La prostitución, el debate pendiente

“Nos preocupa el coronavirus, pero estamos encerradas y no podemos comer”. Leí hace unos días esta frase en una noticia publicada en prensa. La pronunciaba María José Barrera, miembro del Colectivo Prostitutas de Sevilla, que narraba una de tantas historias desgarradoras que lamentablemente conocemos a causa de la crisis sin precedentes que nos está golpeando. Las redes de trata de mujeres y niñas y las personas que ejercen la prostitución existen y requerían y demandaban también el apoyo de las administraciones para afrontar y superar la pandemia. No podíamos olvidarlas.

María José es el rostro de tantas mujeres que, como ella, luchan por sobrevivir. Como tantas otras permanece en un intrincado limbo, circunstancias irregulares que no podían acceder a las ayudas y prestaciones que se están habilitando. Según explica ella misma “el colectivo vive dos situaciones: o son expulsadas de los clubes donde ejercen o son encerradas en ellos, donde su deuda crece cada día que pasa”. En los casos de mujeres inmigrantes sin papeles la situación se agrava aún más. Con síntomas o no viven con el miedo de acudir a los servicios sanitarios por temor a ser deportadas. Ahora, cada una de ellas intenta subsistir en un complejo entramado salpicado por el contexto de aislamiento social y miedo al contagio. La falta de ingresos desde el inicio del brote en España ha convertido su día a día en una batalla por sobrevivir.

Puede que llegados a este punto de la historia, usted piense que esta crisis está afectando a todos los colectivos, sin excepción. Y tiene razón. Nadie se escapa a la emergencia que ha frenado el mundo de golpe, al cierre de empresas de sectores no esenciales, a la caída de ingresos –si es que es autónomo o su empresa ha hecho un ERTE- y al temor humano a que este episodio se prolongue más allá de lo esperado. Pero la condición de víctimas de la trata y las prostitutas las ha convertido además en heridas invisibles de la crisis sanitaria.

Por desgracia esa sensibilidad social de la que muchos presumen y más si cabe en situaciones extremas como la actual sigue sin querer reconocer una realidad que no vive en las redes sociales pero existe, seguramente por la defensa callada de muchos interés económicos y desalmados personajillos que curiosamente mantienen impoluta su imagen. 

No es fácil abordar con sinceridad una situación que continúa siendo tabú, pero una muestra más del compromiso del Gobierno de Pedro Sánchez con las personas es que el plan de contingencia contra la violencia de género ante la Covid-19 se amplió  hace unos días para acoger la protección a las víctimas de trata y la explotación sexual.

El Consejo de Ministros del martes 21 incluyó en sus ayudas a esas mujeres que viven situaciones de extrema vulnerabilidad para que puedan acceder al ingreso mínimo vital. La garantía para garantizarles las condiciones mínimas de subsistencia a aquellas personas que viven en contextos de aislamiento social y sin apenas redes de apoyo, refuerzo de asistencia, soluciones habitacionales y medidas adicionales de protección social, son algunas de las medidas contempladas.

El drama de la prostitución aflora ahora con mayor fuerza en un contexto que, como digo, ha golpeado con dureza a los colectivos más vulnerables y vuelve a poner sobre la mesa la extrema precariedad en la que se encuentran estas mujeres que, en demasiados casos, viven a merced de sus explotadores. La consecuencia de esta situación es que, si en condiciones de normalidad las prostitutas viven al margen del sistema, ahora también puede ser obligadas a ejercer burlando las medidas que impone la excepcionalidad. Desde el pasado martes las mujeres víctimas de trata y las prostitutas están un poco más protegidas gracias a un gobierno para el que “no vamos a dejar a nadie atrás” es mucho más que una frase, es un compromiso.

Las situaciones a las que se enfrentan estas mujeres nos describen hasta qué punto sufren la vulnerabilidad y el desamparo. No debemos olvidar que la explotación sexual y la prostitución son parte de una misma estructura de violencia y dominación, que tiene sus raíces en la desigualdad estructural entre hombres y mujeres. Desde el PSOE siempre hemos defendido que la explotación de mujeres es una forma extrema de violencia y la demanda de prostitución como la causa que genera la trata. Es decir, no se puede desligar la trata de la prostitución. La explotación de mujeres es incompatible con una sociedad igualitaria. Por ello, es nuestro deber seguir trabajandopara poner en marcha políticas públicas orientadas a combatir la trata, perseguir a los proxenetas, eliminar la demanda y facilitar la recuperación integral de las víctimas.

Nuestra única posición posible ante la prostitución es su abolición, y lo es por compromiso con los Derechos Humanos. Situaciones como la que vivimos actualmente pone aún más de manifiesto que es una de las cuestiones que debemos resolver sin demora. Que debemos superar los tabúes y abordar esta como otra de esas realidades de las que nadie quiere hablar. Debemos acabar con un negocio que es tan nocivo como el tráfico de drogas, por ponerles un ejemplo.

En definitiva, los poderes públicos debemos seguir luchando por lograr una sociedad más justa, que no deje a nadie descolgado del estado de bienestar, que corrija desigualdades y que aproveche este momento de crisis para poner en el foco la acuciante necesidad de resolver la situación de colectivos que no pueden ser invisibles y que merecen una respuesta coordinada de las instituciones y de la sociedad. Erradicar la prostitución y la trata de mujeres y niñas sigue siendo uno de nuestros objetivos para lograr la plena igualdad. Nadie dice que sea una tarea fácil, pero estoy convencida de que la política es el mejor instrumento para alcanzar una sociedad más justa para todas y todos, sin excepción.

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El comercio de proximidad, en pie ante el estado de alarma

El decreto del estado de alarma, sin duda, nos ha revelado nuevas realidades.  Una de ellas, la más evidente, es el aislamiento social tan necesario para frenar la curva de contagios. Esta situación inusual nos llevó a ver en los primeros días imágenes insólitas. Calles vacías, empresas cerradas, colegios y universidades sin estudiantes… pero también colas interminables en la puerta de supermercados ante el temor de las familias a un posible desabastecimiento de alimentos.

Desde el Gobierno, el Ministerio de Agricultura ha sostenido estas semanas que, pese a la excepcionalidad del momento en que vivimos, la producción agrícola, ganadera y pesquera,  el transporte y la distribución de alimentos, así como su comercialización a través de la venta minorista al consumidor, forma la cadena de abastecimiento alimentario cuya actividad debe garantizarse. Con todo, el confinamiento y el posible temor a falta de productos en una gran superficie ha convertido al comercio local en una firme alternativa para llenar nuestra cesta de la compra.

Ahora, las tiendas de nuestros barrios o municipios vuelven a ser visibles por el coronavirus. En este episodio inédito en nuestra historia, los pequeños comercios se muestran como un símbolo de la fuerza de nuestros pueblos y ciudades. El comercio de proximidad es uno de los emblemas de la resistencia en esta crisis y un claro ejemplo de valores como la valentía y el tesón, pero también del comercio justo, equitativo y generador de empleo. 

Estos locales regentados por trabajadores autónomos que llevan compitiendo durante años con grandes superficies y plataformas de venta online, acogen estos días a sus clientes con una sonrisa y con la certeza de que son una pieza esencial en esta batalla. Panaderías, verdulerías, carnicerías o tiendas de alimentación levantan cada día sus persianas para garantizar el servicio a la ciudadanía cuando más lo necesita. Establecimientos que tenemos a la vuelta de la esquina y que siguen adelante dando la cara frente a una de las peores crisis sanitarias que hemos vivido.

Comprar en comercios de proximidad siempre ha sido una buena alternativa, pero ahora lo es más que nunca. No solo por la calidad de sus productos. Es la mejor forma de dar vida a nuestros barrios, generar riqueza, beneficiar a las familias de nuestros municipios,  nuestras personas más cercanas. Pero no solo eso. Al incentivar estos pequeños comercios también damos vida a nuestro entorno más próximo, damos un voto de confianza a aquellas personas que han tenido la valentía de emprender. Cuando un negocio cierra cuesta mucho volver a abrirlo. Por ello, con nuestras acciones, el apoyo a los autónomos es inequívoco.

Consumir en el pequeño comercio supone algo más que una simple elección. Es una decisión mucho más profunda que no solo influye en la buena salud de la economía de un municipio, también promueve un consumo de alimentos saludables, protege el medio ambiente al consumir productos de proximidad, refuerza nuestro compromiso con la sostenibilidad a través de nuestros patrones de compra, incentiva la implantación de nuevos comercios y, en definitiva, su auge es el mejor síntoma de la “buena salud” de una población.

Durante estos días no dejamos de repetir mensajes de unidad para superar esta gran batalla. Es momento de sumar esfuerzos para que este episodio no arrastre a este sector esencial para la vida de nuestros pueblos y ciudades. El comercio local nos demuestra estos días que está en pie frente al coronavirus. 

Por ello, quiero reivindicar su fuerza y determinación y animar a la población a elegir el comercio local, ahora y cuando todo esto pase, porqué con nuestros pequeños gestos podemos ser capaces de lograr grandes cambios en nuestro entorno

Llenemos las terrazas

Hay momentos en nuestras vidas en los que no somos nada conscientes de lo que tenemos, lo que disfrutamos, lo necesario y lo superfluo. Mas diría, solo en situaciones extremas valoramos las pequeñas cosas que hacen grandes nuestra existencia.

Recuerdo hace años, la primera vez que piloté el carrito de mi bebé. Ahí y nunca antes fui consciente de las barreras que las ciudades (y hasta el municipio más pequeño) mantenían entorpeciendo accesos a aceras, paradas de autobús o incluso entradas a hospitales. O cuando viajé a los campamentos del Sahara. La generosidad de quienes ofrecen al visitante los tesoros que poseen que van poco más allá de alojamiento, comida y largas tertulias de filosofía. Y la sonrisa de esas gentes que agradecen tu interés se transforma en una auténtica fiesta diaria llena de colores intensificados por el sol, abalorios hechos por manos diminutas, ojos brillantes y alegría desmedida. Nada tienen y todo lo dan.

Esa sensación de estar perdiéndome en la vida es la que ahora me acompaña en mi confinamiento. Perdiendo tantas oportunidades de disfrute vital que al mirar atrás planteo consciente que el futuro no puede ser igual.

Después del coronavirus nuestra historia personal puede ser como los retos que nos planteamos cada principio de año, o tras el verano. Ya saben, dejar de fumar, ir al gimnasio, comer más sano?, hazañas que en la mayoría de los casos si mantenemos un mes ya es casi como haber conseguido lo propuesto. Después del coronavirus debemos evitar una nueva colección de fascículos a euro el ejemplar, hay que pasar a la acción directa sin plazos ni retos, con diálogo y propuestas, sin prisa pero sin pausa. Hay que revisar y ponderar lo importante, frente a la urgencia. Accionar el botón de encendido en nuestras mentes y disfrutar de lo aprendido encerrados en las cuatro paredes de nuestros hogares.

En la Comunitat Valenciana lo tenemos más fácil que en los tristes territorios de la meseta. Hasta la más alejada de nuestras poblaciones llega la luz cálida y brillante del Mediterráneo, nuestro suave clima (con permiso de los cambios en el planeta) y la necesidad de compartir nuestros espacios públicos. La proliferación de fiestas locales argumentadas en la base costumbrista, religiosa o reivindicativa han llenado hasta ahora nuestras calles y plazas de abrazos, ruido, fuego y disfraces, pero cuando el sol se esconde por nuestros valles y sierras las tertulias se acortan apresuradamente por el cierre de locales y las quejas vecinales.

La crisis sanitaria nos ha transportado a una realidad «balconera» que por encima de los reconocimientos, evidencia nuestras carencias. Necesitamos el contacto con el exterior y sentir que el mundo se extiende más allá de nuestra intimidad. Hoy anhelamos lo que hasta hace días disfrutábamos sin ser conscientes de ello. El poco tiempo que le hemos dedicado durante años al ocio y disfrute personal toma ahora una dimensión diferente porque se nos ha arrebatado la capacidad de mantenerlo. El covid19, la crisis sanitaria, el confinamiento, nos tiene que servir para cambiar muchos de los planteamientos de vida iniciales y uno de ellos es sin duda la posibilidad de socialización.

Decía antes que en la Comunitat Valenciana lo tenemos más fácil que en otros lugares. Es cierto a medias. Es evidente que los factores externos ayudan, la tarea es la eliminación de los impedimentos que desde hace años cubren de perplejidad las pretensiones de ampliar ese círculo de vivencias en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades. Las restricciones horarias vienen dadas según «los expertos» por la conciliación con el descanso vecinal, pero insistiendo en el respeto a los derechos de quien quiera perderse la vida y pasarla eternamente confinado, creo que sin llegar a los excesos pautados en las excepcionalidades que se aplican en periodos festivos, debemos abordan cambios sustanciales que nos permitan gozar de los privilegios que la vida en común nos ofrece todos los días.

Las crisis nos dan oportunidades que no debemos dejar pasar, la de repensar nuestro futuro es una de ellas. Y no me refiero solo al ámbito individual. En una tierra en la que el turismo es la base económica los visitantes asistían hasta ahora con extrañeza al cierre tempranero de locales. ¿Y sí cambiamos? ¿Y si mejoramos nuestra socialización con abrazos y besos lentos y dulces, sin prisas ni agobios? El visitante lo agradecerá pero nosotros más si cabe. Somos los valencianos gentes a las que nos gusta la tertulia tras la comida o la cena, la sobremesa larga que permite el diálogo, las riñas futboleras y la expansión infantil.

Iniciemos un nuevo tiempo, llenemos las terrazas y no nos perdamos la vida.

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Sin filtros

Los días de confinamiento dan para mucho. Y dan para tanto que hasta caes en las trampas de las que huyes en condiciones normales. El Estado de alarma nos ha llevado a una situación nunca antes vivida. Se nos han roto muchos esquemas, se nos ha desorganizado la vida y hemos tenido que replantearnos el día a día para poder sobrellevar de la mejor manera esta libertad vigilada entre cuatro paredes.

Mi responsabilidad política, mi inquietud profesional y mi curiosidad me llevan diariamente al seguimiento exhaustivo de los medios de comunicación. Estos días con mayor intensidad. Y creo que es mi obligación conocer los distintos puntos de vista sobre las informaciones, porque el filtro siempre existe. Por eso no repudio el trabajo de empresas lejanas a mi espectro político y social, aunque he de reconocerles que con un rato de titulares y/o comentarios con excesiva inquina tengo suficiente.

Sí, el president de la Generalitat y el presidente del Gobierno fueron mis opciones políticas en las elecciones del pasado año (no descubro nada) pero eso no me inhabilita para expresar mi opinión. Porque eso no es ahora ni lo urgente, ni lo importante porque los gobiernos miran más allá de los periodos electorales, asumen la responsabilidad y la ejercen con mayor o menor acierto, pero siempre dirigida a la totalidad de la población.

Se están tomando medidas y llevando a cabo acciones con el objetivo de parar el contagio por el Covid19, sanar a la población afectada y desarrollar lo más rápido posible una vacuna que nos proteja de la enfermedad.

Decía que la opción ideológica de cada persona no es importante porque no logro entender determinadas actitudes. Hablo de esa crítica exagerada a las continuas apariciones de Pedro Sánchez en televisión. Esta es la trampa en la que he caído. Ahora con más tiempo libre del habitual estoy utilizándolo en escribir estas líneas sobre un tema que en condiciones normales ni pasaría por mi mente analizar, porque nada aporta a la solución de la pandemia.

No sé que concepto tendrán ustedes, si coincidirán conmigo o no, pero las acciones y actuaciones que se están tomando y llevando a cabo por el gobierno central y el autonómico deben ser trasladadas a la ciudadanía y en el momento en el que las noticias falsas abundan por todos los canales de conexión al mundo exterior, la presencia de nuestros gobernantes en las radios y televisiones me parece fundamental.

En el país en el que abundan los árbitros y todo el mundo sabe de todo, a mi me da mucha tranquilidad ver cómo los verdaderos profesionales y los responsables políticos son los que me transmiten diariamente la información tal y como se va produciendo. Y cómo la consellera de Sanidad Universal Ana Barceló da cuenta de la evolución de la pandemia en la Comunitat Valenciana; y cómo Ximo Puig, el president del Consell, informa y anima a la ciudadanía; y como los ministros nos van contando el estado de la situación, qué nuevas diligencias se van a implementar y qué gestiones se están realizando; y como el presidente Pedro Sánchez se dirige a toda la ciudadanía para trasladar toda esa labor ingente que se lleva a cabo y relatar y detallar la realidad de una situación nunca antes vivida.

Y me parece fundamental porque nos llega sin filtro ninguno. Podemos acceder de forma directa a esa información, lo que nos posibilita un análisis personal que de otra forma sería impensable. Vemos como el cansancio va marcando sus rostros, vemos como desapareció la sonrisa de sus labios, vemos a nuestros representantes tal y como son, y no como otros nos los describen.

La realidad que ahora nos importa no puede ser la polémica gratuita que algunos voceros quieren que marque la agenda de todos nosotros. La realidad que ahora nos importa tiene que ver con el día a día de nuestras vidas, de nuestras familias. Tiene que ver con el comercial que no venderá ningún servicio; con el autónomo del bar o la peluquería que tiene cerradas sus puertas; con los receptores del ERTE de turno; con el médico que revienta sus fuerzas con horas y horas trabajadas; con los estudiantes conectados a las clases on-line; con los bebés desesperados pegados a las puertas de casa pidiendo ir a jugar al parque; con el policía que se enfrenta a irresponsables que pasean tranquilamente; con el transportista que no descansa para que no falte el suministro;  con las personas mayores temerosas incluso del contacto telefónico; De esto va hoy la vida. Esa es la agenda de todos nosotros. Esa es la realidad.  

No puedo entender que se obvie el contexto y se baje a la batalla de barro de creación de falsas controversias, que por ese “exceso de presencia” nuestros representantes públicos sean también criticados. En China las acusaciones al gobierno fueron dirigidas a la falta de transparencia en la gestión de la crisis. ¿De qué acusaran a España, de exceso de información?.

Y por cierto, aquel que no quiera recibir información veraz y directa siempre tiene la opción de apagar la televisión o la radio. Es su libertad y su derecho.

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Política, ¿arte o artificio?

Comenzar el año con buenos propósitos no deja de ser una práctica habitual que desaparece casi al mismo tiempo que dejamos de felicitar el año nuevo a amigos y conocidos. Cerrar ciclo antes de enviar las felicitaciones supone una primera intención de mejora para los meses venideros. Pero el 2020 presenta diferencias sustanciales en varios ámbitos, pero sobre todo en el político.

Cuando análisis tertulianos se enfrascan en discusiones sobre el nivel de los representantes políticos, las enseñanzas teóricas cobran un protagonismo que se diluye al minuto. ¿Qué contenido busca quien se ve obligado a mantener el interés del televidente y escuchante?. Sí yo también quiero que las controversias aborden las ventajas e inconvenientes de acciones políticas, o propuestas, o intenciones, y no la pertinencia de determinada bravuconada que solo persigue mantener la presencia mediática de personajes y personajillos que nada aportan a la mejora social.

Las definiciones de políticas varían según la fuente que se consulte. Puede ser desde “la actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos” -cierto que al no concretar si esos objetivos deben dirigirse al interés general o al particular, encontramos que cualquiera de ellos es válido para esta acepción- a “la ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados”; “la actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad o a un país”; o “el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de una comunidad humana. También (…) arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”.

Pero no he encontrado ninguna, y esto llama especialmente mi atención, que hable de diálogo, templanza, prudencia, consenso, mayoría, e incluso debate. Y en cambio son los pilares que deberían marcar la acción política. Son la base del nuevo tiempo que se abre con la entrada de año, actitudes ya antaño desarrolladas por quienes, desde posiciones ideológicas muy diferentes, han contribuido de forma excepcional a los avances que hoy disfrutamos como derechos y libertades. La astucia, seguramente la cautela y la sutileza de aquellos que realmente creen y trabajan por y para el bien común, han propiciado que hoy estemos a las puertas de ese nuevo tiempo, un nuevo esquema que cambiará la definición de ¨política¨ en los manuales españoles. Y estoy segura de que modificará sustancialmente la opinión de la ciudadanía respecto a la valía del trabajo en equipo, formado este por la variedad y diversidad de las concepciones públicas de sus miembros.

Otras legislaturas han funcionado con apoyos ajenos al partido mayoritario, y nunca se dió un rechazo tan encarnizado de la oposición. Hoy veo una especial contrariedad por parte de quienes no han querido –por decisión propia- contribuir al desbloqueo de nuestro país, y lo han hecho sin ningún ingenio, pues quedó patente desde el principio el objetivo y las artimañas para su consecución.

La elección de tertulianos y temas a abordar también deben contribuir a formar e informar de aquellos aspectos públicos que repercuten en las posibilidades de avance o retroceso de la ciudadanía. Los medios de comunicación son herramientas fundamentales para la educación de las personas y la formación de una sociedad crítica e inconformista que fiscalice la acción de gobierno. Entre todos formamos el conjunto necesario para afianzar un sistema democrático que quienes no aceptan sus derrotas están poniendo en entredicho.

No se si la política es un arte, no me atrevo a las comparativas, pero lo que estoy segura que no debe ser, es el artificio que propicie una teatralidad que arrase la esencia de la vocación de servicio público que ayer, hoy y mañana debe prevalecer para el bien común.

Una amplia mayoría de los españoles y españolas – lo seamos por convicción o por adscripción- tenemos claro que quizá solo en la Transición fue tan preciso en este país como ahora conjugar voluntades y proyectos para poder cumplir objetivos comunes. El reto es inmenso y es Pedro Sánchez el encargado de liderar ese cambio social, político y conceptual que nos conduzca por el camino apropiado. En su pericia, talento y destreza confío, la maestría y habilidad demostrada en los últimos tres años es garante de su idoneidad.

Es el gobierno que está en ciernes el que nos salvará de los engaños, la torpeza y los enredos que los defensores del falso patriotismo de bandera excluyente quieren que vuelva a imperar en nuestro país.

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¿Para qué votar el 10N?

Me consta que hay quién duda de la utilidad, no ya del voto en sí como concepto generalista, sino del voto el próximo 10 de noviembre.

Más allá de la frustración que ha supuesto ganar de forma clara y contundente unas elecciones y tener que mantener la maquinaria del gobierno al ralentí -en funciones-, no debemos caer en la trampa de quienes pretenden alzarse con la victoria electoral a base de desmoralizar al oponente. Y la situación sociopolítica actual ayuda al desánimo, lo reconozco, pero no me resigno.

Tenemos por delante tres semanas apasionantes en las que debemos hacerle ver a la ciudadanía que, si importante fue su voto el pasado 28 de abril, ahora la responsabilidad de ejercerlo se ha tornado fundamental.

¿Por qué volvemos a las urnas?

¿Por qué no hemos podido aglutinar el apoyo imprescindible para conformar un gobierno estable?

Cada uno de ustedes tendrá su propia versión, yo la mía, y desde el respeto aún a sabiendas que muchas de sus opiniones serán diametralmente opuestas a la mía, quisiera aparcar reproches y reparto de culpas para esbozar el futuro de un país que comienza el mismo día de las elecciones.

¿Recuerda usted qué pasó el 1 de junio de 2018?

¿Recuerda qué propició la caída del gobierno de Mariano Rajoy?

¿Recuerda qué medidas se aprobaron por parte del Gobierno de Pedro Sánchez?

Fíjense que no voy a entrar en las acusaciones de algunos partidos respecto a que el PSOE había pactado con los independentistas, porque cuando estos votaron en contra de los presupuestos presentados por el Gobierno quedaron demostradas las injurias, roto el relato de la derecha española y constatado que todo el arco parlamentario secundó la moción de censura por la sentencia del Supremo que ratificaba que el PP estableció “desde su fundación una estructura de contabilidad y financiamiento ilegal, que estableció un sistema genuino y efectivo de corrupción institucional, y que Rajoy lo sabía y mintió¨. O lo que es lo mismo, los representantes de la mayoría de los partidos políticos votaron contra el PP por ser un partido corrupto. PP votó en contra lógicamente, pero Ciudadanos también.

¿Recuerdan cómo se desarrolló a partir de ese momento la vida política en este país?

¿Recuerdan qué son los ¨viernes sociales¨?

¿Recuerdan los permisos de paternidad, las ayudas a parados de larga duración a mayores de 52 años, el incremento del salario mínimo interprofesional a 900 euros, la subida de las pensiones en relación al IPC anual, la lucha obstinada contra la violencia de género, la ampliación de la sanidad universal a todas aquellas personas que el PP dejó fuera, la dotación para la ley de dependencia, las becas para universitarios, ….?

Pues hagan memoria. En apenas 10 meses el Gobierno socialista liderado por Pedro Sánchez consolidó los avances en el Estado del Bienestar que los gobiernos de Rajoy nos negaba.

Y aquí va la pregunta, clara y rotunda: ¿Para qué votar el 10N?

Y la respuesta: para con un mayor respaldo seguir avanzando; para aprobar por fin una ley para la muerte digna; para poder apoyar a esa mayoría que somos los trabajadores en su día a día; para que ninguna persona quede al margen del progreso; para que los viernes sigan siendo sociales.

Y para que ese PP que sigue dirigido por los que protagonizaron la corrupción no forme gobierno. Para que no volvamos a las dos Españas, la de los trabajadores y la de los poderosos. Porque si el 28 de abril el peligro era la entrada de la ultraderecha ahora es una realidad, están aquí, sentados en los órganos de representación institucional. Y visto está que ni PP ni Ciudadanos tienen ningún pudor para pactar con ellos y plasmar el retroceso de esta sociedad.

No he consultado los históricos, pero la concienciación política de la sociedad el pasado 28 de abril movilizó a la ciudadanía con tantos por cien similares a los primeros años de la democracia. Entonces nuestros mayores votaban para afianzar su libertad y progresar en derechos, en abril nosotros lo hicimos para evitar el retroceso y seguir avanzando al ritmo de los principales país europeos. Ahora toca volver a ejercer, reivindicar la necesidad de conformar un gobierno que ponga al servicio de la ciudadanía las herramientas necesarias para que cada uno de nosotros pueda desarrollar su proyecto de vida, un gobierno que resuelva problemas en vez de crearlos, un gobierno firme y estable que nos sitúe al nivel que este gran país necesita.

Ese es el objetivo del PSOE . No contamos con el apoyo de los grandes grupos empresariales y/o mediáticos, contamos con el más preciado apoyo que la democracia otorga, el voto de la ciudadanía. Con su voto.

El 10N miles de hombres y mujeres estaremos en los colegios electorales esperando su visita, su voto por correo, esperando que ejerza su derecho a decidir qué gobierno quiere, qué futuro quiere para usted y su país.

No me valen las excusas, me valen los votos.

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La especulación en L’Horta de Alboraia acabó con la derrota del PP en 2011

La huerta valenciana es sin duda sinónimo de nuestra identidad, uno de los principales referentes históricos y culturales, del paisaje, la economía y en gran medida de nuestra forma de ser. Bajo esta concepción, la voluntad política por preservar, regenerar y dinamizar este espacio agrícola y alejarlo de cualquier especulación se materializó en la Llei de l’Horta aprobada por el Consell el pasado marzo y con el Plan de Acción Territorial y Dinamización de l’Horta de València (PATH) aprobado en noviembre.

Resulta curioso y como poco contradictorio que algunas fuerzas políticas que el pasado año defendieron y respaldaron en les Corts Valencianes estas normativas ahora bamboleen en Alboraia con el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) presentado por el gobierno socialista del municipio. Aún no han rechazado su aprobación, sino que se resisten a sacarlo a exposición pública negando por tanto la participación y las alegaciones de la sociedad civil.

La posición adoptada por estos actores políticos resulta también incoherente. Cabe recordar que el PGOU en cuestión ha sido modificado y adaptado a esta nueva legislación. El nuevo plan se ha desarrollado bajo la supervisión y el trabajo conjunto de la Conselleria, señal inequívoca de que efectivamente se ciñe a las premisas legisladas. Asimismo, se presentó ante la Sectorial de Urbanismo por lo que se esgrime que los colectivos afectados eran conocedores del proceso.

A tenor de los acontecimientos, las estrategias seguidas cuestionan la validez de las leyes que se aprueban en las Cortes puesto que una vez aplicadas en el ámbito local parecen perder validez. Se niega también el trabajo de consellers y diputados que conjuntamente han aunado esfuerzos para respetar el paisaje agrario y los intereses ciudadanos.  Pero sobretodo se pone evidencia la hegemonía de los intereses particulares.

En las últimas horas, ha habido un intento de convertir al PSOE en un depredador de huerta cuando el esfuerzo del gobierno de Alboraia ha sido reformar un PGOU presentado en 2011 que precisamente mermaba la huerta del municipio. Y es justamente tras las elecciones municipales de 2011 cuando con la salida del PP del consistorio cuando se puso punto y final a la especulación urbanística a la que el municipio había estado sometido. El nuevo equipo municipal, encabezado por el alcalde Miguel Chavarría lo tuvo claro desde el principio y el trabajo de todos estos años tiene su plasmación en un PGOU que dota a Alboraia de las carencias que se mantiene en dotaciones públicas, pero sin olvidar el respeto y la protección de la huerta.

El actual plan tiene como objetivo principal la consecución de los terrenos para suplir la falta de centros educativos en el núcleo principal, la mejora del polígono industrial y la creación de un parque agrario en Els Peixets que vertebrará los tres núcleos de Alboraya y que tendrá una función ecológica importante. Se prevé la construcción de un humedal donde se derivarán las acequias para mejorar la calidad del agua de las playas. Una medida que por cierto, podría haber suprimido los problemas acaecidos este año con la aparición de bacterias fecales. En definitiva, rechazar este PGOU supone desatender algunas necesidades de los vecinos y vecinas del municipio de Alboraia.

Por último y aludiendo a la idea inicial, cabe recordar que tanto el PATH como la Llei de l´Horta se llevó adelante porque en el Consell existe un compromiso firme por proteger esta seña de identidad valenciana. La normativa está para aplicarla allí donde es necesario y la huerta necesita leyes como estas para protegerla.  Demostremos que nuestra función legislativa es pragmática y se puede extrapolar a nuestro territorio. Reforcemos los intereses generales.  Y no caigamos en contradicciones, esto es síntoma de debilidad.

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Prestar atención para avanzar

La actividad diaria nos da poco margen para reflexionar y analizar los escenarios con frialdad. Cada día practicamos menos las puestas en común, la confrontación pausada de criterios dispares, incluso casi están desaparecidas de nuestra rutina las largas sobremesas. Nos hemos convertido en una especie de contenedor en el que acumulamos ideas y proyectos que unas veces desarrollamos y otras no, pero de las que no sabemos si son bien recibidas o rechazadas por la sociedad a la que gobernamos.

Esto supone una rémora que debemos atajar, más si cabe en campaña (o pre campaña) electoral. Los que de una forma u otra participamos directamente en la vida política tenemos muy claros los avances, medidas y acciones que hemos desarrollado desde los respectivos ámbitos, pero ese conocimiento de la labor realizada no se extiende a la generalidad de las personas. Es más, desde nuestra visión totalmente subjetiva tendemos a defender nuestro trabajo como si la firmeza en realizarlo de la forma más satisfactoria posible fuera no una voluntad, si no más bien el resultado y en algunas ocasiones no lo es.

Pero ¿cómo saberlo si no cotejamos y enfrentamos opiniones? Obviamente seria inasumible una gestión en la que a cada paso tuviéramos que consensuar con por ejemplo un referéndum cualquier medida a desarrollar, pero además del diálogo con otras fuerzas políticas, referentes sindicales, empresariales, asociaciones, etc.. yo quiero hoy reivindicar desde estas líneas la conversación y/o reflexión con allegados (o no) de cada uno de los que formamos parte del enjambre institucional.

Uno puede desgañitarse a explicar a través de los nuevos y “viejos” medios de comunicación todo cuanto ha hecho o está dispuesto a hacer en pro de los avances y por la ciudadanía, pero  como se siente a reflexionar un rato en cualquier tertulia espontanea en la parada del bus o tomando el café por la mañana, se puede encontrar con más de una sorpresa. ¿Porqué? Pues simplemente porque la ciudadanía asume como obligación del político todo cuanto este hace y que personalmente le beneficia y como una falta imperdonable aquello que vaya en detrimento de su status o le cause alguna distorsión. Y es en esa reflexión pausada, puesta en común o confrontación de criterios dispares, donde podemos y debemos insistir para tener un dibujo de la situación que se acerque más a la realidad.

Lo contrario en mi opinión es un tremendo error porque en demasiadas ocasiones no somos capaces que ver más allá de lo que nuestro entorno más cercano nos dibuja. Esa es solo nuestra realidad y para que la ciudadanía valore si darnos o no su confianza con el voto debemos acercarnos lo máximo posible a todas las realidades, que son muchas y diversas.

Esta campaña electoral tiene que ser diferente. Su prolongada duración nos tiene que permitir no solo “vender” la buena gestión del PSPV- PSOE en Consell y Ayuntamientos y los grandes avances que ha supuesto el Gobierno Central para la ciudadanía, esta campaña nos debe acercar más a las realidades individuales de las personas. Un voto no siempre persigue obtener un rédito personal, un voto es un gesto de confianza que bien vale una conversación que contenga críticas, estas siempre mejoran las decisiones y enriquecen los proyectos.

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El momento de las mujeres

Esta semana no es nada original escribir sobre la igualdad entre mujeres y hombres, sobre la visibilización y empoderamiento de las mujeres, sobre la sororidad, o incluso sobre la corresponsabilidad. No es nada original y, sin embargo, es necesario porque nuestro futuro pasa por la igualdad.

Hace un año, tras el histórico 8 de Marzo , publiqué en este mismo medio el artículo “ Nueva Era para la Igualdad ”, un grito a la complicidad de la sociedad para que igualdades y desigualdades no desparecieran de la actualidad una vez pasado el 8 de marzo. Porque sabemos de sobra que si algo no se comunica no existe, y por lo tanto se invisibiliza, y las mujeres no podíamos permitirnos que la visibilización de nuestra lucha quedara oculta para la agenda mediática.

La realidad del deseo que expresé en aquel momento es agridulce. Es cierto que esa “nueva Era” que comenzamos a dibujar hace un año  se ha mantenido con alguna repercusión mediática pero solo en momentos puntuales. Desde las instituciones, unas más que otras, hemos desarrollado el relato de la defensa de la igualdad entre las personas. Este año, se han multiplicado los premios, las distinciones, las acciones. Fuimos noticia por el Consejo de Ministras, por el gobierno feminista. Hemos aumentado los referentes femeninos en lugares que antaño estaban incluso vetados, pero cuando sigue siendo noticia que en la Comunitat Valenciana tengamos dos rectoras en nuestras universidades es porque todavía queda demasiado camino por recorrer.

Y ese camino hacia un futuro feminista, amenazado por los partidos involucionistas y la testosterona de sus dirigentes masculinos, lo debemos recorrer juntas. Hace unas semanas mientras releía “Todos deberíamos ser feministas” , de la autora Chimamanda Ngozi, y quizás por la alerta antiinvolucionista del momento me llamó la atención su afirmación de que “hay hombres que se sienten amenazados por la idea del feminismo”. ¿Alguien concibe  que una persona se sienta amenazada la igualdad? No puede entenderse en términos democráticos porque ¿cómo podemos decir que vivimos en una sociedad democrática si la mitad de la población vive en condiciones de desigualdad? No es aceptable pero sí se ha convertido en una reflexión real si una observa al “tripartito de la testosterona” porque es más que real que tres ‘líderes’ políticos de derechas han decidido agitar sin pudor la bandera del machismo y hacer apología del patriarcado para tratar de mantener sus privilegios frente a las mujeres.

Y ante ese rechazo que sienten desde la derecha por la igualdad han traído al presente debates del pasado. Y frente a la amenaza de la involución no hay más receta que seguir caminando juntas hacia la igualdad. No es la suerte la que provoca los cambios y los avances, son las acciones decididas de la sociedad y la educación en valores las que propician mejoras sociales y los gobiernos progresistas los que apuestan por ellos. Y esa debe ser nuestra lucha en estos momentos: seguir trabajando para que los avances del feminismo sean imparables porque la plena igualdad es un objetivo irrenunciable. No podemos parar nuestras conquistas para responder a las provocaciones. Es tiempo de mujeres, es tiempo de seguir conquistando nuestro futuro; un futuro que será feminista porque no hay futuro posible sin igualdad.

Cuando hace un año pedía “Hagámoslo entre todos, mantengamos el anhelo de la igualdad como tema de actualidad y todos, hombres y mujeres conseguiremos conjuntamente que este 8 de marzo de 2018 sea por fin el año 1 de una nueva Era” no imaginaba que un año después volverían a la agenda mediática debates ya superados como reacción del patriarcado a nuestros avances hacia una sociedad más igualitaria y, por tanto, más democrática. Pero un año después copan titulares.

Nosotras coparemos las calles porque hoy somos más las personas que trabajamos por la igualdad. Un año después nos sobran las razones para salir a la calle el 8 Marzo, nos faltan batallas por ganar y derechos por conquistar. El tripartito de la testosterona quiere regresar al pasado, la ciudadanía quiere conquistar el futuro desde este mismo presente. Es nuestro momento, es el momento de las mujeres.

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Las diputaciones son el salvavidas de la acción política de los municipios

En 170 años de existencia nunca se había puesto tan en entredicho la pervivencia de las instituciones provinciales. Al menos no en la Comunidad Valenciana.  Llevamos años intercambiando criterios sobre la conveniencia o no de su eliminación, mantenimiento, modernización, vaciado… y curiosamente pocas veces hemos preguntado directamente a los entes para los que las diputaciones desarrollan su trabajo, los ayuntamientos.

La diversidad interna de los partidos políticos (no solo en el PSOE) se ejemplifica también en esta materia, no conozco una formación en la que todos sus miembros estén de acuerdo en una u otra posición. En mi partido tampoco. El debate se ha abierto ahora de forma más profunda debido en gran parte a la mala praxis que el PP ha ejemplarizado en los entes provinciales y, claro, demonizar es la postura más fácil, pero a nadie se le ocurriría plantear la desaparición de, por ejemplo, la Generalitat Valenciana a pesar de que la gestión en los años de gobierno de Zaplana, Camps y Fabra no distó mucho de la del ex presidente de la Diputación Alfonso Rus. La institución (provincial) es válida e incluso imprescindible para la acción política de los municipios, es el salvavidas al que se aferran los alcaldes y alcaldesas para poder desarrollar el servicio público que sus limitados medios no les permiten; aquí como en la mayoría de los casos el problema no es la casa, el problema es la gestión que se hace de y en ella. Me decía hace meses el alcalde de una población de poco más de 200 habitantes censados que la Diputación es para ellos el espacio de gestión entre municipios, el asidero al que agarrarse para mantener la prestación de determinados servicios de forma eficaz y eficiente y que su desaparición nos obligaría a la creación de entes similares con formato indefinido quizá incontrolables por su naturaleza. ¿Qué hacemos  con todos esos municipios que no cuentan ni con interventores propios, ni con tesoreros?.

En lo que la mayoría sí coincidimos es en que las Diputaciones responden a un modelo de Estado que hoy ha variado mucho respecto a cómo estaba configurado cuando se crearon las instituciones provinciales. La España de las autonomías mantuvo la estructura provincial acomodándola a una descentralización estatal que todavía hoy está en proceso de culminar, pero que requiere una reforma constitucional que tendremos que abordar en un futuro no muy lejano.

Y en esa modificación de la Carta Magna es donde debemos afrontar y configurar el futuro de nuestras instituciones. De momento las Diputaciones no solo existen, es que por mucho que hagamos declaraciones políticas sobre su inoperancia, ni podemos borrarlas del mapa ni van a dejar de existir.

Hace unos meses se realizó entre los alcaldes/as una encuesta sobre valoración, gestión y utilidad de la institución provincial. Los resultados fueron abrumadores en general pero con el resultado de ciertas preguntas concretas se pueden hacer una idea del resto. Ante la cuestión ¿hasta qué punto es importante para la gestión de su municipio el papel de la Diputación de Valencia como institución pública?, el 92.2% lo calificaron de importante o muy importante y solo un 1.8% de los primeros ediles, dijo que era “poco importante”; la valoración de la Diputación alcanzó un media de 8 (en un abanico de 0 a 10) y cuando se preguntó por si ¿considera que la Diputación de Valencia debería desaparecer?, el 73,9 % de los encuestados dio un “no” rotundo, frente al “sí” del 24,3 % y el 1,8 % del “no sabe no contesta”.

Pero al margen de estos datos,  a los que diariamente pisamos el territorio, aquellos que intentamos que nuestros municipios puedan desarrollar la acción política que sus vecinos y vecinas han elegido, no son solo los alcaldes y alcaldesas los que nos transmiten la intranquilidad por los rifirrafes entre responsables políticos. La conclusión siempre es la misma: a la ciudadanía le importa bien poco quién decide construir un colegio o un centro para menores; no quiere saber de que invirtamos de la mejor manera posible el dinero público (que viene de todos nosotr@s) y nos dejemos de tanto ruido.

Podemos seguir hablando de la desaparición de las Diputaciones, de su modernización, de su vaciado, de acometer reformas sobre las competencias impropias, …. Podemos seguir liando la madeja todo lo que queramos, pero si somos prácticos creo que responderíamos mejor a nuestros representados si nos dedicamos a desarrollar políticas tangibles y sin perder de vista nuestras pretensiones, esperamos a que se plantee la reforma constitucional para debatir sobre el futuro de las Diputaciones. Hoy por hoy siguen siendo el salvavidas de la acción política de los municipios y nuestra obligación es exprimir al máximo las oportunidades que tenemos para mejorar la vida de las personas.

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