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Caballero propone la suspensión de la campaña y el aplazamiento de las primarias

“Como madre y como ser humano no concibo la celebración de un proceso que representa la fiesta de la democracia”

La candidata a revalidar la secretaría general del PSPV-PSOE de la provincia de València,Mercedes Caballero, ha propuesto hoy al comité de Ética y Garantías del PSPV-PSOE la suspensión de los actos de campaña de primarias previstos durante toda esta semana y el aplazamiento de las votaciones del próximo domingo 16 de enero.

Caballero ha manifestado que, tras conocer la muerte de la segunda menor de Mislata, “como madre y como ser humano no puedo concebir continuar con una campaña que se ha visto empañada por una gran desgracia”.  La dirigente socialista ha remarcado que “por respeto a la pérdida que han sufrido las dos familias creo que debemos aplazar este proceso de primarias, que es sinónimo de fiesta para todas y todos los demócratas que militamos en este partido”.

Mercedes Caballero elevará esta propuesta en una reunión que se celebrará esta mañana con representantes de la candidatura del alcalde de Mislata y aspirante en estas primarias, Carlos Fernámdez Bielsa. “En conciencia creo que toda la militancia de la provincia de València comprenderá que en un momento tan complicado y duro para las familias de las niñas de Mislata debemos unirnos a su dolor y solidarizarnos con ellas aplazando este proceso”.

“Las primarias son motivo de alegría y celebración porque representan la implicación de la militancia y en este momento todos nos debemos unir al duelo”, ha apostillado.

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Mercedes Caballero celebra encuentros con militantes de siete comarcas

  • Defiende que del debate interno el partido debe salir reforzado y señala que estos procesos “van de mantener viva la militancia, de pisar el territorio y tener información porque todo ello posibilita ganar elecciones”
  • La candidata visita las agrupaciones de València, Sagunt, Almussafes, Oliva, Carcaixent, Villar del Arzobispo y Quart de Poblet 

La candidata a revalidar la secretaria general del PSPV-PSOE de la provincia de València, Mercedes Caballero, celebra encuentros con la militancia de las comarcas de València, Camp de Morvedre, Safor, Ribera Alta y Ribera Baixa, Horta Sud y Los Serranos. Ayer comenzó su ronda de visitas con encuentros en las agrupaciones de València Nord, (en València) y más tarde en Sagunt. Durante la jornada de hoy el equipo de campaña ha previsto actos en los municipios de Almussafes, Oliva y Carcaixent y mañana celebrará dos encuentros con las bases de Villar del Arzobispo y Quart de Poblet. 

Caballero ha manifestado que estos procesos, “van más allá de las personas; van de mantener viva la militancia, de conocer sus inquietudes, sus realidades, de pisar el territorio, de formar activos, de tener información, porque todo ello posibilita poder ganar elecciones”.

La aspirante a la secretaría general ha señalado que “el debate interno, lejos de segregar, refuerza. La tolerancia es un valor que siempre ha quedado plasmado en las políticas que diseñamos, en nuestras leyes, en nuestras iniciativas. Motivo suficiente para que también se aplique internamente. Demostremos que somos un partido de acuerdos”. Estas primarias -ha continuado- “se pueden llevar a cabo porque, pese a las diferencias, tenemos una base ideológica extremadamente sólida. Tenemos claras cuales son nuestras prioridades cuando gobernamos. Sabemos que nuestra razón de ser es la de contribuir a alcanzar una sociedad mejor bajo los principios de libertad, igualdad, solidaridad y justicia social”.

Mercedes Caballero ha asegurado que “#MésQueParaules es el proyecto de quienes creemos que hay que mantener esa renovación de funcionamiento de las estructuras que ha hecho del PSOE un partido más coherente, más participativo y más comprometido con los militantes y con la sociedad. La experiencia durante estos cuatro años nos ha enseñado que los compañeros y compañeras que ejercen su labor en los 266 municipios de la provincia necesitan facilidades para trasladar sus anhelos a las instituciones que exceden el límite local y he ratificado, que confían en la estructura provincial como primer eslabón para establecer contacto porque saben que cuentan con nuestro apoyo”.

Esta confianza -ha indicado- “es fruto de la dedicación y la cooperación que hemos establecido con cada una de las agrupaciones. Los procesos orgánicos se basan en el trabajo y la conexión con las gentes.  A todas esas personas de nuestro partido que trabajan día a día en sus municipios no les interesan las batallas internas, ni quien está al frente del aparato. Esperan trabajo, compromiso y emociones”.

La candidata se ha comprometido a mantener ese nexo de unión con las agrupaciones, “que son nuestro verdadero músculo, pero que también necesitan reciprocidad. Quieren que ante un problema, un anhelo o simplemente la necesidad de compartir una idea al otro lado del teléfono haya alguien que conteste y ese va a seguir siendo nuestro objetivo”. 

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Mercedes Caballero llama a la militancia a votar para afianzar el poder de las bases del PSOE

●       “A las personas de nuestro partido no les interesan las batallas internas. Esperan trabajo, gestión, lealtad y compromiso”

●       La candidata presenta su proyecto en un acto que ha reivindicado de la fuerza de la militancia

La secretaria general del PSPV-PSOE de la provincia de València, Mercedes Caballero, ha presentado hoy su candidatura a la reelección en un acto público con militantes y simpatizantes. El centro cultural Bancaja de Valencia ha sido el escenario escogido “por ser un emblema cultural y un símbolo para las clases trabajadoras, las que representan a nuestra formación”. El acto ha estado cargado de simbolismos y guiños a las bases del partido, que para esta candidatura “representan la auténtica fuerza de nuestra formación y con las que hay que consolidar la democratización de nuestro partido”.

El acto de presentación se ha convertido en un espacio para la militancia de base, en el que las intervenciones previas a la candidata han sido de personas que militan en el PSPV-PSOE, con testimonios de militantes de diversas comarcas que no cuentan con cargos institucionales ni orgánicos. También la disposición de los asistentes ha dado prioridad a los militantes que, a diferencia de los clásicos actos de partido en los que las primeras filas son para cargos orgánicos e institucionales, han estado ocupadas por las bases.

Durante su intervención, Mercedes Caballero ha pedido a la militancia que vote “en libertad” en este proceso de primarias en el que -según ha señalado- “nos jugamos que las bases sigan siendo el centro de las decisiones, de las propuestas, del debate y sobre todo que sean el pilar donde se sustentan las políticas que trasladar a los gobiernos”.

La candidata socialista ha subrayado que el proyecto que encabeza tiene su origen en el empoderamiento de las personas que militamos en el PSOE, un partido que va más allá de los individualismos y que construyó hace 4 años un modelo de gestión de las estructuras orgánicas en las que todo el mundo cuenta, un partido más democrático que abraza a sus bases.  Mantenemos nuestros postulados, somos fieles a lo que siempre hemos defendimos porque creemos férreamente en nuestros ideales. Nuestra visión no se ve alterada por ningún interés individualista o partidista. Para este proyecto, el criterio propio es símbolo de confianza y credibilidad”, ha apuntado.

La voluntad de cambio precisa una justificación

La dirigente socialista ha asegurado que la voluntad de cambio precisa una justificación, un relato. “En este caso, ese relato no existe. El PSPV-PSOE de la provincia de València ha demostrado capacidad de trabajo, liderazgo, iniciativa política. Lo avalan los resultados en las urnas y un partido engrasado que no se ha confinado, pese a los duros momentos de pandemia que hemos atravesado en los dos últimos años”.

Durante su intervención Caballero ha apuntado los pilares del proyecto que representa #MésQueParaules.  Esta candidatura es un compromiso tácito por seguir desempeñando nuestra acción en nuestras áreas principales de trabajo como la memoria histórica, despoblación, la vertebración del área metropolitana, la igualdad real entre los territorios y entre las mujeres y los hombres y el euromunicipalismo entre otras. Pero también por extender nuestra acción a otras parcelas y focalizar nuestra mirada en los jóvenes. Somos sensibles a las necesidades de las personas y tenemos una indudable vocación de servicio para lograr una sociedad mejor”.

“#MésQueParaules es sinónimo de apoyo a las personas que integran nuestro partido en los 266 municipios de la provincia. Y a veces solo se necesitan palabras para demostrar respaldo pero esa circunstancia no se genera sola, se gana”, ha concluido. 

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Caballero iniciará la campaña para revalidar la secretaria provincial del PSPV-PSOE el 4 de enero con un acto público

La candidata a la reelección pone en valor la labor realizada durante los últimos cuatro años y los proyectos con los que aspira a seguir dando protagonismo a las bases

La secretaria general del PSPV-PSOE de la provincia de València, Mercedes Caballero, ha anunciado hoy que el próximo 4 de enero presentará su candidatura a la reelección en un acto público que se celebrará en la Fundación Bancaja, un lugar, según ha explicado, “simbólico y con mucho significado porque representa un emblema cultural de nuestro territorio dado que fue la caja de ahorros de clase trabajadora valenciana que es a quien el PSOE representa”. 

La dirigente socialista ha informado que el equipo de campaña  ya ha definido un calendario de actos en las comarcas de la provincia de València para compartir con toda la militancia las líneas de trabajo emprendidas y las propuestas de futuro.  “La campaña ya está en marcha y es fundamental transmitir a los y las militantes que su voto es único y que nadie decide por nadie porque somos un proyecto global que surge de la voluntad de las personas”.

Mercedes Caballero ha reiterado que el proyecto que encabeza “es el que ha contribuido a que el PSPV-PSOE de la provincia de València volviera a ganar las elecciones y nos situara como primera fuerza política municipal, que incrementara nuestra representación en la Diputación, contando con 13 diputados y diputadas y siendo decisivos en las victorias de Ximo Puig y Pedro Sánchez en abril y noviembre de 2019”.

La candidata a la reelección ha insistido en que estos resultados y el trabajo realizado durante los últimos cuatro años “son el mayor aval para continuar con un proyecto que cuenta con todos, que no deja a nadie atrás, que mantiene una escucha permanente en nuestras agrupaciones y gobiernos municipales, que sigue pisando el territorio y que lleva el feminismo y la igualdad en su ADN”.

Mercedes Caballero ha puesto en valor que la gestión desarrollada durante los últimos “ha permitido reactivar el partido y ha hecho que la militancia volviera a ser parte de este proyecto” y ha subrayado que la suya “es la candidatura de las bases, la que escucha, sin dobles intenciones, sin proyectos personalistas”. Tal y como ha explicado el lema “Més Que Paraules” reproduce precisamente el objetivo marcado hace cuatro años, “trabajar con acciones concretas, estar físicamente (en la medida que la pandemia lo ha permitido) en los municipios donde las compañeras y compañeros lo han necesitado y acompañar a cualquier cargo institucional, orgánico en su andadura y al grueso de la militancia”.

En este sentido, Caballero ha resaltado la cooperación inmediata y la comunicación que se ha mantenido con las agrupaciones.“Hemos respaldado a nuestras agrupaciones para facilitar su trabajo. Los compañeros agradecen y necesitan la presencia continua del partido. También hemos actuado de enlace para trasladar sus necesidades y anhelos al resto de instituciones”. “Nunca la correlación de fuerzas había sido tan intensa y eso es resultado de un partido unido, adulto”, ha finalizado.

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Empoderar liderazgos femeninos

Tan solo hace falta una lectura rápida a los principales medios autonómicos y nacionales o un repaso a la cronología de las redes sociales para alertar de la escasez de mujeres en puestos de decisión. Esta circunstancia no es para nada novedosa. De hecho, es una de las cuentas pendientes que tiene el feminismo el cual avanza paso a paso. Los grandes derechos de las mujeres se han conseguido progresivamente. Cada avance relativo a la igualdad de género abre paso a otro reto. Y ahora es un buen en momento para asumir el del liderazgo femenino.

Es momento de afrontar este desafío porque contamos con unos antecedentes en forma de derechos que lo facilitan. Gracias a distintos mecanismos como las listas cremallera, listas paritarias o las cuotas, las mujeres hemos ganado representación en la esfera política. Incluso podemos decir que se ha alcanzado la paridad en algunos órganos. Sin ir más lejos, el Gobierno de Pedro Sánchez es referente en cuanto a la presencia de mujeres. De 23 carteras ministeriales, 13 están ocupadas por mujeres. Un hito conseguido, como no podía ser de otra forma, por el Partido Socialista.

Aun así todavía hay cifras que evidencian que no existe todavía una igualdad plena en cuanto a la participación política de las mujeres. A nivel autonómico, tan solo podemos contabilizar cuatro presidentas de las cuales, tres son del PSOE. En el plano provincial y orgánico estos cuatro últimos años, de más de cincuenta direcciones tan solo 14, entre las que me incluyo, están a cargo de mujeres. En el ámbito municipal, de 8.131 alcaldías sólo 1.768 son lideradas por mujeres. Esta radiografía reveladora en términos de igualdad, pone de manifiesto la importancia de analizar la inclusión de las mujeres en todos los planos, no solo en el nacional y más mediático.

Las cifras, sin duda, arrojan la necesidad de iniciar un cambio nada fácil porque se trata de encajar a las mujeres en una estructura que tradicionalmente, está codificada como masculina. Esto último se hace plenamente visible a través del lenguaje periodístico. Todavía hoy se hace uso del término barón para referirse a los líderes de los partidos políticos. Un término, que por cierto, también acepta su forma en femenino pero que, obviamente, no se emplea. Un vocablo que supura machismo, dominación y refuerza el estereotipo de hombre vinculado al poder.

La desigualdad es patente y se amplía a otras muchas situaciones. El País publicaba en noviembre una entrevista donde la ministra Diana Morant señalaba textualmente que “hay reuniones a veces con hombres y miran a los de tu equipo y a ti no”. Este ejemplo escenifica el doble rasero al que se somete a las mujeres aún cuando ostentan puestos de poder. Visibiliza la severidad en cuanto exigencia así como ciertas actitudes de infravaloración. También durante el primer foro de Liderazgo Femenino celebrado en València se mencionó el complejo de Pitufina, aquel que sienten las mujeres cuando sus ideas o propuestas pasan desapercibidas mientras que las de los hombres son preaceptadas.

Todos estos aspectos nos invitan a asumir que, aunque hemos avanzado en cuanto presencia femenina en las instituciones, todavía existe un vacío relativo a ocupar puestos de mayor responsabilidad. Y sobre todo a que no sean los hombres los que deciden incluir o no a las mujeres. Es cierto que persisten reservas entre algunas mujeres por un sentido de competitividad que debemos desterrar, somos aliadas nunca contrincantes.

El concepto de empoderamiento se vuelve fundamental. Empoderar es pensar de forma colaborativa porque una sociedad en la que las mujeres también participan en las grandes decisiones será una sociedad más justa dado que reflejará la realidad de la sociedad en su conjunto. Y por supuesto, nuestra democracia saldrá fortalecida.

La presencia de mujeres en los cargos de responsabilidad es una cuestión de justicia social y quizás el primer paso para continuar la andadura es facilitar su acceso. La existencia de referentes tiene un poder multiplicador. Pero mientras haya escasez, la repetición de este esquema se verá afectado. Modificar el imaginario colectivo y tratar de que la imagen que surge automáticamente al pensar en liderazgo no sea la de un hombre es una cuestión de trabajo, de compromiso, de lucha, de hechos más que de palabras y de perseverancia. Y de todo esto, la lucha feminista entiende bastante.

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Caballero presenta el máximo de avales y apela a la fuerza de los 10.000 militantes de la provincia

●  La aspirante a la reelección agradece a las bases su compromiso con el proyecto que llevó a Pedro Sanchez a la secretaría general

“Los 240 alcald@s y portavoces socialistas son un capital fundamental del partido, pero nuestra militancia aún lo es más”

La secretaria general del PSPV-PSOE de la provincia de València, Mercedes Caballero, ha presentado esta mañana 1.517 avales, el máximo número permitido para el proceso de reelección en primarias. La líder provincial ha agradecido públicamente las numerosas muestras de apoyo para concurrir a la reelección durante los últimos días. “Los avales que hemos recibido estos días nos demuestran que hay partido en la provincia. No somos equipo de exhibir grandes figuras o cargos institucionales. No somos los favoritos del aparato. Las caras de nuestro equipo son las de nuestras bases. Pero solo estamos en la primera parte del partido y tenemos más ilusión y tenacidad si cabe para continuar trabajando por un proyecto integrador y cercano en el que todas las voces importan y que nunca deja atrás a la militancia de base”.

En esta línea, la dirigente socialista ha puesto en valor la fuerza del PSPV-PSOE de la provincia de València, pero ha matizado que no solo se concentra en los cargos institucionales “Los 240 alcaldes, alcaldesas y portavoces socialistas son un capital fundamental del partido, pero nuestra militancia aún lo es más y en sus manos está decidir sobre el futuro de nuestra organización”, ha apuntado.

Bajo esta línea, la aspirante a la reelección ha señalado que su candidatura “Més que Paraules” se sustenta en la horizontalidad democrática, donde “ninguna opinión está por encima de otra” ha explicado. Asimismo ha asegurado que su voluntad es desterrar los esquemas tradicionales del partido, como ya ocurrió con Pedro Sánchez, donde los barones imponen las decisiones a tomar.

Mercedes Caballero ha subrayado que en 2017 “llegó el momento en el que la militancia logró vencer a las viejas maneras de entender este partido muy alejadas de las bases. Fue en ese momento cuando los y las militantes recuperaron su fuerza y decidieron que era momento de reconstruir el PSOE con un proyecto en el que cada voto es decisivo, en el que cada militante de cualquier rincón de España tiene la misma capacidad de decisión que un alcalde o secretario comarcal. Ese fue el momento de mayor grandeza de nuestra democracia interna que no solo supuso un cambio para el PSOE, sino que se transformó en un cambio para España”.

Aparato o democracia interna

Este proceso -ha añadido- “vuelve a ponernos sobre la mesa la misma situación; elegir la candidatura del aparato, la que se aleja de las bases y de sus votantes, o la que representa la voz de todos y cada uno de los militantes de nuestra provincia”. En este sentido, ha defendido que “será la  militancia la que alzará su voz frente a quienes piensan que se puede dirigir el partido con mando a distancia. Este proceso atenderá la voluntad de la militancia de base dejando aparcados los egos y ambiciones personales”.

Por otra parte, Caballero ha detallado que municipalismo y feminismo son valores que forman parte del ADN de cualquier socialista y por eso están inmersos en su proyecto colectivo.  En su caso, ha dicho, “la gestión de estos cuatro años demuestra que esos valores se han implementado. La mejor garantía para creer en un proyecto son los hechos. Hemos estado al lado de alcaldesas y alcaldes, de representantes institucionales y de todas las personas que desde sus agrupaciones defienden nuestras siglas. Hemos visitado numerosos municipios de la provincia porque consideramos que el contacto directo es una herramienta fundamental para la transformación de nuestros pueblos”.

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Mercedes Caballero se presenta a las primarias para hacer valer la fuerza de la militancia

● La candidata apela a la igualdad efectiva para que los puestos de decisión sean ocupados por mujeres: “No solo queremos estar, queremos decidir”

“La militancia del PSPV-PSOE es mayor de edad, tiene criterio propio y no necesita que le digan cómo tiene que pensar y sentir el partido”

La secretaria general del PSPV-PSOE de la provincia de València, Mercedes Caballero, ha presentado formalmente su candidatura para revalidar el cargo al frente de la estructura provincial del partido. Caballero ha destacado que en este proceso, “nos jugamos que la militancia siga siendo el centro de las decisiones o devolver el partido a tiempos pasados” .

La secretaria provincial ha explicado que “la militancia del PSPV-PSOE es mayor de edad. No necesita que ningún cargo o representante público le diga cómo tiene que pensar, cómo tiene que sentir el partido, ni a quién tiene que respaldar. Hace tiempo que acabamos con esas formas de dirigir a la organización. Tiempos en los que unos cuantos imponían las decisiones a tomar”.

La candidata socialista ha indicado que el proyecto que abandera, “apuesta por el feminismo, el municipalismo, la transparencia, la igualdad real y, por encima de todo, por el poder de nuestras bases, que son el corazón de nuestro partido. En estos cuatro años hemos mantenido la esencia de un partido que consiguió que la militancia fuera quien tomara las decisiones, esa sigue siendo nuestra prioridad”.

Caballero ha destacado que en 2017 la provincia de València fue la primera en comprender que con la ayuda de nuestra militancia podíamos lograr una auténtica regeneración democrática en el seno del partido para acabar con una forma de entender la política alejada de las bases.  “Demostramos que la voz de cada militante es personal, que carece de imposiciones, que es única, y trascendental. La militancia de la provincia fue determinante para que Pedro Sánchez recuperara la secretaría general de nuestra organización. El voto del militante adquirió el carácter individual que fortaleció nuestro proyecto común”, ha subrayado.

La candidata ha puesto en valor la escucha activa y la participación durante su periodo de gestión. “Insistimos en la importancia de sumar, de abarcar todas las miradas sin exclusión. Esa ha sido y será nuestra premisa porque somos conscientes de que son la espina dorsal del municipalismo socialista, nuestra base de ejecución”.

El feminismo se practica con mujeres en puestos de decisión

Caballero ha explicado que seguirá reivindicando la igualdad plena. “El feminismo se practica con mujeres, con hechos, con más que palabras. No solo queremos estar, queremos decidir”. En esta línea, ha indicado que “es momento de que el PSPV-PSOE demuestre que realmente cree en el liderazgo femenino. La igualdad no consiste en simplemente añadir un componente femenino ni un componente de igualdad entre los géneros. Hay que transformar el ejercicio de poder y apostar porque las mujeres también tengan puestos de decisión y no solo de representación”.

Por todo ello ha anunciado que el lema de campaña es “Més que paraules” “porqué  nuestro proyecto, como hemos demostrado, pasa de las palabras la acción, a dar respaldo a agrupaciones, a grupos municipales, a alcaldesas y alcaldes pero también a aquellos portavoces que desde la oposición trabajan diariamente en defensa del interés general. Y “Más que palabras” porque los derechos adquiridos legalmente requieren su materialización efectiva y para ello es fundamental avanzar en una igualdad efectiva que va más allá de la representatividad”.

En redes sociales el hashtag será #PerLaMilitància, “porque defendemos la libertad de nuestras bases y entendemos que somos la estructura que da soporte afectivo, institucional y político a cada persona que desde su municipio sostiene los valores socialistas y, sobre todo, a aquellas personas que sin ostentar cargos ni institucionales ni orgánicos defienden nuestro proyecto por convicción y forman parte muy importante de nuestro partido” . 

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25-N. Más que palabras

El 25 de Noviembre se ha convertido en una de las fechas que marcamos con fuerza en nuestro calendario. Año tras año salimos a la calle para reivindicar más que palabras. Clamamos contra una losa demasiado pesada en una sociedad avanzada. El machismo sigue destilando su violencia inexorablemente entre los pilares de nuestra democracia.  El número de mujeres muertas a manos de sus parejas o sus ex parejas se cuentan por miles y, lejos de convivir en una sociedad en la que la violencia contra la mujer se haya convertido en un enemigo común contra quienes maltratan o asesinan, nos encontramos ante una evidente involución, una corriente execrable que niega esta nauseabunda realidad. Son quienes venden el discurso de que la violencia de género es una cuestión política.

Por poner un ejemplo, un estudio reciente muestra que uno de cada cinco jóvenes de entre 15 y 29 años considera que la violencia de género es un invento ideológico y solo uno de cada tres adolescentes reconoce que la violencia psicológica y el control también forman parte de la violencia de género. Estos datos resultan estremecedores, especialmente al tratarse de edades tan tempranas. La adolescencia es una etapa clave en la formación de una persona, por ello es tan importante formar a las nuevas generaciones en estos valores, frente al altavoz envenenado de la extrema derecha, que no solo niega la realidad, sino que cuestiona sistemáticamente la legislación que hemos ido aprobando.

También hace unos días, un concejal de Vox solicitaba la retirada de unas jornadas de concienciación sobre la violencia contra las mujeres . “Dejen de invertir en estas gilipolleces que lo único que están provocando es enfrentamiento entre los sexos, entre las personas, y manipulando a las niñas y las chicas para que denuncien a los chicos, y acabar con la familia», afirmaba. De estas palabras se desprenden muchas cosas. La primera, el blanqueo sistemático de la violencia machista por parte de la ultraderecha y, la segunda, y como él mismo expone, la inversión de dinero público en políticas de igualdad.

Falta mucho camino por recorrer, pero si de algo puede enorgullecerse el Partido Socialista es de incluir el feminismo en el diseño de políticas públicas, de apostar por políticas de Igualdad y de ser pionero de leyes como la Ley Integral contra la Violencia de Género, la Ley de Igualdad Salarial o políticas específicas como la equiparación de permisos de paternidad y maternidad. Es innegable que el trabajo colectivo durante los últimos años ha favorecido la concienciación de un grave problema que merma la calidad de nuestra democracia y nuestra sociedad. Sin embargo, solo en el año  2021, 37 mujeres han sido víctimas de asesinatos machistas en nuestro país. Desde que hay registros, la cifra asciende a 1.118.  Hay 323 menores huérfanos porque sus madres fueron asesinadas a manos de sus parejas o exparejas (violencia vicaria). Estos datos dejan patente que la implicación de instituciones y sociedad civil en esta lucha no puede cesar.

Conjuntamente y también con la complicidad de los hombres, debemos aspirar a erradicar los “feminicidios”, la expresión más cruel de la violencia hacia las mujeres, pero para ello, es necesario atender a muchas otras cuestiones que conforman la base y son el caldo de cultivo de esta lacra social. La violencia simbólica que definió Bordieu es un claro ejemplo pero también la violencia estructural que agranda las desigualdades de oportunidades entre hombres y mujeres en la vida pública. Este tipo de violencia, impulsada por parámetros patriarcales y de dominación sistémica del hombre hacia la mujer deben ser aplacados. Aplacados sin excusas y aplacados desde las instituciones públicas.

Porque de estos esquemas estereotipados e imaginarios machistas nace el miedo por volver solas a casa, se sigue pagando a mujeres por prestar servicios sexuales o nuestros cuerpos siguen mercantilizados e instrumentalizados bajo el concepto vientre de alquiler. Por eso, nuestro horizonte feminista trabaja por abolir la prostitución, prohibir la gestación subrogada, renovar el pacto de Estado contra la Violencia de Género, mejorar la atención a las víctimas de violencia machista especialmente en las zonas rurales o atender nuevos modelos de violencia como la violencia de género digital.

El día 25 de Noviembre volveremos a salir a la calle para gritar que queremos más que palabras. Queremos actos tangibles que se materializan sin una víctimas más, sin la prostitución y la trata, sin la manipulación, sin el machismo consentido, sin el uso de la ideologia de género y con la presencia de mujeres en las esferas de poder y tomas de decisiones. En definitiva, sin ningún tipo de violencia hacia la mujer y consecuentemente, con una igualdad real y efectiva.  Nunca, ni un solo día del resto del año, olvidamos por qué mantenemos nuestra lucha. Es una de nuestras señas de identidad. Así lo demuestran a diario nuestras compañeras y compañeros de partido, el movimiento feminista, las agentes de igualdad, las concejalas de Igualdad y todas las instituciones en las que gobernamos.

El día 25 de Noviembre volveremos a salir a la calle para demostrar el poder transformador del feminismo. Para demostrar que las mujeres no somos sujetos pasivos, que nos levantamos desde hace décadas ante cualquier injusticia por el hecho de ser mujer. Saldremos a la calle para que las nuevas generaciones sigan nuestro camino, el de sus madres, el de sus abuelas, y comprendan que nuestra lucha conjunta abrirá paso a una sociedad más justa, que nos diga que las víctimas no están solas.

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Periodismo de proximidad, un bálsamo en la era de la posverdad

Sin lugar a dudas, la era digital nos ha permitido alcanzar la llamada “democratización en internet”, un término que utilizan los expertos para explicar cómo en la actualidad millones de personas de cualquier lugar del planeta tienen un acceso ilimitado a la información de una manera accesible y sencilla. Con un solo clic tenemos la posibilidad de informarnos activamente sobre cualquier acontecimiento que ocurra a nuestro alrededor, de conectar con personas que están al otro lado del mundo y hasta de poder convertirnos en consumidores y productores de contenido en la red.

Este importante avance en el acceso ilimitado a la información hace que para la mayoría de la población, conectarse a Internet, consultar aplicaciones de cualquier medio de comunicación, utilizar Whatsapp, Facebook, Instagram, Twitter o TikTok  sean ya rutinas de nuestro día a día. En definitiva, ya no somos personas sujetas a los medios de comunicación tradicionales -prensa, radio, televisión-  para poder estar informadas. Internet es una poderosa herramienta que nos permite convivir en igualdad de condiciones sobre el acceso a la comunicación. Dispone de una estructura horizontal, permite distribuir y difundir los contenidos de voces que hace solo unos años no tenían espacio y nos permite beneficiarnos de las nuevas tecnologías en cualquier ámbito de nuestras vidas. Sin embargo, aunque pueda parecer una paradoja, muchos de los contenidos que hallamos en Internet, lejos de mantenernos informados, ha dado lugar a un estado permanente de desinformación. El rigor y la verificación, de hecho, son dos elementos esenciales que están siendo socavados en demasiadas ocasiones.

Como consumidores de información, creo que no es necesario aludir a las recientes campañas de desinformación a las que se han visto sometidos destacados personajes públicos. Cualquier persona que consulte la red puede ser capaz de recordar alguna noticia de dudosa veracidad. Estas situaciones, cada vez más repetidas, han dado lugar al término posverdad.

Según la Real Academia de la Lengua Española, hablamos de posverdad para aludir a la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Actualmente, la posverdad y las denominadas fake news o noticias falsas, se han convertido en una verdadera amenaza no solo para la web, sino para nuestros derechos fundamentales. Las fake news son un auténtica arma de manipulación a través de noticias deliberadamente tergiversadas. Como digo, todos hemos leído alguna de ellas y, casi con toda seguridad, nos hemos creído más de una. Sin embargo, no somos del todo conscientes del peligro que entrañan. Y mucho menos de que todos tenemos una responsabilidad frente a este fenómeno. El periodismo de calidad y el derecho de la ciudadanía a informarse está en tela de juicio.

Uno de los ejemplos más conocidos a nivel internacional fue la campaña que llevó a Trump a la presidencia de EE.UU. Pero también hemos vivido casos mucho más cercanos en los que el uso de las noticias falsas y las redes sociales se han convertido en un arma de destrucción de la imagen de personajes públicos.

Los medios de comunicación deben redoblar sus esfuerzos ante el impacto de este fenómeno que se vuelve cada vez más peligroso y que influye de distintas maneras en las prácticas democráticas. En estos tiempos de posverdad y noticias falsas es fundamental un periodismo riguroso y ético en el que la buena praxis haga frente a las falsedades.

Debemos mantener la mirada crítica para denunciar, alertar de los peligros de las malas prácticas y potenciar el periodismo de proximidad, el que mejor entiende la función social del periodismo. Un caso reseñable es el de El Periódico de Aquí, un diario que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos de hipertextualidad en los que vivimos, y que entiende el bien social que supone transmitir una información esencial, veraz y contrastada a cada uno de nuestros municipios. Un medio que comprende nuestro territorio, nuestra identidad y que sitúa en el centro al lector.

Como periodista, pero también como responsable pública, reivindico un periodismo de calidad y de proximidad. Un periodismo que nos aporte conocimientos para que los lectores dispongamos de elementos con los que formar nuestro criterio. Esa debe ser la base de una sociedad libre y democrática. Sin él, nuestra sociedad será vulnerable y estará expuesta a la manipulación y la propaganda.

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¿Memoria en el currículum o responsabilidad simétrica?

Hablar de desmemoria histórica se ha convertido durante demasiados años en el gran síntoma del trauma colectivo que la Guerra y la dictadura infringieron a nuestro país. El miedo al pasado nos sumió en un agujero educativo consciente y cómplice que ha llevado a todas nuestras generaciones al más absoluto desconocimiento de su pasado más reciente. Una historia silenciada o contada a través de un relato equidistante del que, en más ocasiones de las que quisiéramos, los libros de texto y hasta el propio profesorado han pasado de puntillas.

Para corregir esta disfunción, el sistema educativo español incluirá entre sus fines el conocimiento de la historia, de la memoria democrática española y la lucha por los valores y libertades democráticas. Ya en la Ley 14/2017 de Memoria Democrática y por la Convivencia de la Comunitat Valenciana, se incluyó la necesidad de que la materia se introdujera en todas las etapas de la enseñanza obligatoria. También el nuevo proyecto de Ley de Memoria Democrática urge iniciar la formación del profesorado para que, una vez aprobada la futura ley, se pueda implementar la asignatura en todos los niveles educativos. Solo así, las generaciones que hoy se forman en las aulas y las que vendrán después, podrán incluir en su currículum escolar la Memoria Democrática como parte de su formación en valores cívicos constitucionales democráticos y en el conocimiento de la historia de nuestra democracia.

Pero esta es una necesidad que se revela demasiado urgente como para seguir esperando. Debemos avanzar sin demora. Consideramos imperativa la petición de docentes e historiadores de toda España para incluir la asignatura de Memoria Histórica en el currículum escolar para el próximo periodo académico y para su consecución también es fundamental que en la formación inicial y permanente de todo el profesorado se incluya actualización científica, didáctica y pedagógica en relación con el tratamiento escolar de la memoria histórica democrática de forma transversal. También debemos garantizar que se impulse conjuntamente el derecho a la verdad y la no repetición para prevenir la reaparición del fascismo.

De Greiff explicaba cómo algunos libros de texto continuaban refiriéndose a la Guerra de España en términos genéricos perpetuando la idea de una responsabilidad simétrica entre los dos bandos del conflicto. Otros libros todavía hablan de alzamiento para referirse a Golpe de Estado. Estos signos ofrecen al alumnado una lectura equívoca y fragmentada que puede conducir a obviar el verdadero significado de conceptos como represión o franquismo o incluso a desconocer las causas exactas de la contienda.

Es fundamental por tanto categorizar la memoria democrática como asignatura, dotarla de recursos y herramientas que contribuyan a escuelas e institutos a generar una reflexión reposada y una capacidad crítica del alumnado. Y esto se vuelve especialmente trascendental en el contexto actual donde la derecha ha encontrado en los millennials un nicho de votantes. Una ultraderecha cuyos discursos censuran la memoria democrática y en ocasiones deslizan tintes de querer defender uno de los episodios más crueles de nuestra historia reciente como lo fue el franquismo. Estos discursos son generalmente compartidos en las redes sociales, lugar de referencia y encuentro de estas generaciones y aquí, en esta guarida, se corre el riesgo de caer en la peligrosa corriente de la espiral del silencio donde el sujeto, se suma a la opinión mayoritaria sin cuestionarla, lo que contribuye a su crecimiento y consolidación.

Ante esto, surge la necesidad de formar jóvenes que sí que cuestionen aquello que en ocasiones se les presenta como válido. Especialmente, en este mundo hiperconectado e infoxicado donde cuesta discernir entre la verdad y la mentira. Necesitamos, por tanto, que nuestras escuelas se conviertan en la institución garante de la verdad. La encargada de desarrollar de forma clara y sin falsas equidistancias los cuarenta años de represión de la dictadura franquista así como la lucha antifranquista que se mantuvo frente a ella hasta los años 70. Es preciso revisar los libros de texto escolares y los materiales curriculares que se utilizan para que incluyan contenidos ahora invisibilizados o silenciados con expresiones genéricas que ocultan, más que aclaran, lo que parece no quererse abordar de forma clara y decidida.

Y el trasfondo de todo lo citado anteriormente, no persigue el sobresaliente académico en materia de Historia de España. Persigue la excelencia en tolerancia, en justicia, en reparación a través del conocimiento. Pero por encima de todo, persigue que nuestra historia no se vuelva a repetir. 

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Ser joven, un valor

Hace solo unos días, España madrugaba una vez más para sentarse frente a la televisión y seguir el desarrollo de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. La selección española de baloncesto, bajo la denominación popular de la familia, cayó en cuartos de final frente al potente equipo de EE.UU. Una derrota que ha sido considerada como el fin de un ciclo histórico porqué puso punto y final a la magnífica trayectoria de una generación que durante dos décadas ha conseguido los principales éxitos que se pueden alcanzar en este deporte.

La retirada de Pau Gasol lo es también del más destacado representante de este formidable conjunto de deportistas que no solo ha conseguido triunfos deportivos, sino que nos ha hecho soñar con su gen competitivo, su entusiasmo y su calidad humana. Un equipo que se forjó con jóvenes de poco más de 20 años y que han demostrado que la juventud no está reñida con la responsabilidad, la entrega, el buen hacer y el respeto más absoluto a los valores deportivos. Porque esos jóvenes que a principios de siglo comenzaron a dar sus primeros pasos como deportistas de élite, ahora son ejemplo y guía para las futuras generaciones.

El ejemplo de la selección española de baloncesto me ha llevado a reflexionar respecto al valor de la juventud, ahora que en unos días (el próximo 12 de agosto)  va a celebrarse el  Día Internacional de la Juventud. Durante los últimos la pandemia ha llevado a poner el foco en la responsabilidad de los jóvenes en este duro combate que estamos librando para poner freno a la COVID-19.  A esa generación de jóvenes les hemos pedido que, además de cumplir las restricciones aprobadas por las Administraciones Públicas, siguieran respetando las normas, llevaran puesta la mascarilla, protegieran a sus mayores y, en definitiva, que  extremaran la responsabilidad en este periodo vacacional. Salvo casos contados, la mayoría de ellas y ellos han demostrado que la juventud no es sinónimo de irresponsabilidad ni de relajación de las medidas sanitarias aprobadas.

Reconocer el papel de la juventud y la responsabilidad que ha asumido en esta situación tan crítica a nivel sanitario, social y económico no significa que no pongamos en valor el papel de otras muchas generaciones. Los sanitarios han sido un ejemplo de lucha y coraje durante estos dos años, como primera línea de contención contra el virus. La labor y el buen hacer de médicos, enfermeros y enfermeras o celadores ha sido clave para combatir con mayor acierto este enemigo invisible que es la COVID-19. Su experiencia, igual que la de los alcaldes y alcaldesas, científicos y científicas y responsables públicos ha contribuido a construir el escudo social necesario para que, sin ir más lejos, el proceso de vacunación esté a niveles óptimos a inicios de agosto y la inmunidad de nuestra población vaya a ser una realidad lo antes posible.

Experiencia, en este caso, ha sido sinónimo de implicación personal, horas de trabajo, esfuerzo y dedicación. En definitiva, juventud y experiencia se han convertido en elementos clave de una realidad global en la que cada uno ha desempeñado un papel y la suma del conjunto es más importante que la función individual de cada uno de ellos. No hay uno más importante que otro. La fórmula de nuestro éxito para superar este contexto adverso ha sido la suma de cada una de estas individualidades.

Durante estos años de pandemia los gobernantes han demostrado que para gestionar una crisis sin precedentes como la que hemos vivido es imprescindible conocer el todo, el contexto, la suma de experiencia, la aportación de personas expertas y conducirse con responsabilidad anteponiendo la salud de las personas a otro tipo de intereses.

El 12 de agosto celebramos el Día Mundial de la Juventud, un momento que invita a los poderes públicos a promover el papel de las futuras generaciones en los procesos de cambio y generar un espacio para impulsar conciencia sobre los desafíos y problemas a los que estos se enfrentan: la era post-pandémica, lograr un modelo económico más resiliente y sostenible, convivir en una sociedad más feminista, diversa y justa.

Ser joven es un valor, el PSPV-PSOE lo sabe y lo reconoce, pero no olvida que no es el único principio inspirador a tener en cuenta. El valor de la experiencia también nos ayuda a comprender la vida, a nuestra sociedad y nos permite evaluarnos de forma positiva. Por qué solo si reconocemos el papel de todas las generaciones que conviven en nuestra sociedad podremos adquirir la conciencia social que nos permite articular las mejores políticas.

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Feminismo de tod@s para reivindicar que somos imprescindibles e imparables

En pleno siglo XXI sigue pesando en la sociedad un viejo poso que relaciona el feminismo con un movimiento exclusivamente de mujeres, pero cada vez más hombres se suman a la lucha por trasladar la igualdad legal conseguida a la realidad del mundo. Este 8 de marzo quisiera incidir en la complicidad cada día más extendida de la suma de los hombres al movimiento feminista. ONU Mujeres ha anunciado que el lema para el Día Internacional de las Mujeres es Mujeres líderes: Por un futuro igualitario en el mundo de la Covid-19”. El objetivo de esta jornada es reivindicar los enormes esfuerzos que realizan mujeres y niñas en todo el mundo para forjar un futuro más igualitario y recuperarse de la pandemia de la COVID-19. Y para ello queremos contar también con la otra mitad de la población que son los hombres.

Un año después del inicio de la pandemia, se ha corroborado que las mujeres somos las más afectadas por esta crisis sanitaria. La corresponsabilidad, el teletrabajo, los números de los ERTE o las cifras del paro han sido solo algunas de las consecuencias. Nuestra manera de vivir y trabajar también ha cambiado de manera drástica. Según una investigación de la consultora Deloitte Global realizada 400 mujeres profesionales a nivel mundial, la COVID-19 ha impactado con fuerza en la vida laboral y personal de las mujeres. De hecho, el 70% de las encuestadas se preocupa por el futuro de sus carreras.javascript:false

Pero lejos del sobreesfuerzo que están realizando las mujeres como consecuencia de la pandemia, también sigue existiendo la prostitución o la trata con fines de explotación sexual y la violencia machista. Según expertos del Consejo de Derechos Humanos, las cuarentenas, el cierre de centros escolares y las diferentes medidas que han restringido el movimiento para frenar la propagación de la COVID-19 han contribuido al acusado aumento de la violencia machista.

Como ejemplo, recientemente hemos conocido que Valencia sigue viendo crecer sus datos sobre violencia de género desde el inicio de la pandemia. Esta representa el 65% de las detenciones que ha realizado la Policía Local de la ciudad en el último año. Un porcentaje que en 2020 se situaba en el 45%, según la última memoria elaborada por el grupo GAMA, que protege actualmente a 600 mujeres. Mientras, la Comunitat Valenciana fue segunda en víctimas de violencia de género por cada 10.000 mujeres en el tercer trimestre de 2020, con un registro de 23,5, según los datos del informe trimestral del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género.

Como vemos, la incidencia de la COVID-19 sí entiende de géneros en todas sus dimensiones. Una situación que en numerosos casos no ha hecho más que agravar algunos problemas que arrastra nuestra sociedad, contra los que seguimos trabajando para alcanzar la plena igualdad.

Es cierto que en los últimos años se ha avanzado en materia de igualdad gracias a las políticas progresistas, pero aún queda un largo camino por recorrer. Hace pocas semanas, en el Día de la Igualdad Salarial, un estudio revelaba que las mujeres valencianas cobran 5.300 euros menos que los hombres. Una cifra devastadora que apunta a la necesidad de acometer entre todos y todas la brecha salarial. Para ello, es importante acabar con los roles de género vinculados al trabajo.

Todavía existen estereotipos y trabajos masculinizados y feminizados, estos últimos ligados normalmente al cuidado de personas, al hogar, limpieza o puestos de cajeras en supermercados. Precisamente, sectores que han sido fundamentales durante la pandemia pero que sin embargo, el valor que socialmente se le otorga es menor. Nada casual. Del mismo modo, el porcentaje de mujeres en puestos de responsabilidad es sustancialmente menor al de los hombres. No cabe duda que este es un problema social, fruto de factores estructurales e históricos que arrastramos y que requiere solución. Integrar la perspectiva de género en el ámbito laboral es fundamental pero su aplicación se debe extender también a otros todos los ámbitos de la sociedad.

Para ello, debemos romper con las viejas reglas del juego y acabar con realidades tan injustas como que los hombres han ganado más dinero trabajando lo mismo, han accedido con más facilidad a puestos de relevancia o han sufrido infinitamente menos violencia que las mujeres. Por ello, nuestra intención -como decía al inicio- es implicar al máximo a los hombres en esta lucha. Por qué el sexismo no acabará hasta que dejemos de considerar el feminismo como una posición política, más que como una cuestión de género.

Como mujer y como socialista mi objetivo es luchar con mis compañeras y compañeros contra estas lacras y que el feminismo llegue a ejercer sobre la sociedad toda su capacidad transformadora para lograr una igualdad plena en la que el feminismo, entendido como hasta ahora, ya no tenga objeto de serlo ni para hombres ni para mujeres. El primer paso es el reconocimiento general de que las mujeres somos imprescindibles en la sociedad e imparables en nuestras reivindicaciones.

Las y los socialistas nos sumamos un año más a este compromiso social, pero este año lo hacemos con un llamamiento a la responsabilidad.

La pandemia también nos lleva a modificar nuestras formas de reivindicar este día tan importante para todas y todos. Trabajar por la plena igualdad de las mujeres es un acto que se debe y se puede realizar todos los días sin necesidad de celebrar eventos que en el actual contexto pueden generar un riesgo. Por coherencia con los grandes sacrificios que estamos realizando durante estos meses, debemos apelar al sentido común para que prevalezca la seguridad y la salud de la ciudadanía.

Todas y todos somos aliados y activistas que luchamos por una sociedad justa e igualitaria, que trabajamos por erradicar la violencia de género, acabar con el desempleo, ahondar en debates como la identidad de género, rechazar la mercantilización del cuerpo de la mujer con la mal llamada “maternidad subrogada”, abolir la prostitución, conseguir la igualdad salarial, visibilizar la sororidad, establecer una agenda compartida… Pero, sobre todo, huir de la polarización para alcanzar un feminismo inclusivo, que abrace a toda la sociedad de manera más flexible y transversal.

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Salud Sexual en tiempos de amor líquido

Que la sexualidad es inherente a todo ser humano es una afirmación que difícilmente puede ser negada. La ciencia así lo avala y esta afirmación se ha mantenido a lo largo del tiempo. Sin embargo, son escasos los aspectos vinculados a la sexualidad que se mantienen intactos y esto se debe a múltiples razones relacionadas con la cultura, economía, sociología o el contexto en el que vivimos. Una de estas cuestiones es precisamente la salud sexual. 

La salud sexual y reproductiva, tal como se define actualmente, tuvo su origen en la “Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de Naciones Unidas” (CIPD), que se celebró en El Cairo el año 1994. Sus primeros estudios vienen derivados de un parto primerizo, largo y doloroso que llevó a las autoridades internacionales a reflexionar sobre este aspecto. Este logro fue el fruto del trabajo de los movimientos feministas que reivindicaron durante décadas los derechos sexuales, constantemente olvidados.

El concepto de Salud Sexual y Reproductiva es definido por el Fondo de Población de Naciones Unidas como un “enfoque integral para analizar y responder a las necesidades de hombres y mujeres respecto a la sexualidad y la reproducción”. Hombres y mujeres con total independencia de su sexo, edad, raza o capacidades intelectuales, porque lo único que les diferencia es su forma de vivirla. A priori esta idea puede parecer de lo más sencilla, pero lo cierto es que todavía hay un trabajo colectivo por romper estereotipos vinculados al sexo y también a la salud sexual.

En un contexto de amor líquido como decía el sociólogo Zygmunt Bauman, (marcado por la rapidez e inmediatez,) en el que han surgido nuevos esquemas de las relaciones afectivo-amorosas,  la transmisión de valores vinculados a la sexualidad adquiere mayor grado de importancia. La toma individual de decisiones o la capacidad de las personas para detectar contextos referidos a la violencia sexual, discriminación o coerciones debe ser un síntoma inequívoco de una sociedad avanzada.

En este mismo contexto, en el que la sexualidad ha dejado de ser un tabú y se ha visibilizado, debemos detectar también posibles consecuencias negativas como la proyección de esquemas de relaciones, muy alejadas de la realidad y que pueden generan falsas expectativas, frustración o incluso escenificación de la violencia.

Es cierto que hemos alcanzado importantes metas en este campo, pero no debemos olvidar que la educación es clave, como también lo son el desarrollo de políticas públicas o las campañas de sensibilización.  La intervención educativa y social tiene un papel fundamental para derribar estereotipos o comportamientos que pueden derivar en violencia machista. En este sentido, la educación afectivosexual en la adolescencia, período en el que comienzan estas experiencias, es crucial para promover relaciones sanas basadas en apegos saludables.

Debemos cambiar nuestra óptica y desterrar el enfoque único de educar sobre los riesgos de las enfermedades de transmisión sexual o los embarazos no deseados. Estas son, sin ningún género de duda, cuestiones importantes. Pero también lo es la salud integral de nuestras futuras generaciones. Esa salud, la que implica aspectos conductuales y cognitivos sobre relaciones afectivas saludables, es el complemento necesario a las prácticas responsables.

Hemos avanzado mucho y todo ello gracias a la consecución de derechos, casi todos alcanzados con la ayuda de gobiernos socialistas. Hace no tanto tiempo, la sexualidad se consideraba una práctica heteronormativa. Ahora ya no lo es, si bien la sexualidad cada vez está más aceptada entre personas del mismo sexo, no lo está entre otros colectivos como transexuales, intrasexuales etc.

Desde el PSOE somos conscientes de estas realidades. Pero también sabemos que debemos avanzar en una democracia que nos dé respuestas a las nuevas necesidades de nuestra sociedad. En una auténtica democracia, hombres y mujeres deben contar con derechos iguales y además, poder ejercerlos y hacerlos efectivos de igual modo. Para ello, la seguridad y la libertad, para la que es indispensable la autonomía, son los ejes fundamentales del ejercicio de la ciudadanía plena.

Una sociedad moderna y avanzada demanda que los derechos sexuales y reproductivos, aquellos que garantizan la salud sexual, sean una prioridad para conseguir una mayor igualdad y contribuyan a paliar enfermedades, casos de violencia de género, embarazos no deseados, bullying o acoso, LGTBIfobia y, en definitiva, todo tipo de discriminaciòn. Protegiendo los derechos de salud sexual y reproductiva, con énfasis en la seguridad y dignidad, y, evitando perpetuar normas de género dañinas, discriminatorias y desiguales con las mujeres.

Como hoy recuerda nuestro manifiesto, los y las socialistas estamos comprometidos con el desarrollo de las políticas de Salud Sexual y los Derechos Sexuales por la dimensión activa para el bienestar de las personas que supone. Con la aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y con la elaboración de la Estrategia Nacional de Salud Sexual en el marco de la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del SNS.

Por ello, es nuestro deber difundir en este día el modelo integrador de promoción de la salud integral en general y salud sexual en particular, entendiendo ambas como indispensables para la consecución del bienestar y la calidad de vida de todas las personas.

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El ejemplo Kamala o Kamala como ejemplo

El procedimiento de elección de los candidatos presidenciales en EEUU no es ni mejor ni peor que otros. Simplemente es. Demócratas y Republicanos enfrentan entre ellos a todos aquellos que en algún momento, unos dos años antes de las elecciones, muestran su disposición a liderar un país de 328 millones de habitantes.

Las elecciones presidenciales contra el partido adversario se inician así con un duelo interno materializado en una carrera de debates, kilómetros y propuestas singulares que dentro de sus entornos ideológicos buscan el respaldo entre los electores inscritos por cada partido. Los apoyos mediáticos y económicos a uno u otro candidato marcan sin duda las victorias o derrotas que estos van consiguiendo en los diferentes Estados. El número de delegados conseguidos al final del proceso decide quién es el candidato y quien queda denostado en el camino. O no.

Barak Obama ganó las primarias del partido demócrata en 2008 y siendo Presidente (2009 – 2017) incluyó en sus gabinetes a dos de sus rivales en la carrera de las primarias: Joe Biden y Hillary Clinton, como Vicepresidente y Secretaria de Estado, los dos miembros de mayor rango en el gobierno tras el propio Obama.

Joe Biden se enfrentó a Obama y fue su vicepresidente. Kamala Harris se enfrentó a Biden y es su Vicepresidenta.

Otros países y otras formaciones políticas tienen / tenemos procesos similares para la elección de nuestros dirigentes que deriva casi de forma inmediata en la conversión de estos como candidatos a los diferentes procesos electorales. O no.

El nombramiento de Kamala Harris como Vicepresidenta en el gabinete de Joe Biden debe ser leída como la estrategia de un líder que acabó siendo el candidato demócrata sin levantar grandes entusiasmos, ni siquiera entre sus delegados, y necesita el apoyo unánime de su partido, un peso político que solo conseguirá si es capaz de que todos los demócratas se sientan representados en el gobierno y apoyen sin fisuras, pública y privadamente, las políticas que se aborden.

Quiero pensar que Harris no es vicepresidenta solo por ser mujer. Quiero pensar que lo es porque el partido demócrata (y Biden) ha entendido que tras cuatro años de un presidente nefasto no pueden permitirse el lujo de una desconexión del electorado demócrata, pero tampoco de los miembros del partido que son quienes realmente han posibilitado la victoria en las presidenciales.

La diferencia entre un jefe y un líder es que al primero se le obedece por contraprestación de la nómina y el segundo convence sin dar a cambio más que la empatía y la confianza de que es el camino adecuado. La habilidad para unir contrincantes y hacer de ellos los mejores aliados es propia de un líder. Obama lo consiguió. La mayoría confiamos en que Biden siga su estela y Kamala sea el ejemplo de lealtad y continuidad.

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La política de abajo arriba

Desde que estalló la pandemia, muchos han sido los debates que se han abierto -con mayor o menor acierto- sobre el papel que deben ejercer las administraciones para hacer frente a esta situación inédita. Jamás una sociedad había imaginado cómo un virus podría transformar no sólo nuestro modo de vida, nuestras costumbres. Esta pandemia ha segado la vida de demasiadas personas, sigue poniendo a prueba a nuestros profesionales sanitarios y ha golpeado duramente a nuestra economía. Más allá del impacto sobre la vida de millones de personas en todo el mundo, esta pandemia ha asestado un duro golpe a miles de familias en España y en la Comunitat Valenciana.

A nivel global hemos visto cómo los gobiernos de los distintos países han aplicado medidas para contener la ralentización de la economía y sostener al sistema sanitario. Pero no han sido los únicos. Los Ayuntamientos han alzado su voz y han mostrado su empeño en cooperar en esta crisis. Su labor ha sido extraordinaria. Desde los primeros días en los que la incertidumbre y el temor a un virus desconocido nos atenazaba, los gobiernos locales han sido el sostén de los municipios. De hecho, se han revelado como una pieza clave y se han convertido en los auténticos protagonistas de la gestión de la pandemia. Son los principales garantes para que ninguna persona se quedara sin alimentos o sin la medicación necesaria. Han sido los consistorios los que han procurado la desinfección de calles y han velado por la seguridad de sus ciudadanos. Los ayuntamientos han tendido la mano a las personas más desfavorecidas y, tanto el Gobierno central como la Generalitat, deben seguir confiando en ellos a la hora de diseñar las políticas y acciones necesarias para la recuperación.Publicidad

Por ello no solo quiero reivindicar su trabajo. También defender la necesidad de apoyar a las entidades locales, sin condiciones. Respaldar a los ayuntamientos va más allá de elogiar a un alcalde o alcaldesa de uno u otro partido. Defender a los ayuntamientos supone apoyar a sus autónomos, a sus hosteleros y a sus pequeños comercios, en definitiva, defender a la ciudadanía. Las entidades locales, y especialmente los ayuntamientos por ser la administración más cercana al ciudadano, se están esforzando por paliar esta crisis. Ordenanzas fiscales extraordinarias, modificaciones presupuestarias, ayudas directas a autónomos, planes de reactivación del comercio local, interrupción de liquidación de tasas, ayudas para el alquiler de negocios o ayudas extraordinarias para cubrir necesidades básicas de alimentación son solo algunos ejemplos de cómo han reorientado su gestión a amortiguar el golpe que ha asestado la pandemia. Un esfuerzo que, en gran parte de los casos, obliga a estas pequeñas administraciones a necesitar mayores recursos para su financiación. Es esencial que todos seamos conscientes de su papel clave en la recuperación de todos los sectores, de todas las familias, sin excepción. No hablamos de darles un cheque en blanco, sino de tenderles la mano con independencia de su situación financiera, para que sigan haciendo frente a las necesidades de sus municipios. Hacer lo contrario sería como entrar en un callejón sin salida.

En los últimos meses, una infinidad de nuevos términos se han sumado a nuestro vocabulario cotidiano. El campo léxico vinculado al COVID-19 se ha convertido en un habitual en nuestras conversaciones diarias y éste no incluye únicamente vocablos vinculados al ámbito sanitario sino también al político. Si bien la cogobernanza no es un término reciente, sí que ha sonado con perseverancia durante este año. Quizás este abuso o exceso en el uso del término debe ser entendido de acuerdo al contexto y sopesando la magnitud que conlleva una pandemia mundial. Difícilmente se puede negar el pragmatismo de adoptar precisamente una actitud de colaboración y apostar por la cogobernanza. Desde el punto de vista político, hablamos de colaboración pero también de complicidad, lo cual no exime el debate y tampoco la argumentación. Hablamos de complicidad con el fin de desarrollar acciones conjuntas con un fin muy determinado: acabar con la pandemia y amortiguar todas las consecuencias socioeconómicas que conlleva. En este punto, el trabajo conjunto, la cooperación se vuelve imprescindible y para ello y según el pretexto, es esencial abandonar la jerarquía de las instituciones para articular políticas y ayudas públicas acorde a las necesidades de la ciudadanía.

El análisis de lo cotidiano es esencial. Y, sin duda, las instituciones más capacitadas para este fin son los Ayuntamientos. Jerárquicamente, la “política de abajo” es la que conoce de primera mano las verdaderas necesidades por su amplia capacidad de diálogo con agentes sociales. Podemos calificarla incluso, como una de las políticas más maduras pues afronta las adversidades con celeridad, posee gran capacidad de respuesta y de adaptación a los cambios. Las entidades locales pueden aportar una perspectiva de gran riqueza a la hora de modular las acciones políticas, su visión puede o incluso, debe influir en las decisiones adoptadas, en las “políticas de arriba”. Todo, desde un análisis previo de las necesidades y aportando el mayor grado de consenso posible. A dos meses de cumplirse un año desde el inicio de esta pandemia, nuestro país y el resto del planeta siguen atravesando un túnel en el que se vislumbran los primeros rayos de luz. Con la llegada de la vacuna todo nos lleva a pensar que este puede ser el año de la esperanza y la recuperación. Sin embargo, debemos ser realistas. Debemos seguir cooperando, tender la mano a quienes más lo necesitan. Desde el primer hasta el último escalón de nuestra administración.

No podemos bajar la guardia, sino redoblar los esfuerzos para contener el virus hasta que la vacuna llegue a la mayoría de las personas. Una tarea que debe conducirnos, en definitiva, a construir una sociedad más solidaria, justa y cohesionada.

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El Plan contra la desinformación del Gobierno busca salvar un periodismo herido de muerte

Hace apenas una semana los partidos de derecha y extrema derecha, sus altavoces mediáticos, opinadores varios e incluso algún medio de comunicación de los definidos serios vocearon encolerizados por «el ataque a los derechos y libertades del gobierno indigno de Pedro Sánchez». El BOE recogía la orden ministerial que regula el procedimiento de actuación contra la desinformación.

La teoría (y la práctica política) está llena de episodios de manipulación de la opinión pública a través de los medios de comunicación. Pero a qué gobiernos interesa la fórmula magistralmente puesta en práctica por Goobbels en la Alemania nazi y reproducida por Franco en España a través de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de Fermin Yzurdiga, Dionisio Ridruejo, Manuel Fraga Iribarne o Pío Cabanillas Gallas.

Está claro que no a gobiernos democráticos.

El estado de shock en el que vivimos en los primeros momentos de la pandemia del Covid19 provocó una necesidad inusual de información. Pero de información veraz. Las administraciones y los cuerpos de seguridad mantuvieron un frente abierto contra las «fakes news», instando a la población a que utilizara únicamente fuentes oficiales para informarse. Aún así el continuo goteo de información disponible en la era de las redes sociales y la mensajería instantánea superó ampliamente nuestra capacidad para procesarla. Y bueno algunos medios de comunicación al uso tampoco perdieron la oportunidad de afianzar amores y odios entre propios y extraños.

¿Qué ha hecho el Gobierno para frenar esta manipulación de la ciudadanía? actualizar el  procedimiento desarrollado en 2019 para cumplir el mandato del Plan de Acción contra la desinformación aprobado por la Unión Europea en 2018. Más simple imposible.

 Y volvieron estos días a los «no-debates» términos como censura y permítanme que me detenga en él. Claro que alrededor de esta apasionante profesión que es el periodismo sobrevuela la censura, pero no procede de un estamento oficial, ni es articulada y desarrollada por una orden ministerial. Los medios de comunicación no son los periodistas; los periodistas hacen los medios de comunicación, pero los grandes grupos empresariales utilizan sus empresas para canalizar la información que les interesa en cada momento. Y qué pueden hacer ellos y ellas. Bien poco. El romanticismo de la objetividad choca contra los intereses de la supervivencia en un mundo en el que cada día más compañer@s aumentan la lista del paro.

La verdad es que la reacción contra el Gobierno que más me ha sorprendido ha sido la del «sector». Los consejos del audiovisual existentes entre sus funciones tienen la de «velar por el derecho de la ciudadanía a recibir una información veraz» – Consejo del Audiovisual de Catalunya-; el valenciano -CAV- en su artículo 4  sobre fines y principios de actuación dice literalmente que debe «velar por el pluralismo político, la neutralidad y la honestidad informativa»; es más, hace apenas unos días el presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, firmó con el Defensor del Pueblo Andaluz, «un protocolo general de colaboración en el ámbito de los medios audiovisuales para impulsar actuaciones conjuntas de protección de los ciudadanos, con especial atención a los menores, ante la desinformación y propagación de noticias falsas, (…)» (sic).

La orden ministerial no pretende modificar o vetar el contenido de los medios de comunicación, busca salvar el periodismo. Ante la avalancha de mentiras y medias verdades hasta twitter ha aplicado mecanismos para que leamos los contenidos antes de difundir lo que publica. Si una foto descontextualizada, sin fuente oficial, sin referencia más allá de «me la envió un amigo que es de confianza» puede convertirse en noticia aunque sea falsa, el periodismo estará muerto.

El escenario no tiene porqué ser tremendista. El gobierno apela a la connivencia y el trabajo conjunto para eliminar la mentira. Hoy estamos hablando de que «los nitratos del agua embotellada por la empresa X superan los niveles permitidos por Sanidad» y mañana la seguridad de todos y todas puede ponerse en peligro por actuaciones deliberadas con los bulos informativos.

Hagámoslo entre todos. Mantengamos vivo el periodismo, a los periodistas, intentemos que las empresas levanten vetos, que la ciudadanía pueda acceder a toda la información veraz,… y dejemos que el Gobierno cumpla con su responsabilidad que es la de protegernos a todos y todas de quienes buscan la manipulación de la ciudadanía para conseguir sus objetivos individuales y sí, acabar con los derechos y libertades que la democracia ampara.

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La valiente defensa de los intereses generales

La singularidad de diferentes profesiones en las que prima el compromiso personal por la consecución de los bienes superiores no ha tenido nunca la relevancia que a mi juicio merece. Hablamos en tiempos de pandemia de héroes y heroínas que nos salvan la vida – en referencia al personal sanitario-; de quienes mantienen la formación de nuestros niños y jóvenes – los enseñantes-; de aquellos que posibilitan la dotación de nuestras despensas – productores, agricultores, transportistas, personal de suministro,…-; y un largo etcétera en el que siempre se olvida a quienes, sea tiempo de pandemia o no mantienen una actividad constante en defensa de los intereses generales y supeditan su vida y su profesión a los demás. Sí, estoy hablando de los representantes públicos, de aquellos a los que de forma mayoritariamente despectiva se nos denomina clase política.

Cuando la generalización convierte la excepción en dogma encontramos deslegitimación gratuita y la actitud incorrecta a la que hay que aplicar cordón sanitario se vislumbra como uso y costumbre generalizado. El célebre “Vuelva usted mañana” de Mariano José de Larra persigue casi dos siglos después al funcionariado definiéndolo como un mal trabajador que solo busca la remuneración mensual sin preocupación ninguna por resolver y/o atender a la ciudadanía. Eso sí, junto a esa concepción no encontraremos quién no sueñe con engrosar las listas de personal público con afán de sumarse a la holgazanería descrita por el célebre escritor. Costumbrismo decían, yo lo definiría como la hipocresía en su máxima acepción.

Situación similar se da cuando en esta España de siempre poblada de árbitros internacionales y en los últimos meses de eminentes epidemiólogos, hablamos de las personas que acertada o erróneamente son los responsables de tomar las decisiones que marcan nuestro día a día. Esas mujeres y hombres que hemos sido elegidos libre y democráticamente por la ciudadanía para poner en práctica políticas públicas en beneficio del interés general.

No es este artículo una defensa subjetiva de actitudes pero sí de aquellos, una inmensa mayoría, que supeditan su legítimo interés personal al compromiso social y solo por ello salen vilipendiados en esa generalización que convierte la excepción en dogma. Hay muchísimos ejemplos con nombre y apellidos de personas a las que su empeño político ha derribado su vida personal, sin un esquema uniforme porque las situaciones son muy diversas. La excelencia y honorabilidad de sus convicciones ha mantenido en pie a un gran número de ellos, pero otros fuere por el motivo que fuere, no han superado los tragos amargos que la actividad pública conlleva.

Hoy, leyendo cómo se trampea en los juzgados para evitar ingresos en prisión de los condenados por el saqueo de la depurado de Pinedo (Caso Emarsa, desvio de 23,5 millones de euros del presupuesto público), de esos que responden a la actitud incorrecta mencionada pero hacen quedar al resto como uso y costumbre generalizado en la política, hoy volvían a mi memoria tantos y tantos que han sido acusados y la justicia ha exculpado y a quienes como Ramón Marí en el caso Emarsa han denunciado irregularidades y por ello han sufrido escarnio.

Este artículo quiere recordar el trabajo de quienes estuvieron enfrente, de quien denunció, de quien se mantiene años y años trabajando por el interés general. Hoy quiero que todos aquellos que creemos en la política, que la vivimos como compromiso con la sociedad, nos veamos reflejados en ellos porque son mujeres y hombres honorables que asumen costes personales inmensos por defender el interés general.

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Resiliencia y sororidad, el ADN de la mujer rural

El 18 de diciembre de 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) decidió que cada 15 de octubre debíamos reconocer en todo el mundo la importante contribución de las mujeres en el desarrollo rural y agrícola, su aportación a la reducción de la pobreza y las mejoras que generan en la sostenibilidad medioambiental y poblacional. Precisamente con motivo de esta efeméride, la ONU publica un manifiesto en el que reivindica la resiliencia de las mujeres rurales, es decir, su capacidad para sobreponerse a momentos críticos o de lograr superar las adversidades con resultados positivos. El tema de este Día Internacional de las Mujeres Rurales es por ello «Construir la resiliencia de las mujeres rurales a raíz del COVID-19», para crear una mayor conciencia de los obstáculos que de estas mujeres deben superar a diario, de sus necesidades y su papel clave en nuestra sociedad.

Las mujeres rurales han vuelto a demostrar su fortaleza. Antes de esta pandemia ya se enfrentaban a diario a grandes dificultades, pero es ahora cuando su papel cobra mayor importancia. Su labor es invisible, pero sin ella habría sido imposible el mantenimiento de nuestros pueblos y de nuestras zonas rurales, las más alejadas de los grandes núcleos de población, espacios que aún mantienen barreras estructurales y sociales que las limitan. 

Creo firmemente que la sociedad en su conjunto debe mostrar su reconocimiento a la contribución de las mujeres en nuestras zonas rurales. Defender su papel no solo supone reivindicar la igualdad. También implica proteger la sostenibilidad medioambiental y el desarrollo poblacional que hace posible el mantenimiento de nuestros pueblos y de su actividad económica. Reivindicar el papel de la mujer rural es sinónimo de defender el progreso, el emprendimiento, la igualdad, la innovación, el liderazgo, el sacrificio, la diversidad, la generosidad… Por todo ello debemos seguir escuchando sus necesidades y sus reivindicaciones y darles respuesta para mejorar la calidad de vida en el medio rural.

Debemos lograr que las mujeres del medio rural tengan los mismos derechos que las mujeres de las zonas urbanas, así como el acceso a los servicios públicos para la atención de sus necesidades y las de sus familias o la conciliación de la vida laboral y personal. El concepto de igualdad adquiere un papel protagonista cuando hablamos del medio rural y para ello es necesario modificar ciertos comportamientos sociales, implementar mecanismos públicos efectivos que mejoren sus vidas pero, sobre todo, reconocer la labor y el trabajo que desarrollan.

Uno de los ejemplos de ese compromiso lo ha mostrado el área de Igualdad de la Diputació de València, en colaboración con FADEMUR (Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales), que ha puesto en marcha la iniciativa ‘Mujeres referentes del mundo rural’, un proyecto pionero para el emprendimiento femenino rural, premiando su dedicación, trayectoria y atrevimiento, y dándole voz a su historia y negocio.

También el Gobierno es consciente de la importancia de dar nuevos pasos adelante, uno de los últimos lo ha dado esta misma semana el Consejo de Ministros, que ha empezado a tomar medidas para combatir la brecha salarial y, para ello, ha aprobado un plan de igualdad salarial entre hombres y mujeres. Pero también sigue trabajando en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y sus particularidades en el medio rural. Del mismo modo, mantiene su compromiso para que la ley de Titularidad compartida sea efectiva o que la PAC contemple la perspectiva de género.

Motivar la igualdad y una integración plena en la vida social de las mujeres rurales es sinónimo de desarrollo económico pero también supone una aproximación a una sociedad avanzada y diversa. Hablo de aproximación porque todavía existen ciertos esquemas sociales en el imaginario colectivo que se deben superar para poder hablar de una igualdad efectiva y por tanto del empoderamiento de las mujeres. Porque no olvidemos, empoderar es un proceso individual y colectivo.

Este proceso pasa entre muchos aspectos, por una modificación de los estereotipos. Es crucial eliminar la segregación ocupacional por razón de género, especialmente en un entorno con trabajos tradicionalmente considerados “para hombres” y que tiene como efecto la perpetuación más profunda del patriarcado ya que en la mayoría de casos, restringe el papel de la mujer al hogar. Una brecha de género que sin duda limita la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

A propósito de las oportunidades, es necesario también modificar la concepción de este término cuando se trata de iniciar una idea o un proyecto en el medio rural. En definitiva, emprender. Porque el emprendimiento de las mujeres rurales no tendría que ser concebido únicamente como una vía de escape auspiciada por la necesidad sino una alternativa elegida, estudiada, valorada que requiere esfuerzo e implicación.

Para superar estos patrones culturales y sociales mencionados, y otros muchos, la sororidad es fundamental. La Real Academia de la Lengua (RAE) lo define como “la relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en su lucha por su empoderamiento». Hace referencia a la unión, a la necesidad de generar redes y alianzas para que las mujeres podamos alcanzar espacios en la sociedad civil. Y bajo esta premisa han surgido en los últimos años, distintas organizaciones que con su activismo contribuyen a que el liderazgo de las mujeres y su papel transformador sea cada vez más visible en el mundo rural.

Y es que en estos casos, visibilizar supone exhibir la realidad de las mujeres rurales para que todos en nuestro conjunto, hombres y mujeres, atajemos la desigualdad que no es aceptable en una sociedad avanzada como la nuestra. Solo desde el conocimiento podremos combatir las diferencias que aún existen. Es un trabajo individual y colectivo. 

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Economía y salud pública, ¿términos incompatibles?

Desde que comenzó la pandemia del COVID-19 han sido numerosas las voces que han mostrado la necesidad de elegir entre el mantenimiento de la economía y la salud pública, de tal modo que la elección de un elemento excluya matemáticamente al otro. Sin embargo, es posible compatibilizar ambos conceptos. Salud y economía son conceptos que no podemos desligar. Una sociedad sana, es una sociedad próspera, con mejores recursos para mejorar el estado de bienestar.

El virus que nos azota a nivel mundial nos obligó hace unos meses a frenar en seco, a paralizar prácticamente todos nuestros sectores económicos.  En aquel momento la prioridad era salvar vidas ante una situación extremadamente crítica.  Desplegamos un escudo social para proteger a los más vulnerables, habilitamos ayudas para los autónomos, asistimos a los trabajadores y aprobamos un avance social histórico: el Ingreso Mínimo Vital.

En junio dejamos atrás aquellos 100 días del estado de alarma. La «nueva normalidad», nos ha permitido abrir paso al deshielo económico en plena pandemia, reactivar la actividad, tras la que se ha definido como la mayor conmoción sanitaria, social y económica de los últimos 80 años. Sin embargo, en este nuevo contexto, no debemos olvidar que el virus no ha dejado de circular. La movilidad propia de la temporada estival, las interacciones familiares y los encuentros sociales han causado un indeseado incremento de las cifras de positivos. Es cierto que no podemos achacar el aumento de contagios a un único factor y que la mayor parte de la población valenciana está manteniendo un comportamiento ejemplar. No obstante,  no podemos bajar la guardia. Debemos estar vigilantes y atajar determinadas actitudes que han elevado las estadísticas. 

Los expertos ya han advertido que los comportamientos no pueden volver a ser los mismos que antes de la pandemia, todavía no. Nuestra actitud individual resulta determinante. La lucha contra el coronavirus es responsabilidad de la sociedad en su conjunto y nuestra contribución, sin duda, ayudará a rebajar la carga asistencial del sistema sanitario, redundará en el necesario crecimiento económico de nuestro país y contribuirá a una gestión efectiva de la epidemia.

Creo sinceramente en que, con el esfuerzo de toda nuestra sociedad estamos a tiempo de evitar medidas drásticas como las que nos llevaron al confinamiento del pasado marzo. Administraciones públicas, sectores económicos, colectivos sociales y el conjunto de la ciudadanía debemos remar en la misma dirección para fortalecer la estrategia de contención y ataque de un virus que no puede volver a doblegarnos.

El Gobierno progresista de Pedro Sánchez sigue trabajando para buscar la necesaria unidad y los acuerdos necesarios para salir cuanto antes de esta crisis, siempre velando para para que prevalezca la justicia social y nadie quede atrás. La reactivación ya empieza a reflejarse en las cifras de empleo y de actividad económica. También en la Comunitat Valenciana, el president Puig ha suscrito el pacto para la reconstrucción con patronal, sindicatos y todas las instituciones valencianas.  

Tenemos por delante la tarea de la recuperación de nuestra economía. Para ello, es nuestra responsabilidad esforzarnos para iniciar el curso en las mejores condiciones epidemiológicas. Sabemos que el riesgo de contagio no será nunca cero, ni en los centros escolares, ni en los lugares de trabajo, ni en cualquier actividad… pero sí que podemos trabajar unidos para minimizarlo. 

Uno de los grandes retos que se nos plantea en pocos días es la vuelta a los centros escolares. La pandemia ha causado la mayor disrupción que nunca ha vivido el sistema educativo mundial. La ONU ha alertado de que a mediados de julio las escuelas permanecían cerradas en más de 160 países, algo que afecta a más de 1.000 millones de estudiantes. El Consell sigue avanzando para asegurar la salud de todo nuestro alumnado y garantizar una vuelta a las aulas segura, presencial e inclusiva consensuando con todos los partícipes la forma más adecuada para ello.   

Vivimos un momento decisivo para la Comunitat Valenciana y para el resto del país y debemos estar a la altura de este enorme desafío. Nadie tiene la certeza de cuál es la mejor fórmula. Lo único que podemos afirmar con rotundidad es que solo con unidad y determinación podremos hacer frente a la necesaria reconstrucción de nuestro país. 

La cogobernanza entre Estado y Comunidades Autónomas va a ser una de las claves para que los próximos meses sean productivos económicamente pero sin perder de vista un virus que sigue infectando y afectando a la población. 

La seguridad plena no existe nunca pero las distintas instituciones llevan meses trabajando para contener el virus, activar la actividad económica y que la nueva normalidad sea lo más pronto posible una normalidad mejorada. A nivel individual podemos aportar mucho siendo ejemplares en nuestros comportamientos.

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La violencia sí tiene género

El inicio de la desescalada tras cerca de cien días de confinamiento nos mostró un fenómeno para muchos desconocido; el denominado “Síndrome de la Cabaña”. Según los expertos, esta secuela psicológica la experimentan personas que mantienen la percepción de que su casa es el lugar más seguro en el que pueden permanecer y desarrollan pensamientos catastrofistas vinculados a lo que se encuentra más allá de los límites del hogar. Más allá de este síndrome, lo cierto es que durante esas complicadas semanas en las que permanecimos aislados para doblegar la curva del virus, nuestras casas fueron nuestro refugio, nuestro lugar seguro. Ese entorno confortable en el que fuimos espectadores a través de los medios del trabajo incesante de miles de profesionales para ganar la batalla sanitaria. 

Sin embargo, lo que para la mayoría de la población representa un entorno en el que mantenerse a salvo y protegido, ha supuesto un auténtico calvario para miles de mujeres que se han visto obligadas a convivir con sus “verdugos”. Resulta paradójico que los hogares que han servido para proteger a las personas del COVID-19 hayan supuesto un espacio de vulnerabilidad y violencia para algunos menores y mujeres.  El estado de alarma ha encerrado a las víctimas con sus maltratadores. 

España registró la muerte número 1.000 el 20 de abril, en pleno estado de alarma.  La víctima era Irene, de Olot (Gerona);  una madre de 44 años que coincidía con el “perfil tipo” de mujer asesinada a manos de un hombre desde que estos crímenes comenzaron a contabilizarse.

Según el último estudio del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género,  entre enero de 2003 y abril de 2019 hubo un asesinato machista cada semana,  es decir, más de 60 al año. El perfil de las víctimas era, en su mayoría, de mujeres jóvenes, de nacionalidad española y con hijos que convivían con el agresor. Además, otro denominador común entre ellas es que gran parte de ellas -tres de cada cuatro-eran madres y casi la mitad tenían hijos menores de edad. Este drama ha supuesto dejar huérfanos a 765 menores, de los cuales 499 eran hijos del agresor y 266 fruto de relaciones anteriores o posteriores. En la Comunitat Valenciana, desde 2003, en el que comenzaron a contabilizarse los asesinatos machistas, ya son 134 las mujeres y seis los menores de edad los que han perdido la vida en manos de sus parejas o exparejas, dejando a 41 menores huérfanos.

Los datos registrados también revelan que durante la pandemia las llamadas al 016 para el asesoramiento en esta materia aumentaron un 47% y las consultas online un 650%, si comparamos el periodo del 1 al 15 de abril de 2019 con el del presente ejercicio.  Hablar de estas cifras resulta cada vez más desgarrador y alarmante, especialmente en un momento en el que los agresores han percibido mayor impunidad para acometer sus objetivos. 

El estado de alarma y el aislamiento que ha traído aparejado ha entrañado una mayor dificultad a los poderes públicos y para las fuerzas de seguridad para actuar ante el primer indicio de violencia, un periodo en el que se ha evidenciado la creciente necesidad de atención a las víctimas. Esta experiencia nos muestra la necesidad de seguir implementando medidas de prevención, sensibilización e intervención para erradicar la violencia machista y reforzar el trabajo conjunto de las instituciones en nuestra provincia, a través de la Red de Municipios Protegidos contra la Violencia de Género impulsada por la Diputación de València. También resulta crucial mantener las vías de diálogo e interlocución con el Estado para extirpar de nuestra sociedad esta lacra que se ha llevado por delante a demasiadas víctimas. 

Precisamente este desfavorable contexto llevó al Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso a presentar una Proposición no de Ley para reforzar el apoyo a las víctimas de la Violencia de Género ante la emergencia sanitaria generada por el COVID-19 y otra iniciativa para la atención de los menores frente a la violencia en situaciones de confinamiento. 

Tras la declaración del estado de alarma, también el Gobierno puso en marcha un plan de contingencia contra la violencia machista, medidas estratégicas encaminadas a prevenir, controlar y minimizar las posibles consecuencias negativas derivadas del confinamiento. Para implementar jurídicamente este plan se aprobó un real decreto-ley de medidas urgentes en materia de protección y asistencia a las víctimas de violencia de género, y en una segunda fase, adoptó una serie de medidas dirigidas a las víctimas de trata y explotación sexual. 

Es cierto que hemos avanzado para combatirla y aumentar la protección de las víctimas. La Orden de Protección (LO 27/2203 de 31 de julio), la Ley Integral contra la Violencia de Género, aprobada en 2004 por el Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, la reforma de más de una decena de leyes o la aprobación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género en 2017 son claras muestras de ello. También la plataforma  VioGén, un protocolo de seguimiento integral a las víctimas de violencia de género, o la campaña ‘Mascarilla 19’ en las farmacias, para ayudar a las mujeres que sufren violencia machista han sido herramientas que, sin embargo, son insuficientes para frenar las terribles estadísticas.

Creo sinceramente que en esta cuestión nunca podremos ser conformistas. Las víctimas de violencia deben saber que estamos cerca de ellas para apoyarlas y acompañarlas. Como sociedad debemos asumir que la violencia de género es una violación de los derechos humanos. No podemos consentir que el hogar sea un lugar peligroso para nadie. 

En un momento en el que hay partidos en las instituciones que niegan la propia existencia de la violencia de género, debemos multiplicar nuestros esfuerzos para seguir impulsando el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y concienciar al conjunto de la sociedad de que existe una violencia específica contra las mujeres por el hecho de serlo.  La violencia sí tiene género.

Como mujer, como socialista y como feminista creo que no puede haber más cobarde expresión de la desigualdad que la violencia contra la mujer. Mientras la violencia de género exista en nuestro país no podremos detenernos. Seguiremos luchando para vivir en una sociedad justa e igualitaria.

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Mucho más que abuelos

Cuando pienso en las personas mayores recuerdo con especial cariño la afectividad extrema que existió siempre entre mis hijos y sus abuelos. No tengo situaciones personales evocadoras con los míos, anécdotas en nebulosas que vienen a mi mente más por historias contadas y fotografías antiguas que vivencias reales. Pero sí tengo muy presente el amor sin condiciones que mis pequeños recibieron y que tuvieron la oportunidad de devolverles en el umbral de su partida. La calidez, las caricias, los cuidados, las enseñanzas y la entrega absoluta por encima incluso de sus diferencias, se convirtieron en acciones de doble dirección.

Siento particular nostalgia por esas personas de piel surcada por los años capaces de crear instantes mágicos, sonrisas robadas, sabores genuinos  y, sobre todo, cálidos abrazos que nadie -ni siquiera los padres- puede sustituir. Los momentos vividos con los abuelos son esenciales durante la infancia. Sus abrazos, sus miradas, sus cuentos, sus besos… son muestras de amor incondicional que resultan imborrables de nuestras vidas. Son su mejor legado.

El 26 de julio se celebra el Día de los Abuelos, una jornada para reivindicar el papel que desarrollan los mayores. Esas personas que en muchísimos casos cuidan, educan y  acompañan a nuestros pequeños en los primeros años de vida. Personas que no son meros “cuidadores de nietos”.  La sociedad, la economía, los nuevos hábitos de vida, la conciliación laboral y otros muchos factores han hecho que los abuelos hayan pasado a convertirse en el sostén de numerosas familias en muchos sentidos.

La generación que -en muchos casos- nació en guerra y postguerra, la que trabajó duro para sacar a España del desarrollismo en derechos y libertades, la que disfrutó (a medias) de la apertura social y cultural y la que ahora vuelve a vivir situaciones inciertas. Una  incertidumbre que  puede llevar al recuerdo de tiempos pasados. Para los más jóvenes, la actual generación de abuelos, no solo aportan ayuda económica, también tienen un papel esencial en el desarrollo de los nietos, de su educación y de su tiempo de ocio.

Pero más allá de los cambios de hábitos o del papel que deben asumir los abuelos para apoyar a la familia, quiero defender su figura como transmisores de valores hacia los nietos, la influencia que ejercen en su educación y el gran vínculo afectivo que se crea entre ellos. Sus mimos, sus malcríos, sus concesiones… La relación entre un nieto y un  abuelo traspasa normalmente el esquema educativo para convertirse en la figura que protege y permite. 

En los últimos meses, el estado de alarma nos ha llevado a experimentar una nueva realidad en la relación entre abuelos y nietos.  El confinamiento no solo obligó a proteger a los más mayores, grupo de alto riesgo de contagio y con más tasa de mortalidad, el distanciamiento físico también afectó de manera muy especial a su día a día. Pero ellos, una vez más, han mostrado su fortaleza para salir de esta etapa especialmente complicada.  Las plataformas digitales y, en concreto, las videollamadas se han convertido en el nuevo vehículo para conservar la relación nietos-abuelos. Un nuevo paradigma instaurado forzosamente que, sin embargo, ha superado las diferencias generacionales con las tecnologías. Pero que, sobretodo, han acercado y han aplacado en ocasiones, la sensación de soledad y de vacío que ha llevado, especialmente a las generaciones más mayores, a mantener una actitud algo más anárquica ante las medidas de confinamiento.

Vivimos una etapa de “nueva normalidad”, una situación que genera grandes incertidumbres, pero que alumbra algunas certezas: los abuelos han pasado de ser “cuidadores” a tener que ser cuidados, los hijos dependen en mayor medida de sus progenitores, el cierre de los colegios ha llevado a explorar nuevas formas de trabajar, los hábitos sociales se han transformado considerablemente y la sociedad, en definitiva, no volverá a ser la misma. 

Sin embargo, hay cuestiones que no pueden cambiar.  Los nietos “dan vida” a los abuelos, es parte de su “contrato intergeneracional” y los abuelos seguirán siendo transmisores de valores, de la historia, de las tradiciones familiares, les enseñarán juegos, serán sus confidentes. Seguirán siendo aquellas personas que nos ofrecen un tesoro incalculable, su huella en nuestra memoria. ¡Feliz Día de los Abuelos! 

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La reconstrucción tras el año cero

El 2020 posiblemente será recordado en los anales de la historia como una especie de año cero en el que un virus desconocido sacudió a la humanidad. La COVID-19, la pandemia causada por el SARS-CoV-2, se cobró demasiadas vidas y transformó por completo nuestros hábitos, paralizó la economía mundial y puso a prueba a la comunidad científica internacional. 

2020 también es el año en el que se  impuso la “‘nueva normalidad”, tras 98 días de confinamiento. Pero más allá de los estragos causados en los sistemas sanitarios a nivel mundial y de las medidas aplicadas para paliar los efectos que sobre la economía ha tenido esta pandemia, el coronavirus ha generado un shock psicológico en nuestra sociedad; un clima de inseguridad y desconfianza que también debemos combatir. Y hacerlo es responsabilidad de todos.

Esta pandemia ha derivado en una crisis que trasciende las consecuencias sanitarias. La sociedad ha sido consciente de que somos vulnerables, que un agente microscópico ha puesto en jaque nuestro modo de vida y que aún existen muchas incógnitas que la ciencia debe resolver.Pero precisamente esa conciencia de vulnerabilidad nos ha traído aspectos positivos. Las innumerables muestras de solidaridad y empatía y, sobre todo, una disciplina social ejemplar que nos ha ayudado a contener la curva de contagios. Ese distanciamiento también ha tenido otras consecuencias positivas, como la universalización del uso de las nuevas tecnologías, incluso en las generaciones más mayores, que nos han ayudado a estar más cerca de los nuestros, aunque fuera tras una pantalla de móvil. También nuestra industria se ha puesto a prueba y ha sido capaz de reinventarse con rapidez para producir el material sanitario tan necesario en los momentos más difíciles de la pandemia.

Más allá del aspecto sociológico, esta emergencia ha generado una crisis transversal que ha salpicado a todas las esferas de nuestra sociedad, un fenómeno que no solo ha obligado a los poderes públicos a combatir el virus. También les ha llevado a intensificar sus esfuerzos para garantizar que ningún ciudadano se quede atrás. 

Hace unos días, el presidente Sánchez señalaba que esta crisis ha acelerado muchos cambios, aspectos que sabíamos que iban a llegar, pero que se asumirían en los próximos años. Cuestiones como la digitalización  empresarial, el teletrabajo, el mayor uso de las nuevas tecnologías en los centros escolares, las aulas virtuales, los cambios en nuestros hábitos de vida y de consumo o en nuestra forma de relacionarnos son solo algunos de los grandes cambios que emergen tras esta crisis sanitaria.    

Ahora, la llamada “nueva normalidad” o “normalidad provisional” tras el estado de alarma nos obliga a todos a tomar la iniciativa. Es nuestra responsabilidad como sociedad. Esta experiencia nos muestra que durante un tiempo las cosas no serán como antes y que debemos adaptarnos a este entorno. Se trata, sin duda, de una misión colectiva en la que no solo los poderes públicos deben aportar soluciones. Agentes sociales, empresas, autónomos, colectivos, instituciones educativas o universidades, entre otros, deben hacer frente común para alcanzar un mismo objetivo: recuperar la normalidad que este virus nos arrebató y aprovechar lo vivido para subsanar deficiencias y mejorar nuestra realidad.

En esta estrategia, son muchas las cuestiones que debemos poner sobre la mesa. Como ejemplo, la comisión creada en el Congreso para la Reconstrucción Social y Económica ya ha acordado más de medio millar de recomendaciones para salir de la crisis del coronavirus, en las que se incluyen planes de prevención, reservas estratégicas, más inversión en servicios públicos, ayudas económicas y nuevas leyes que fomenten el teletrabajo y los horarios racionales. En esta senda, los objetivos de la ODS también serán un bastión en los que fijar las nuevas líneas de trabajo para alcanzar una reconstrucción sostenible e integrada.

En la Comunitat Valenciana la comisión para la Reconstrucción se ha alzado como foro de debate compartido con los representantes de los diferentes sectores. El intercambio de propuestas, visiones, versiones y planteamientos supone un enriquecimiento mutuo y auspicia el éxito del gran pacto de sociedad por el que apostó el President Puig. 

La emergencia sanitaria ha puesto en valor el poder de anticiparse. Esto es, encontrar respuestas tempranas si es posible, a largo plazo ante aspectos que amenazan nuestro entorno. Y este esquema debe ser aplicado con premura ante la emergencia climática y ambiental, y de manera conjunta, integradora y universal, del mismo modo que el COVID-19 se ha afrontado de manera global.

Aludo a adjetivos que refieren a la cooperación porque solo con ella nuestro país podrá afrontar la reconstrucción. En este camino, el diálogo con el resto de países integrados en la Unión Europea resulta clave tanto para lidiar por aspectos como la transición ecológica o digital, como para acometer objetivos más específicos de nuestro territorio. 

España ha creído desde el principio en el proyecto europeo y ahora es momento de demostrar que mecanismos como el Fondo de Recuperación en Bruselas son sólidos y pragmáticos. Y a propósito me gustaría citar el principio de solidaridad, tanto de algunos países miembros como de determinada formación política de nuestro país, que se niega a defender los intereses propios fuera de España. 

En definitiva, todo suma. Si algo nos ha enseñado esta crisis sanitaria es que el conjunto de la sociedad y los actores políticos siempre se necesitan. De poco sirve implementar medidas o restricciones si no hay una respuesta positiva y disciplinada como la que ha habido durante el confinamiento. Del mismo modo que no existe una sociedad justa sin la participación y opinión constructiva de agentes sociales a la hora de establecer prioridades en la agenda política. 

Personalmente, creo que el conjunto de la ciudadanía en su mayoría ha escuchado a este Gobierno. Pero también que el Ejecutivo ha atendido las necesidades e intereses singulares de los diferentes sectores y ha legislado o rectificado en consecuencia. Ahora esta dinámica con un enfoque similar al win to win debe mantenerse más que nunca. Entre todos hemos conseguido frenar el virus, aunque sigue presente. El miedo que generaba ver la cantidad de muertes por COVID-19 debe ahora transformarse en responsabilidad. Responsabilidad para mantener las medidas higiénicas y de distanciamiento físico correspondientes sin olvidar que son compatibles con la regeneración económica de nuestro país.

Las instituciones ya articulan medidas para hacer frente a este nuevo paradigma y los ciudadanos y ciudadanas debemos ser parte activa del engranaje que consolide la recuperación. Colaboremos con los sectores más afectados, ajustémonos a la “nueva normalidad” y respaldemos a las personas más vulnerables. De este modo, nadie se quedará atrás.

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Llegará el día en el que no importe a quien se ama

El 28 de junio se celebra en todo el mundo el Día del Orgullo. Será nuevamente una jornada para reivindicar la orientación sexual y la identidad de género de cada persona. No obstante, este año será excepcional por el contexto en el que vivimos. Un escenario que no solo viene condicionado por la nueva realidad, consecuencia de la pandemia que hemos vivido. También por el creciente ambiente de crispación auspiciado por algunos colectivos y partidos de ultraderecha, cuyo objetivo no es otro que recortar libertades a quienes reclaman la universalidad sus derechos, con independencia de sus valores ideológicos, culturales, religiosos y, por su puesto, de su identidad sexual.

Vivimos en el siglo XXI. Las políticas públicas encaminadas a conseguir la igualdad plena son cada vez más constantes, pero en los últimos meses han resurgido las manifestaciones de odio por cuestión de género, raza u orientación sexual. Resulta cuanto menos contradictorio que en una sociedad cada vez más avanzada todavía exista una minoría capaz de resonar a través de sus mensajes de odio.

A esos grupos debemos recordarles con vehemencia que las personas LGTBI tienen los mismos derechos que el resto. No estamos reivindicado ni creando derechos exclusivos para un colectivo y por tanto nadie puede negárselos. Quienes no crean en estos principios, aunque tengan presencia en las instituciones, no representan a la mayoría de las personas.

Los representantes públicos tenemos el deber de promover las condiciones para que la libertad y la igualdad individual sea real y efectiva. 

Debemos ser conscientes de que estamos ante un momento de avances, pero que todavía no han culminado. La pedagogía entre agentes sociales e individuos resulta fundamental para entender que la diferencia en la orientación sexual no es en sí una diferencia, sino una condición y elección personal igual de válida y, por tanto, respetable que no debe conllevar ningún tipo de desigualdad. Tampoco un freno para desarrollar un proyecto de vida con igualdad de oportunidades.

Paradójicamente, en la mayoría de ocasiones estas oportunidades dependen en gran medida del entorno. Y es ahí, en determinados entornos como el rural, donde el colectivo LGTBI  es más vulnerable. Las dificultades en estos espacios se agrandan ante la falta de referentes y la escasa visibilidad. Además, salir del armario lleva implícita una estigmatización y discriminación que culmina con el éxodo de las personas LGTBI a las grandes urbes, donde desde el anonimato encuentran una mayor aceptación social.

Desde el PSPV-PSOE de la provincia de València llevamos celebrando desde 2012 el Día del Orgullo LGTBI Rural, una jornada que reivindica la libertad de elegir y la diversidad en este entorno para normalizar realidades y que las futuras generaciones puedan tener una vida libre de discriminación.  No podemos olvidar que los armarios pueden en algunos casos ser confortables, pero siguen siendo armarios. No debemos permitir que ninguna persona renuncie a ejercer su plena libertad, con independencia del lugar en el que viva. Por ello, nuestro gran objetivo es que estos municipios sean espacios seguros para la diversidad y que la orientación sexual jamás sea un condicionante que motive la despoblación.

Durante estos más de 40 años de democracia, el papel de las instituciones para atajar la lacra de la discriminación ha sido crucial. En nuestro marco constitucional, los ayuntamientos han hecho de la igualdad uno de sus ejes prioritarios, promoviendo medidas que atienden a las necesidades reales de todas las personas, impulsando acciones de respeto y protección plena frente a la discriminación.

Como secretaria general del PSPV-PSOE de la provincia de València quiero reivindicar el trabajo de los gobiernos locales, los que tienden la mano a la ciudadanía y aportan  herramientas de sensibilización y educación para erradicar de nuestra sociedad cualquier tipo de manifestación contra las personas LGTBI. Debemos seguir actuando en el ámbito familiar, en el escolar, laboral, social, cultural, económico y político y encontrar la adecuada implementación de iniciativas que permitan una igualdad efectiva de las personas en todos los municipios.

El 28 de junio es un día para recordar que conmemorar el orgullo no es perpetuar la diferencia, sino celebrar la progresiva consolidación de derechos de personas que por tener en este caso, una orientación sexual diferente a la tradicionalmente establecida, sufren desigualdades. Hemos trabajado intensamente. Hemos conquistado derechos. Hemos consolidado la igualdad en un mundo de diversidad. Continuaremos librando la lucha para lograr que en nuestra sociedad nunca más importe a quien se ama.

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