por cada 10.000 mujeres en el tercer trimestre de 2020, con un registro de 23,5, según los datos del informe trimestral del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género.

Como vemos, la incidencia de la COVID-19 sí entiende de géneros en todas sus dimensiones. Una situación que en numerosos casos no ha hecho más que agravar algunos problemas que arrastra nuestra sociedad, contra los que seguimos trabajando para alcanzar la plena igualdad.

Es cierto que en los últimos años se ha avanzado en materia de igualdad gracias a las políticas progresistas, pero aún queda un largo camino por recorrer. Hace pocas semanas, en el Día de la Igualdad Salarial, un estudio revelaba que las mujeres valencianas cobran 5.300 euros menos que los hombres. Una cifra devastadora que apunta a la necesidad de acometer entre todos y todas la brecha salarial. Para ello, es importante acabar con los roles de género vinculados al trabajo.

Todavía existen estereotipos y trabajos masculinizados y feminizados, estos últimos ligados normalmente al cuidado de personas, al hogar, limpieza o puestos de cajeras en supermercados. Precisamente, sectores que han sido fundamentales durante la pandemia pero que sin embargo, el valor que socialmente se le otorga es menor. Nada casual. Del mismo modo, el porcentaje de mujeres en puestos de responsabilidad es sustancialmente menor al de los hombres. No cabe duda que este es un problema social, fruto de factores estructurales e históricos que arrastramos y que requiere solución. Integrar la perspectiva de género en el ámbito laboral es fundamental pero su aplicación se debe extender también a otros todos los ámbitos de la sociedad.

Para ello, debemos romper con las viejas reglas del juego y acabar con realidades tan injustas como que los hombres han ganado más dinero trabajando lo mismo, han accedido con más facilidad a puestos de relevancia o han sufrido infinitamente menos violencia que las mujeres. Por ello, nuestra intención -como decía al inicio- es implicar al máximo a los hombres en esta lucha. Por qué el sexismo no acabará hasta que dejemos de considerar el feminismo como una posición política, más que como una cuestión de género.

Como mujer y como socialista mi objetivo es luchar con mis compañeras y compañeros contra estas lacras y que el feminismo llegue a ejercer sobre la sociedad toda su capacidad transformadora para lograr una igualdad plena en la que el feminismo, entendido como hasta ahora, ya no tenga objeto de serlo ni para hombres ni para mujeres. El primer paso es el reconocimiento general de que las mujeres somos imprescindibles en la sociedad e imparables en nuestras reivindicaciones.

Las y los socialistas nos sumamos un año más a este compromiso social, pero este año lo hacemos con un llamamiento a la responsabilidad.

La pandemia también nos lleva a modificar nuestras formas de reivindicar este día tan importante para todas y todos. Trabajar por la plena igualdad de las mujeres es un acto que se debe y se puede realizar todos los días sin necesidad de celebrar eventos que en el actual contexto pueden generar un riesgo. Por coherencia con los grandes sacrificios que estamos realizando durante estos meses, debemos apelar al sentido común para que prevalezca la seguridad y la salud de la ciudadanía.

Todas y todos somos aliados y activistas que luchamos por una sociedad justa e igualitaria, que trabajamos por erradicar la violencia de género, acabar con el desempleo, ahondar en debates como la identidad de género, rechazar la mercantilización del cuerpo de la mujer con la mal llamada “maternidad subrogada”, abolir la prostitución, conseguir la igualdad salarial, visibilizar la sororidad, establecer una agenda compartida… Pero, sobre todo, huir de la polarización para alcanzar un feminismo inclusivo, que abrace a toda la sociedad de manera más flexible y transversal.

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