Ser, estar y decidir

Cuando a inicios del siglo pasado las sufragistas propugnaban la necesidad de que las mujeres participaran en las decisiones a través del voto en los diferentes comicios, abrían el camino a la universalización del poder. Todas las personas bajo un régimen democrático deben tener la capacidad para decidir quien o quienes son elegidos para regir sus destinos. Esta premisa está hoy superada en sus afirmaciones. Pero no todo está conseguido y tenemos ejemplos diariamente de ello. Dicen los liberales que hablar constantemente de igualdad, de perspectiva de género, de discriminación de las mujeres… provoca la desafección de quienes defienden que la igualdad ya es plena en nuestra sociedad. Es posible, no estoy en posesión de la verdad absoluta de todas las realidades, pero sin levantar excesivas estridencias sí me gustaría que se fijaran en algunos tics que sobreviven y valoren hasta qué punto los consideran actitudes inocuas, resultado de la pervivencia de una cultura caduca que desaparecerá sin que requiera denuncia o por el contrario son una barrera a combatir y superar de forma inmediata.

Estos días se habla y mucho de la negativa de una Cofradía de Sagunt a incorporar a mujeres entre sus cofrades. Una decisión tomada tras una votación en la que la mayoría ha desestimado la propuesta. Pero hay un dato que siempre me llama mucho la atención. La decisión la han tomado solo hombres. De los 2.000 cófrades (todos hombres) inscritos a la votación finalmente sólo participaron 374 y de ellos 239 votaron negativamente. El 64% de los participantes dijeron no a la entrada de mujeres. Solo 125 votaron a favor y 10 hombres se abstuvieron.

Y ahí es donde hoy quisiera llegar porque no es un caso aislado. He defendido en muchas ocasiones que la igualdad entre mujeres y hombres no será plena hasta que nosotras formemos parte también de quienes toman las decisiones, porque las leyes obligan a los organismos públicos a que la representatividad sea plural, con hombres y mujeres, pero hoy eso ya no es suficiente ni válido. Somos el 52% de la población y sí, estamos, pero estamos cuando ellos deciden que estemos y ser y estar no es decidir quién está.

Ese es el principal cambio que desde mi punto de vista hay que provocar. Y entiéndanme el poder de las mujeres no puede ser visto como un detrimento del poder de los hombres, todo lo contrario. El poder decidir entre todos agranda la posibilidad de mejorar las decisiones, abunda en que estas sean fruto de la pluralidad de visiones y sobre todo propicia que todas las acciones vayan mejor encaminadas a responder a las necesidades sociales, económicas y políticas.

Los hombres son nuestros principales aliados para que la sociedad entienda y responda a la consecución de una igualdad plena y real, porque estar estamos todos y todas pero decidir en la mayoría de las ocasiones siguen decidiendo ellos. Y mientras se den casos como el de los cofrades de Sagunt en nuestra sociedad no existirá la igualdad plena. 

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