¿Memoria en el currículum o responsabilidad simétrica?

Hablar de desmemoria histórica se ha convertido durante demasiados años en el gran síntoma del trauma colectivo que la Guerra y la dictadura infringieron a nuestro país. El miedo al pasado nos sumió en un agujero educativo consciente y cómplice que ha llevado a todas nuestras generaciones al más absoluto desconocimiento de su pasado más reciente. Una historia silenciada o contada a través de un relato equidistante del que, en más ocasiones de las que quisiéramos, los libros de texto y hasta el propio profesorado han pasado de puntillas.

Para corregir esta disfunción, el sistema educativo español incluirá entre sus fines el conocimiento de la historia, de la memoria democrática española y la lucha por los valores y libertades democráticas. Ya en la Ley 14/2017 de Memoria Democrática y por la Convivencia de la Comunitat Valenciana, se incluyó la necesidad de que la materia se introdujera en todas las etapas de la enseñanza obligatoria. También el nuevo proyecto de Ley de Memoria Democrática urge iniciar la formación del profesorado para que, una vez aprobada la futura ley, se pueda implementar la asignatura en todos los niveles educativos. Solo así, las generaciones que hoy se forman en las aulas y las que vendrán después, podrán incluir en su currículum escolar la Memoria Democrática como parte de su formación en valores cívicos constitucionales democráticos y en el conocimiento de la historia de nuestra democracia.

Pero esta es una necesidad que se revela demasiado urgente como para seguir esperando. Debemos avanzar sin demora. Consideramos imperativa la petición de docentes e historiadores de toda España para incluir la asignatura de Memoria Histórica en el currículum escolar para el próximo periodo académico y para su consecución también es fundamental que en la formación inicial y permanente de todo el profesorado se incluya actualización científica, didáctica y pedagógica en relación con el tratamiento escolar de la memoria histórica democrática de forma transversal. También debemos garantizar que se impulse conjuntamente el derecho a la verdad y la no repetición para prevenir la reaparición del fascismo.

De Greiff explicaba cómo algunos libros de texto continuaban refiriéndose a la Guerra de España en términos genéricos perpetuando la idea de una responsabilidad simétrica entre los dos bandos del conflicto. Otros libros todavía hablan de alzamiento para referirse a Golpe de Estado. Estos signos ofrecen al alumnado una lectura equívoca y fragmentada que puede conducir a obviar el verdadero significado de conceptos como represión o franquismo o incluso a desconocer las causas exactas de la contienda.

Es fundamental por tanto categorizar la memoria democrática como asignatura, dotarla de recursos y herramientas que contribuyan a escuelas e institutos a generar una reflexión reposada y una capacidad crítica del alumnado. Y esto se vuelve especialmente trascendental en el contexto actual donde la derecha ha encontrado en los millennials un nicho de votantes. Una ultraderecha cuyos discursos censuran la memoria democrática y en ocasiones deslizan tintes de querer defender uno de los episodios más crueles de nuestra historia reciente como lo fue el franquismo. Estos discursos son generalmente compartidos en las redes sociales, lugar de referencia y encuentro de estas generaciones y aquí, en esta guarida, se corre el riesgo de caer en la peligrosa corriente de la espiral del silencio donde el sujeto, se suma a la opinión mayoritaria sin cuestionarla, lo que contribuye a su crecimiento y consolidación.

Ante esto, surge la necesidad de formar jóvenes que sí que cuestionen aquello que en ocasiones se les presenta como válido. Especialmente, en este mundo hiperconectado e infoxicado donde cuesta discernir entre la verdad y la mentira. Necesitamos, por tanto, que nuestras escuelas se conviertan en la institución garante de la verdad. La encargada de desarrollar de forma clara y sin falsas equidistancias los cuarenta años de represión de la dictadura franquista así como la lucha antifranquista que se mantuvo frente a ella hasta los años 70. Es preciso revisar los libros de texto escolares y los materiales curriculares que se utilizan para que incluyan contenidos ahora invisibilizados o silenciados con expresiones genéricas que ocultan, más que aclaran, lo que parece no quererse abordar de forma clara y decidida.

Y el trasfondo de todo lo citado anteriormente, no persigue el sobresaliente académico en materia de Historia de España. Persigue la excelencia en tolerancia, en justicia, en reparación a través del conocimiento. Pero por encima de todo, persigue que nuestra historia no se vuelva a repetir. 

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