Mercedes Caballero se presenta a las primarias para hacer valer la fuerza de la militancia

● La candidata apela a la igualdad efectiva para que los puestos de decisión sean ocupados por mujeres: “No solo queremos estar, queremos decidir”

“La militancia del PSPV-PSOE es mayor de edad, tiene criterio propio y no necesita que le digan cómo tiene que pensar y sentir el partido”

La secretaria general del PSPV-PSOE de la provincia de València, Mercedes Caballero, ha presentado formalmente su candidatura para revalidar el cargo al frente de la estructura provincial del partido. Caballero ha destacado que en este proceso, “nos jugamos que la militancia siga siendo el centro de las decisiones o devolver el partido a tiempos pasados” .

La secretaria provincial ha explicado que “la militancia del PSPV-PSOE es mayor de edad. No necesita que ningún cargo o representante público le diga cómo tiene que pensar, cómo tiene que sentir el partido, ni a quién tiene que respaldar. Hace tiempo que acabamos con esas formas de dirigir a la organización. Tiempos en los que unos cuantos imponían las decisiones a tomar”.

La candidata socialista ha indicado que el proyecto que abandera, “apuesta por el feminismo, el municipalismo, la transparencia, la igualdad real y, por encima de todo, por el poder de nuestras bases, que son el corazón de nuestro partido. En estos cuatro años hemos mantenido la esencia de un partido que consiguió que la militancia fuera quien tomara las decisiones, esa sigue siendo nuestra prioridad”.

Caballero ha destacado que en 2017 la provincia de València fue la primera en comprender que con la ayuda de nuestra militancia podíamos lograr una auténtica regeneración democrática en el seno del partido para acabar con una forma de entender la política alejada de las bases.  “Demostramos que la voz de cada militante es personal, que carece de imposiciones, que es única, y trascendental. La militancia de la provincia fue determinante para que Pedro Sánchez recuperara la secretaría general de nuestra organización. El voto del militante adquirió el carácter individual que fortaleció nuestro proyecto común”, ha subrayado.

La candidata ha puesto en valor la escucha activa y la participación durante su periodo de gestión. “Insistimos en la importancia de sumar, de abarcar todas las miradas sin exclusión. Esa ha sido y será nuestra premisa porque somos conscientes de que son la espina dorsal del municipalismo socialista, nuestra base de ejecución”.

El feminismo se practica con mujeres en puestos de decisión

Caballero ha explicado que seguirá reivindicando la igualdad plena. “El feminismo se practica con mujeres, con hechos, con más que palabras. No solo queremos estar, queremos decidir”. En esta línea, ha indicado que “es momento de que el PSPV-PSOE demuestre que realmente cree en el liderazgo femenino. La igualdad no consiste en simplemente añadir un componente femenino ni un componente de igualdad entre los géneros. Hay que transformar el ejercicio de poder y apostar porque las mujeres también tengan puestos de decisión y no solo de representación”.

Por todo ello ha anunciado que el lema de campaña es “Més que paraules” “porqué  nuestro proyecto, como hemos demostrado, pasa de las palabras la acción, a dar respaldo a agrupaciones, a grupos municipales, a alcaldesas y alcaldes pero también a aquellos portavoces que desde la oposición trabajan diariamente en defensa del interés general. Y “Más que palabras” porque los derechos adquiridos legalmente requieren su materialización efectiva y para ello es fundamental avanzar en una igualdad efectiva que va más allá de la representatividad”.

En redes sociales el hashtag será #PerLaMilitància, “porque defendemos la libertad de nuestras bases y entendemos que somos la estructura que da soporte afectivo, institucional y político a cada persona que desde su municipio sostiene los valores socialistas y, sobre todo, a aquellas personas que sin ostentar cargos ni institucionales ni orgánicos defienden nuestro proyecto por convicción y forman parte muy importante de nuestro partido” . 

25-N. Más que palabras

El 25 de Noviembre se ha convertido en una de las fechas que marcamos con fuerza en nuestro calendario. Año tras año salimos a la calle para reivindicar más que palabras. Clamamos contra una losa demasiado pesada en una sociedad avanzada. El machismo sigue destilando su violencia inexorablemente entre los pilares de nuestra democracia.  El número de mujeres muertas a manos de sus parejas o sus ex parejas se cuentan por miles y, lejos de convivir en una sociedad en la que la violencia contra la mujer se haya convertido en un enemigo común contra quienes maltratan o asesinan, nos encontramos ante una evidente involución, una corriente execrable que niega esta nauseabunda realidad. Son quienes venden el discurso de que la violencia de género es una cuestión política.

Por poner un ejemplo, un estudio reciente muestra que uno de cada cinco jóvenes de entre 15 y 29 años considera que la violencia de género es un invento ideológico y solo uno de cada tres adolescentes reconoce que la violencia psicológica y el control también forman parte de la violencia de género. Estos datos resultan estremecedores, especialmente al tratarse de edades tan tempranas. La adolescencia es una etapa clave en la formación de una persona, por ello es tan importante formar a las nuevas generaciones en estos valores, frente al altavoz envenenado de la extrema derecha, que no solo niega la realidad, sino que cuestiona sistemáticamente la legislación que hemos ido aprobando.

También hace unos días, un concejal de Vox solicitaba la retirada de unas jornadas de concienciación sobre la violencia contra las mujeres . “Dejen de invertir en estas gilipolleces que lo único que están provocando es enfrentamiento entre los sexos, entre las personas, y manipulando a las niñas y las chicas para que denuncien a los chicos, y acabar con la familia», afirmaba. De estas palabras se desprenden muchas cosas. La primera, el blanqueo sistemático de la violencia machista por parte de la ultraderecha y, la segunda, y como él mismo expone, la inversión de dinero público en políticas de igualdad.

Falta mucho camino por recorrer, pero si de algo puede enorgullecerse el Partido Socialista es de incluir el feminismo en el diseño de políticas públicas, de apostar por políticas de Igualdad y de ser pionero de leyes como la Ley Integral contra la Violencia de Género, la Ley de Igualdad Salarial o políticas específicas como la equiparación de permisos de paternidad y maternidad. Es innegable que el trabajo colectivo durante los últimos años ha favorecido la concienciación de un grave problema que merma la calidad de nuestra democracia y nuestra sociedad. Sin embargo, solo en el año  2021, 37 mujeres han sido víctimas de asesinatos machistas en nuestro país. Desde que hay registros, la cifra asciende a 1.118.  Hay 323 menores huérfanos porque sus madres fueron asesinadas a manos de sus parejas o exparejas (violencia vicaria). Estos datos dejan patente que la implicación de instituciones y sociedad civil en esta lucha no puede cesar.

Conjuntamente y también con la complicidad de los hombres, debemos aspirar a erradicar los “feminicidios”, la expresión más cruel de la violencia hacia las mujeres, pero para ello, es necesario atender a muchas otras cuestiones que conforman la base y son el caldo de cultivo de esta lacra social. La violencia simbólica que definió Bordieu es un claro ejemplo pero también la violencia estructural que agranda las desigualdades de oportunidades entre hombres y mujeres en la vida pública. Este tipo de violencia, impulsada por parámetros patriarcales y de dominación sistémica del hombre hacia la mujer deben ser aplacados. Aplacados sin excusas y aplacados desde las instituciones públicas.

Porque de estos esquemas estereotipados e imaginarios machistas nace el miedo por volver solas a casa, se sigue pagando a mujeres por prestar servicios sexuales o nuestros cuerpos siguen mercantilizados e instrumentalizados bajo el concepto vientre de alquiler. Por eso, nuestro horizonte feminista trabaja por abolir la prostitución, prohibir la gestación subrogada, renovar el pacto de Estado contra la Violencia de Género, mejorar la atención a las víctimas de violencia machista especialmente en las zonas rurales o atender nuevos modelos de violencia como la violencia de género digital.

El día 25 de Noviembre volveremos a salir a la calle para gritar que queremos más que palabras. Queremos actos tangibles que se materializan sin una víctimas más, sin la prostitución y la trata, sin la manipulación, sin el machismo consentido, sin el uso de la ideologia de género y con la presencia de mujeres en las esferas de poder y tomas de decisiones. En definitiva, sin ningún tipo de violencia hacia la mujer y consecuentemente, con una igualdad real y efectiva.  Nunca, ni un solo día del resto del año, olvidamos por qué mantenemos nuestra lucha. Es una de nuestras señas de identidad. Así lo demuestran a diario nuestras compañeras y compañeros de partido, el movimiento feminista, las agentes de igualdad, las concejalas de Igualdad y todas las instituciones en las que gobernamos.

El día 25 de Noviembre volveremos a salir a la calle para demostrar el poder transformador del feminismo. Para demostrar que las mujeres no somos sujetos pasivos, que nos levantamos desde hace décadas ante cualquier injusticia por el hecho de ser mujer. Saldremos a la calle para que las nuevas generaciones sigan nuestro camino, el de sus madres, el de sus abuelas, y comprendan que nuestra lucha conjunta abrirá paso a una sociedad más justa, que nos diga que las víctimas no están solas.

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Periodismo de proximidad, un bálsamo en la era de la posverdad

Sin lugar a dudas, la era digital nos ha permitido alcanzar la llamada “democratización en internet”, un término que utilizan los expertos para explicar cómo en la actualidad millones de personas de cualquier lugar del planeta tienen un acceso ilimitado a la información de una manera accesible y sencilla. Con un solo clic tenemos la posibilidad de informarnos activamente sobre cualquier acontecimiento que ocurra a nuestro alrededor, de conectar con personas que están al otro lado del mundo y hasta de poder convertirnos en consumidores y productores de contenido en la red.

Este importante avance en el acceso ilimitado a la información hace que para la mayoría de la población, conectarse a Internet, consultar aplicaciones de cualquier medio de comunicación, utilizar Whatsapp, Facebook, Instagram, Twitter o TikTok  sean ya rutinas de nuestro día a día. En definitiva, ya no somos personas sujetas a los medios de comunicación tradicionales -prensa, radio, televisión-  para poder estar informadas. Internet es una poderosa herramienta que nos permite convivir en igualdad de condiciones sobre el acceso a la comunicación. Dispone de una estructura horizontal, permite distribuir y difundir los contenidos de voces que hace solo unos años no tenían espacio y nos permite beneficiarnos de las nuevas tecnologías en cualquier ámbito de nuestras vidas. Sin embargo, aunque pueda parecer una paradoja, muchos de los contenidos que hallamos en Internet, lejos de mantenernos informados, ha dado lugar a un estado permanente de desinformación. El rigor y la verificación, de hecho, son dos elementos esenciales que están siendo socavados en demasiadas ocasiones.

Como consumidores de información, creo que no es necesario aludir a las recientes campañas de desinformación a las que se han visto sometidos destacados personajes públicos. Cualquier persona que consulte la red puede ser capaz de recordar alguna noticia de dudosa veracidad. Estas situaciones, cada vez más repetidas, han dado lugar al término posverdad.

Según la Real Academia de la Lengua Española, hablamos de posverdad para aludir a la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Actualmente, la posverdad y las denominadas fake news o noticias falsas, se han convertido en una verdadera amenaza no solo para la web, sino para nuestros derechos fundamentales. Las fake news son un auténtica arma de manipulación a través de noticias deliberadamente tergiversadas. Como digo, todos hemos leído alguna de ellas y, casi con toda seguridad, nos hemos creído más de una. Sin embargo, no somos del todo conscientes del peligro que entrañan. Y mucho menos de que todos tenemos una responsabilidad frente a este fenómeno. El periodismo de calidad y el derecho de la ciudadanía a informarse está en tela de juicio.

Uno de los ejemplos más conocidos a nivel internacional fue la campaña que llevó a Trump a la presidencia de EE.UU. Pero también hemos vivido casos mucho más cercanos en los que el uso de las noticias falsas y las redes sociales se han convertido en un arma de destrucción de la imagen de personajes públicos.

Los medios de comunicación deben redoblar sus esfuerzos ante el impacto de este fenómeno que se vuelve cada vez más peligroso y que influye de distintas maneras en las prácticas democráticas. En estos tiempos de posverdad y noticias falsas es fundamental un periodismo riguroso y ético en el que la buena praxis haga frente a las falsedades.

Debemos mantener la mirada crítica para denunciar, alertar de los peligros de las malas prácticas y potenciar el periodismo de proximidad, el que mejor entiende la función social del periodismo. Un caso reseñable es el de El Periódico de Aquí, un diario que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos de hipertextualidad en los que vivimos, y que entiende el bien social que supone transmitir una información esencial, veraz y contrastada a cada uno de nuestros municipios. Un medio que comprende nuestro territorio, nuestra identidad y que sitúa en el centro al lector.

Como periodista, pero también como responsable pública, reivindico un periodismo de calidad y de proximidad. Un periodismo que nos aporte conocimientos para que los lectores dispongamos de elementos con los que formar nuestro criterio. Esa debe ser la base de una sociedad libre y democrática. Sin él, nuestra sociedad será vulnerable y estará expuesta a la manipulación y la propaganda.

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¿Memoria en el currículum o responsabilidad simétrica?

Hablar de desmemoria histórica se ha convertido durante demasiados años en el gran síntoma del trauma colectivo que la Guerra y la dictadura infringieron a nuestro país. El miedo al pasado nos sumió en un agujero educativo consciente y cómplice que ha llevado a todas nuestras generaciones al más absoluto desconocimiento de su pasado más reciente. Una historia silenciada o contada a través de un relato equidistante del que, en más ocasiones de las que quisiéramos, los libros de texto y hasta el propio profesorado han pasado de puntillas.

Para corregir esta disfunción, el sistema educativo español incluirá entre sus fines el conocimiento de la historia, de la memoria democrática española y la lucha por los valores y libertades democráticas. Ya en la Ley 14/2017 de Memoria Democrática y por la Convivencia de la Comunitat Valenciana, se incluyó la necesidad de que la materia se introdujera en todas las etapas de la enseñanza obligatoria. También el nuevo proyecto de Ley de Memoria Democrática urge iniciar la formación del profesorado para que, una vez aprobada la futura ley, se pueda implementar la asignatura en todos los niveles educativos. Solo así, las generaciones que hoy se forman en las aulas y las que vendrán después, podrán incluir en su currículum escolar la Memoria Democrática como parte de su formación en valores cívicos constitucionales democráticos y en el conocimiento de la historia de nuestra democracia.

Pero esta es una necesidad que se revela demasiado urgente como para seguir esperando. Debemos avanzar sin demora. Consideramos imperativa la petición de docentes e historiadores de toda España para incluir la asignatura de Memoria Histórica en el currículum escolar para el próximo periodo académico y para su consecución también es fundamental que en la formación inicial y permanente de todo el profesorado se incluya actualización científica, didáctica y pedagógica en relación con el tratamiento escolar de la memoria histórica democrática de forma transversal. También debemos garantizar que se impulse conjuntamente el derecho a la verdad y la no repetición para prevenir la reaparición del fascismo.

De Greiff explicaba cómo algunos libros de texto continuaban refiriéndose a la Guerra de España en términos genéricos perpetuando la idea de una responsabilidad simétrica entre los dos bandos del conflicto. Otros libros todavía hablan de alzamiento para referirse a Golpe de Estado. Estos signos ofrecen al alumnado una lectura equívoca y fragmentada que puede conducir a obviar el verdadero significado de conceptos como represión o franquismo o incluso a desconocer las causas exactas de la contienda.

Es fundamental por tanto categorizar la memoria democrática como asignatura, dotarla de recursos y herramientas que contribuyan a escuelas e institutos a generar una reflexión reposada y una capacidad crítica del alumnado. Y esto se vuelve especialmente trascendental en el contexto actual donde la derecha ha encontrado en los millennials un nicho de votantes. Una ultraderecha cuyos discursos censuran la memoria democrática y en ocasiones deslizan tintes de querer defender uno de los episodios más crueles de nuestra historia reciente como lo fue el franquismo. Estos discursos son generalmente compartidos en las redes sociales, lugar de referencia y encuentro de estas generaciones y aquí, en esta guarida, se corre el riesgo de caer en la peligrosa corriente de la espiral del silencio donde el sujeto, se suma a la opinión mayoritaria sin cuestionarla, lo que contribuye a su crecimiento y consolidación.

Ante esto, surge la necesidad de formar jóvenes que sí que cuestionen aquello que en ocasiones se les presenta como válido. Especialmente, en este mundo hiperconectado e infoxicado donde cuesta discernir entre la verdad y la mentira. Necesitamos, por tanto, que nuestras escuelas se conviertan en la institución garante de la verdad. La encargada de desarrollar de forma clara y sin falsas equidistancias los cuarenta años de represión de la dictadura franquista así como la lucha antifranquista que se mantuvo frente a ella hasta los años 70. Es preciso revisar los libros de texto escolares y los materiales curriculares que se utilizan para que incluyan contenidos ahora invisibilizados o silenciados con expresiones genéricas que ocultan, más que aclaran, lo que parece no quererse abordar de forma clara y decidida.

Y el trasfondo de todo lo citado anteriormente, no persigue el sobresaliente académico en materia de Historia de España. Persigue la excelencia en tolerancia, en justicia, en reparación a través del conocimiento. Pero por encima de todo, persigue que nuestra historia no se vuelva a repetir. 

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Ser joven, un valor

Hace solo unos días, España madrugaba una vez más para sentarse frente a la televisión y seguir el desarrollo de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. La selección española de baloncesto, bajo la denominación popular de la familia, cayó en cuartos de final frente al potente equipo de EE.UU. Una derrota que ha sido considerada como el fin de un ciclo histórico porqué puso punto y final a la magnífica trayectoria de una generación que durante dos décadas ha conseguido los principales éxitos que se pueden alcanzar en este deporte.

La retirada de Pau Gasol lo es también del más destacado representante de este formidable conjunto de deportistas que no solo ha conseguido triunfos deportivos, sino que nos ha hecho soñar con su gen competitivo, su entusiasmo y su calidad humana. Un equipo que se forjó con jóvenes de poco más de 20 años y que han demostrado que la juventud no está reñida con la responsabilidad, la entrega, el buen hacer y el respeto más absoluto a los valores deportivos. Porque esos jóvenes que a principios de siglo comenzaron a dar sus primeros pasos como deportistas de élite, ahora son ejemplo y guía para las futuras generaciones.

El ejemplo de la selección española de baloncesto me ha llevado a reflexionar respecto al valor de la juventud, ahora que en unos días (el próximo 12 de agosto)  va a celebrarse el  Día Internacional de la Juventud. Durante los últimos la pandemia ha llevado a poner el foco en la responsabilidad de los jóvenes en este duro combate que estamos librando para poner freno a la COVID-19.  A esa generación de jóvenes les hemos pedido que, además de cumplir las restricciones aprobadas por las Administraciones Públicas, siguieran respetando las normas, llevaran puesta la mascarilla, protegieran a sus mayores y, en definitiva, que  extremaran la responsabilidad en este periodo vacacional. Salvo casos contados, la mayoría de ellas y ellos han demostrado que la juventud no es sinónimo de irresponsabilidad ni de relajación de las medidas sanitarias aprobadas.

Reconocer el papel de la juventud y la responsabilidad que ha asumido en esta situación tan crítica a nivel sanitario, social y económico no significa que no pongamos en valor el papel de otras muchas generaciones. Los sanitarios han sido un ejemplo de lucha y coraje durante estos dos años, como primera línea de contención contra el virus. La labor y el buen hacer de médicos, enfermeros y enfermeras o celadores ha sido clave para combatir con mayor acierto este enemigo invisible que es la COVID-19. Su experiencia, igual que la de los alcaldes y alcaldesas, científicos y científicas y responsables públicos ha contribuido a construir el escudo social necesario para que, sin ir más lejos, el proceso de vacunación esté a niveles óptimos a inicios de agosto y la inmunidad de nuestra población vaya a ser una realidad lo antes posible.

Experiencia, en este caso, ha sido sinónimo de implicación personal, horas de trabajo, esfuerzo y dedicación. En definitiva, juventud y experiencia se han convertido en elementos clave de una realidad global en la que cada uno ha desempeñado un papel y la suma del conjunto es más importante que la función individual de cada uno de ellos. No hay uno más importante que otro. La fórmula de nuestro éxito para superar este contexto adverso ha sido la suma de cada una de estas individualidades.

Durante estos años de pandemia los gobernantes han demostrado que para gestionar una crisis sin precedentes como la que hemos vivido es imprescindible conocer el todo, el contexto, la suma de experiencia, la aportación de personas expertas y conducirse con responsabilidad anteponiendo la salud de las personas a otro tipo de intereses.

El 12 de agosto celebramos el Día Mundial de la Juventud, un momento que invita a los poderes públicos a promover el papel de las futuras generaciones en los procesos de cambio y generar un espacio para impulsar conciencia sobre los desafíos y problemas a los que estos se enfrentan: la era post-pandémica, lograr un modelo económico más resiliente y sostenible, convivir en una sociedad más feminista, diversa y justa.

Ser joven es un valor, el PSPV-PSOE lo sabe y lo reconoce, pero no olvida que no es el único principio inspirador a tener en cuenta. El valor de la experiencia también nos ayuda a comprender la vida, a nuestra sociedad y nos permite evaluarnos de forma positiva. Por qué solo si reconocemos el papel de todas las generaciones que conviven en nuestra sociedad podremos adquirir la conciencia social que nos permite articular las mejores políticas.

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Feminismo de tod@s para reivindicar que somos imprescindibles e imparables

En pleno siglo XXI sigue pesando en la sociedad un viejo poso que relaciona el feminismo con un movimiento exclusivamente de mujeres, pero cada vez más hombres se suman a la lucha por trasladar la igualdad legal conseguida a la realidad del mundo. Este 8 de marzo quisiera incidir en la complicidad cada día más extendida de la suma de los hombres al movimiento feminista. ONU Mujeres ha anunciado que el lema para el Día Internacional de las Mujeres es Mujeres líderes: Por un futuro igualitario en el mundo de la Covid-19”. El objetivo de esta jornada es reivindicar los enormes esfuerzos que realizan mujeres y niñas en todo el mundo para forjar un futuro más igualitario y recuperarse de la pandemia de la COVID-19. Y para ello queremos contar también con la otra mitad de la población que son los hombres.

Un año después del inicio de la pandemia, se ha corroborado que las mujeres somos las más afectadas por esta crisis sanitaria. La corresponsabilidad, el teletrabajo, los números de los ERTE o las cifras del paro han sido solo algunas de las consecuencias. Nuestra manera de vivir y trabajar también ha cambiado de manera drástica. Según una investigación de la consultora Deloitte Global realizada 400 mujeres profesionales a nivel mundial, la COVID-19 ha impactado con fuerza en la vida laboral y personal de las mujeres. De hecho, el 70% de las encuestadas se preocupa por el futuro de sus carreras.javascript:false

Pero lejos del sobreesfuerzo que están realizando las mujeres como consecuencia de la pandemia, también sigue existiendo la prostitución o la trata con fines de explotación sexual y la violencia machista. Según expertos del Consejo de Derechos Humanos, las cuarentenas, el cierre de centros escolares y las diferentes medidas que han restringido el movimiento para frenar la propagación de la COVID-19 han contribuido al acusado aumento de la violencia machista.

Como ejemplo, recientemente hemos conocido que Valencia sigue viendo crecer sus datos sobre violencia de género desde el inicio de la pandemia. Esta representa el 65% de las detenciones que ha realizado la Policía Local de la ciudad en el último año. Un porcentaje que en 2020 se situaba en el 45%, según la última memoria elaborada por el grupo GAMA, que protege actualmente a 600 mujeres. Mientras, la Comunitat Valenciana fue segunda en víctimas de violencia de género por cada 10.000 mujeres en el tercer trimestre de 2020, con un registro de 23,5, según los datos del informe trimestral del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género.

Como vemos, la incidencia de la COVID-19 sí entiende de géneros en todas sus dimensiones. Una situación que en numerosos casos no ha hecho más que agravar algunos problemas que arrastra nuestra sociedad, contra los que seguimos trabajando para alcanzar la plena igualdad.

Es cierto que en los últimos años se ha avanzado en materia de igualdad gracias a las políticas progresistas, pero aún queda un largo camino por recorrer. Hace pocas semanas, en el Día de la Igualdad Salarial, un estudio revelaba que las mujeres valencianas cobran 5.300 euros menos que los hombres. Una cifra devastadora que apunta a la necesidad de acometer entre todos y todas la brecha salarial. Para ello, es importante acabar con los roles de género vinculados al trabajo.

Todavía existen estereotipos y trabajos masculinizados y feminizados, estos últimos ligados normalmente al cuidado de personas, al hogar, limpieza o puestos de cajeras en supermercados. Precisamente, sectores que han sido fundamentales durante la pandemia pero que sin embargo, el valor que socialmente se le otorga es menor. Nada casual. Del mismo modo, el porcentaje de mujeres en puestos de responsabilidad es sustancialmente menor al de los hombres. No cabe duda que este es un problema social, fruto de factores estructurales e históricos que arrastramos y que requiere solución. Integrar la perspectiva de género en el ámbito laboral es fundamental pero su aplicación se debe extender también a otros todos los ámbitos de la sociedad.

Para ello, debemos romper con las viejas reglas del juego y acabar con realidades tan injustas como que los hombres han ganado más dinero trabajando lo mismo, han accedido con más facilidad a puestos de relevancia o han sufrido infinitamente menos violencia que las mujeres. Por ello, nuestra intención -como decía al inicio- es implicar al máximo a los hombres en esta lucha. Por qué el sexismo no acabará hasta que dejemos de considerar el feminismo como una posición política, más que como una cuestión de género.

Como mujer y como socialista mi objetivo es luchar con mis compañeras y compañeros contra estas lacras y que el feminismo llegue a ejercer sobre la sociedad toda su capacidad transformadora para lograr una igualdad plena en la que el feminismo, entendido como hasta ahora, ya no tenga objeto de serlo ni para hombres ni para mujeres. El primer paso es el reconocimiento general de que las mujeres somos imprescindibles en la sociedad e imparables en nuestras reivindicaciones.

Las y los socialistas nos sumamos un año más a este compromiso social, pero este año lo hacemos con un llamamiento a la responsabilidad.

La pandemia también nos lleva a modificar nuestras formas de reivindicar este día tan importante para todas y todos. Trabajar por la plena igualdad de las mujeres es un acto que se debe y se puede realizar todos los días sin necesidad de celebrar eventos que en el actual contexto pueden generar un riesgo. Por coherencia con los grandes sacrificios que estamos realizando durante estos meses, debemos apelar al sentido común para que prevalezca la seguridad y la salud de la ciudadanía.

Todas y todos somos aliados y activistas que luchamos por una sociedad justa e igualitaria, que trabajamos por erradicar la violencia de género, acabar con el desempleo, ahondar en debates como la identidad de género, rechazar la mercantilización del cuerpo de la mujer con la mal llamada “maternidad subrogada”, abolir la prostitución, conseguir la igualdad salarial, visibilizar la sororidad, establecer una agenda compartida… Pero, sobre todo, huir de la polarización para alcanzar un feminismo inclusivo, que abrace a toda la sociedad de manera más flexible y transversal.

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Salud Sexual en tiempos de amor líquido

Que la sexualidad es inherente a todo ser humano es una afirmación que difícilmente puede ser negada. La ciencia así lo avala y esta afirmación se ha mantenido a lo largo del tiempo. Sin embargo, son escasos los aspectos vinculados a la sexualidad que se mantienen intactos y esto se debe a múltiples razones relacionadas con la cultura, economía, sociología o el contexto en el que vivimos. Una de estas cuestiones es precisamente la salud sexual. 

La salud sexual y reproductiva, tal como se define actualmente, tuvo su origen en la “Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de Naciones Unidas” (CIPD), que se celebró en El Cairo el año 1994. Sus primeros estudios vienen derivados de un parto primerizo, largo y doloroso que llevó a las autoridades internacionales a reflexionar sobre este aspecto. Este logro fue el fruto del trabajo de los movimientos feministas que reivindicaron durante décadas los derechos sexuales, constantemente olvidados.

El concepto de Salud Sexual y Reproductiva es definido por el Fondo de Población de Naciones Unidas como un “enfoque integral para analizar y responder a las necesidades de hombres y mujeres respecto a la sexualidad y la reproducción”. Hombres y mujeres con total independencia de su sexo, edad, raza o capacidades intelectuales, porque lo único que les diferencia es su forma de vivirla. A priori esta idea puede parecer de lo más sencilla, pero lo cierto es que todavía hay un trabajo colectivo por romper estereotipos vinculados al sexo y también a la salud sexual.

En un contexto de amor líquido como decía el sociólogo Zygmunt Bauman, (marcado por la rapidez e inmediatez,) en el que han surgido nuevos esquemas de las relaciones afectivo-amorosas,  la transmisión de valores vinculados a la sexualidad adquiere mayor grado de importancia. La toma individual de decisiones o la capacidad de las personas para detectar contextos referidos a la violencia sexual, discriminación o coerciones debe ser un síntoma inequívoco de una sociedad avanzada.

En este mismo contexto, en el que la sexualidad ha dejado de ser un tabú y se ha visibilizado, debemos detectar también posibles consecuencias negativas como la proyección de esquemas de relaciones, muy alejadas de la realidad y que pueden generan falsas expectativas, frustración o incluso escenificación de la violencia.

Es cierto que hemos alcanzado importantes metas en este campo, pero no debemos olvidar que la educación es clave, como también lo son el desarrollo de políticas públicas o las campañas de sensibilización.  La intervención educativa y social tiene un papel fundamental para derribar estereotipos o comportamientos que pueden derivar en violencia machista. En este sentido, la educación afectivosexual en la adolescencia, período en el que comienzan estas experiencias, es crucial para promover relaciones sanas basadas en apegos saludables.

Debemos cambiar nuestra óptica y desterrar el enfoque único de educar sobre los riesgos de las enfermedades de transmisión sexual o los embarazos no deseados. Estas son, sin ningún género de duda, cuestiones importantes. Pero también lo es la salud integral de nuestras futuras generaciones. Esa salud, la que implica aspectos conductuales y cognitivos sobre relaciones afectivas saludables, es el complemento necesario a las prácticas responsables.

Hemos avanzado mucho y todo ello gracias a la consecución de derechos, casi todos alcanzados con la ayuda de gobiernos socialistas. Hace no tanto tiempo, la sexualidad se consideraba una práctica heteronormativa. Ahora ya no lo es, si bien la sexualidad cada vez está más aceptada entre personas del mismo sexo, no lo está entre otros colectivos como transexuales, intrasexuales etc.

Desde el PSOE somos conscientes de estas realidades. Pero también sabemos que debemos avanzar en una democracia que nos dé respuestas a las nuevas necesidades de nuestra sociedad. En una auténtica democracia, hombres y mujeres deben contar con derechos iguales y además, poder ejercerlos y hacerlos efectivos de igual modo. Para ello, la seguridad y la libertad, para la que es indispensable la autonomía, son los ejes fundamentales del ejercicio de la ciudadanía plena.

Una sociedad moderna y avanzada demanda que los derechos sexuales y reproductivos, aquellos que garantizan la salud sexual, sean una prioridad para conseguir una mayor igualdad y contribuyan a paliar enfermedades, casos de violencia de género, embarazos no deseados, bullying o acoso, LGTBIfobia y, en definitiva, todo tipo de discriminaciòn. Protegiendo los derechos de salud sexual y reproductiva, con énfasis en la seguridad y dignidad, y, evitando perpetuar normas de género dañinas, discriminatorias y desiguales con las mujeres.

Como hoy recuerda nuestro manifiesto, los y las socialistas estamos comprometidos con el desarrollo de las políticas de Salud Sexual y los Derechos Sexuales por la dimensión activa para el bienestar de las personas que supone. Con la aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y con la elaboración de la Estrategia Nacional de Salud Sexual en el marco de la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del SNS.

Por ello, es nuestro deber difundir en este día el modelo integrador de promoción de la salud integral en general y salud sexual en particular, entendiendo ambas como indispensables para la consecución del bienestar y la calidad de vida de todas las personas.

El ejemplo Kamala o Kamala como ejemplo

El procedimiento de elección de los candidatos presidenciales en EEUU no es ni mejor ni peor que otros. Simplemente es. Demócratas y Republicanos enfrentan entre ellos a todos aquellos que en algún momento, unos dos años antes de las elecciones, muestran su disposición a liderar un país de 328 millones de habitantes.

Las elecciones presidenciales contra el partido adversario se inician así con un duelo interno materializado en una carrera de debates, kilómetros y propuestas singulares que dentro de sus entornos ideológicos buscan el respaldo entre los electores inscritos por cada partido. Los apoyos mediáticos y económicos a uno u otro candidato marcan sin duda las victorias o derrotas que estos van consiguiendo en los diferentes Estados. El número de delegados conseguidos al final del proceso decide quién es el candidato y quien queda denostado en el camino. O no.

Barak Obama ganó las primarias del partido demócrata en 2008 y siendo Presidente (2009 – 2017) incluyó en sus gabinetes a dos de sus rivales en la carrera de las primarias: Joe Biden y Hillary Clinton, como Vicepresidente y Secretaria de Estado, los dos miembros de mayor rango en el gobierno tras el propio Obama.

Joe Biden se enfrentó a Obama y fue su vicepresidente. Kamala Harris se enfrentó a Biden y es su Vicepresidenta.

Otros países y otras formaciones políticas tienen / tenemos procesos similares para la elección de nuestros dirigentes que deriva casi de forma inmediata en la conversión de estos como candidatos a los diferentes procesos electorales. O no.

El nombramiento de Kamala Harris como Vicepresidenta en el gabinete de Joe Biden debe ser leída como la estrategia de un líder que acabó siendo el candidato demócrata sin levantar grandes entusiasmos, ni siquiera entre sus delegados, y necesita el apoyo unánime de su partido, un peso político que solo conseguirá si es capaz de que todos los demócratas se sientan representados en el gobierno y apoyen sin fisuras, pública y privadamente, las políticas que se aborden.

Quiero pensar que Harris no es vicepresidenta solo por ser mujer. Quiero pensar que lo es porque el partido demócrata (y Biden) ha entendido que tras cuatro años de un presidente nefasto no pueden permitirse el lujo de una desconexión del electorado demócrata, pero tampoco de los miembros del partido que son quienes realmente han posibilitado la victoria en las presidenciales.

La diferencia entre un jefe y un líder es que al primero se le obedece por contraprestación de la nómina y el segundo convence sin dar a cambio más que la empatía y la confianza de que es el camino adecuado. La habilidad para unir contrincantes y hacer de ellos los mejores aliados es propia de un líder. Obama lo consiguió. La mayoría confiamos en que Biden siga su estela y Kamala sea el ejemplo de lealtad y continuidad.

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La política de abajo arriba

Desde que estalló la pandemia, muchos han sido los debates que se han abierto -con mayor o menor acierto- sobre el papel que deben ejercer las administraciones para hacer frente a esta situación inédita. Jamás una sociedad había imaginado cómo un virus podría transformar no sólo nuestro modo de vida, nuestras costumbres. Esta pandemia ha segado la vida de demasiadas personas, sigue poniendo a prueba a nuestros profesionales sanitarios y ha golpeado duramente a nuestra economía. Más allá del impacto sobre la vida de millones de personas en todo el mundo, esta pandemia ha asestado un duro golpe a miles de familias en España y en la Comunitat Valenciana.

A nivel global hemos visto cómo los gobiernos de los distintos países han aplicado medidas para contener la ralentización de la economía y sostener al sistema sanitario. Pero no han sido los únicos. Los Ayuntamientos han alzado su voz y han mostrado su empeño en cooperar en esta crisis. Su labor ha sido extraordinaria. Desde los primeros días en los que la incertidumbre y el temor a un virus desconocido nos atenazaba, los gobiernos locales han sido el sostén de los municipios. De hecho, se han revelado como una pieza clave y se han convertido en los auténticos protagonistas de la gestión de la pandemia. Son los principales garantes para que ninguna persona se quedara sin alimentos o sin la medicación necesaria. Han sido los consistorios los que han procurado la desinfección de calles y han velado por la seguridad de sus ciudadanos. Los ayuntamientos han tendido la mano a las personas más desfavorecidas y, tanto el Gobierno central como la Generalitat, deben seguir confiando en ellos a la hora de diseñar las políticas y acciones necesarias para la recuperación.Publicidad

Por ello no solo quiero reivindicar su trabajo. También defender la necesidad de apoyar a las entidades locales, sin condiciones. Respaldar a los ayuntamientos va más allá de elogiar a un alcalde o alcaldesa de uno u otro partido. Defender a los ayuntamientos supone apoyar a sus autónomos, a sus hosteleros y a sus pequeños comercios, en definitiva, defender a la ciudadanía. Las entidades locales, y especialmente los ayuntamientos por ser la administración más cercana al ciudadano, se están esforzando por paliar esta crisis. Ordenanzas fiscales extraordinarias, modificaciones presupuestarias, ayudas directas a autónomos, planes de reactivación del comercio local, interrupción de liquidación de tasas, ayudas para el alquiler de negocios o ayudas extraordinarias para cubrir necesidades básicas de alimentación son solo algunos ejemplos de cómo han reorientado su gestión a amortiguar el golpe que ha asestado la pandemia. Un esfuerzo que, en gran parte de los casos, obliga a estas pequeñas administraciones a necesitar mayores recursos para su financiación. Es esencial que todos seamos conscientes de su papel clave en la recuperación de todos los sectores, de todas las familias, sin excepción. No hablamos de darles un cheque en blanco, sino de tenderles la mano con independencia de su situación financiera, para que sigan haciendo frente a las necesidades de sus municipios. Hacer lo contrario sería como entrar en un callejón sin salida.

En los últimos meses, una infinidad de nuevos términos se han sumado a nuestro vocabulario cotidiano. El campo léxico vinculado al COVID-19 se ha convertido en un habitual en nuestras conversaciones diarias y éste no incluye únicamente vocablos vinculados al ámbito sanitario sino también al político. Si bien la cogobernanza no es un término reciente, sí que ha sonado con perseverancia durante este año. Quizás este abuso o exceso en el uso del término debe ser entendido de acuerdo al contexto y sopesando la magnitud que conlleva una pandemia mundial. Difícilmente se puede negar el pragmatismo de adoptar precisamente una actitud de colaboración y apostar por la cogobernanza. Desde el punto de vista político, hablamos de colaboración pero también de complicidad, lo cual no exime el debate y tampoco la argumentación. Hablamos de complicidad con el fin de desarrollar acciones conjuntas con un fin muy determinado: acabar con la pandemia y amortiguar todas las consecuencias socioeconómicas que conlleva. En este punto, el trabajo conjunto, la cooperación se vuelve imprescindible y para ello y según el pretexto, es esencial abandonar la jerarquía de las instituciones para articular políticas y ayudas públicas acorde a las necesidades de la ciudadanía.

El análisis de lo cotidiano es esencial. Y, sin duda, las instituciones más capacitadas para este fin son los Ayuntamientos. Jerárquicamente, la “política de abajo” es la que conoce de primera mano las verdaderas necesidades por su amplia capacidad de diálogo con agentes sociales. Podemos calificarla incluso, como una de las políticas más maduras pues afronta las adversidades con celeridad, posee gran capacidad de respuesta y de adaptación a los cambios. Las entidades locales pueden aportar una perspectiva de gran riqueza a la hora de modular las acciones políticas, su visión puede o incluso, debe influir en las decisiones adoptadas, en las “políticas de arriba”. Todo, desde un análisis previo de las necesidades y aportando el mayor grado de consenso posible. A dos meses de cumplirse un año desde el inicio de esta pandemia, nuestro país y el resto del planeta siguen atravesando un túnel en el que se vislumbran los primeros rayos de luz. Con la llegada de la vacuna todo nos lleva a pensar que este puede ser el año de la esperanza y la recuperación. Sin embargo, debemos ser realistas. Debemos seguir cooperando, tender la mano a quienes más lo necesitan. Desde el primer hasta el último escalón de nuestra administración.

No podemos bajar la guardia, sino redoblar los esfuerzos para contener el virus hasta que la vacuna llegue a la mayoría de las personas. Una tarea que debe conducirnos, en definitiva, a construir una sociedad más solidaria, justa y cohesionada.

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El Plan contra la desinformación del Gobierno busca salvar un periodismo herido de muerte

Hace apenas una semana los partidos de derecha y extrema derecha, sus altavoces mediáticos, opinadores varios e incluso algún medio de comunicación de los definidos serios vocearon encolerizados por «el ataque a los derechos y libertades del gobierno indigno de Pedro Sánchez». El BOE recogía la orden ministerial que regula el procedimiento de actuación contra la desinformación.

La teoría (y la práctica política) está llena de episodios de manipulación de la opinión pública a través de los medios de comunicación. Pero a qué gobiernos interesa la fórmula magistralmente puesta en práctica por Goobbels en la Alemania nazi y reproducida por Franco en España a través de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de Fermin Yzurdiga, Dionisio Ridruejo, Manuel Fraga Iribarne o Pío Cabanillas Gallas.

Está claro que no a gobiernos democráticos.

El estado de shock en el que vivimos en los primeros momentos de la pandemia del Covid19 provocó una necesidad inusual de información. Pero de información veraz. Las administraciones y los cuerpos de seguridad mantuvieron un frente abierto contra las «fakes news», instando a la población a que utilizara únicamente fuentes oficiales para informarse. Aún así el continuo goteo de información disponible en la era de las redes sociales y la mensajería instantánea superó ampliamente nuestra capacidad para procesarla. Y bueno algunos medios de comunicación al uso tampoco perdieron la oportunidad de afianzar amores y odios entre propios y extraños.

¿Qué ha hecho el Gobierno para frenar esta manipulación de la ciudadanía? actualizar el  procedimiento desarrollado en 2019 para cumplir el mandato del Plan de Acción contra la desinformación aprobado por la Unión Europea en 2018. Más simple imposible.

 Y volvieron estos días a los «no-debates» términos como censura y permítanme que me detenga en él. Claro que alrededor de esta apasionante profesión que es el periodismo sobrevuela la censura, pero no procede de un estamento oficial, ni es articulada y desarrollada por una orden ministerial. Los medios de comunicación no son los periodistas; los periodistas hacen los medios de comunicación, pero los grandes grupos empresariales utilizan sus empresas para canalizar la información que les interesa en cada momento. Y qué pueden hacer ellos y ellas. Bien poco. El romanticismo de la objetividad choca contra los intereses de la supervivencia en un mundo en el que cada día más compañer@s aumentan la lista del paro.

La verdad es que la reacción contra el Gobierno que más me ha sorprendido ha sido la del «sector». Los consejos del audiovisual existentes entre sus funciones tienen la de «velar por el derecho de la ciudadanía a recibir una información veraz» – Consejo del Audiovisual de Catalunya-; el valenciano -CAV- en su artículo 4  sobre fines y principios de actuación dice literalmente que debe «velar por el pluralismo político, la neutralidad y la honestidad informativa»; es más, hace apenas unos días el presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, firmó con el Defensor del Pueblo Andaluz, «un protocolo general de colaboración en el ámbito de los medios audiovisuales para impulsar actuaciones conjuntas de protección de los ciudadanos, con especial atención a los menores, ante la desinformación y propagación de noticias falsas, (…)» (sic).

La orden ministerial no pretende modificar o vetar el contenido de los medios de comunicación, busca salvar el periodismo. Ante la avalancha de mentiras y medias verdades hasta twitter ha aplicado mecanismos para que leamos los contenidos antes de difundir lo que publica. Si una foto descontextualizada, sin fuente oficial, sin referencia más allá de «me la envió un amigo que es de confianza» puede convertirse en noticia aunque sea falsa, el periodismo estará muerto.

El escenario no tiene porqué ser tremendista. El gobierno apela a la connivencia y el trabajo conjunto para eliminar la mentira. Hoy estamos hablando de que «los nitratos del agua embotellada por la empresa X superan los niveles permitidos por Sanidad» y mañana la seguridad de todos y todas puede ponerse en peligro por actuaciones deliberadas con los bulos informativos.

Hagámoslo entre todos. Mantengamos vivo el periodismo, a los periodistas, intentemos que las empresas levanten vetos, que la ciudadanía pueda acceder a toda la información veraz,… y dejemos que el Gobierno cumpla con su responsabilidad que es la de protegernos a todos y todas de quienes buscan la manipulación de la ciudadanía para conseguir sus objetivos individuales y sí, acabar con los derechos y libertades que la democracia ampara.

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